El Papa Francisco y la economía política de la exclusión. Leonardo Boff

The Basilica of Aparecida

The Basilica of Aparecida (Photo credit: Wikipedia)

El Papa Francisco y la economía política de la exclusión

31/12/2013

   Quien escucha las distintas intervenciones del obispo de Roma y actual papa se siente en casa y en América Latina. El Papa no es eurocéntrico, ni romanocéntrico ni mucho menos vaticanocéntrico. Es un pastor “venido del fin del mundo”, de la periferia de la vieja cristiandad europea, decadente y agónica (sólo el 24% de los católicos son europeos); proviene de un cristianismo nuevo que se ha ido elaborando a lo largo de 500 años en América Latina con rostro propio y con su teología.

El Papa Francisco no ha conocido el capitalismo central y triunfante de Europa sino el capitalismo periférico, subalterno, agregado y socio menor del gran capitalismo mundial. El gran peligro nunca fue el marxismo sino el salvajismo del capitalismo no civilizado. Ese tipo de capitalismo ha generado en nuestro Continente latinoamericano una escandalosa acumulación de riqueza en unos pocos a costa de la exclusión y de la pobreza de las grandes mayorías del pueblo.

Su discurso es directo, explícito, sin metáforas encubridoras como suele ser el discurso oficial y equilibrista del Vaticano, que pone el acento más en la seguridad y en la equidistancia que en la verdad y en la claridad de la propia posición.

La posición del Papa Francisco a partir de los pobres excluidos es clarísima: «no deben quedar dudas ni caben explicaciones que debiliten» esta opción ya «que existe un vínculo inseparable entre nuestra fe y los pobres» (Exhortación nº 48). De forma contundente denuncia: «el sistema social y económico es injusto en su raíz» (nº 59); «debemos decir no a una economía de exclusión y de desigualdad social; esta economía mata… el ser humano es considerado, en sí mismo, como un bien de consumo que se puede usar y después tirar; los excluidos no son “explotados” sino desechos, “sobrantes”» (nº 53).

Además no se puede negar que este tipo formulaciones del Papa Francisco recuerdan el magisterio de los obispos latinoamericanos en Medellín (1968), Puebla (1979) y Aparecida (2005) así como el pensamiento común de la teología de la liberación. Ésta tiene como eje central la opción por los pobres, contra su pobreza y en favor de la vida y de la justicia social. 

Hay una afinidad perceptible con el economista hungaro-norteamericano Karl Polanyi, que  fue el primero en denunciar la “Gran Transformación” (título del libro de 1944) al hacer de la economía de mercado una sociedad de mercado. En esta todo pasa a ser una mercancía, las cosas más sagradas y las más vitales. Todo es objeto de lucro. Tal sociedad se rige estrictamente por la competición, por la prevalencia del individualismo y por la ausencia de cualquier límite. Por eso no respeta nada y crea un caldo de violencia, intrínseca a la forma como ella se construye y funciona, duramente criticada por el Papa Francisco (nº 53). Ella ha tenido un efecto atroz. En palabras del Papa: «ha desarrollado una globalización de la indiferencia. Casi sin advertirlo nos volvemos incapaces de compadecernos ante los clamores de los otros, ya no lloramos ante el drama de los demás ni nos interesa cuidarlos» (nº 54). En una palabra, vivimos tiempos de gran inhumanidad, impiedad y crueldad. ¿Podemos considerarnos todavía civilizados, si por civilización entendemos la humanización del ser humano? En verdad, estamos regresando a formas primitivas de barbarie.

Conclusión final que el Pontífice deriva de esta inversión: «ya no podemos confiar en las fuerzas ciegas y en la mano invisible del mercado» (nº 204). De este modo ataca el corazón ideológico y falso del sistema imperante.

¿Y dónde va a buscar alternativas? No va a beber de la esperada Doctrina Social de la Iglesia. La respeta pero observa: «no podemos evitar ser concretos para que los grandes principios sociales no se queden en meras generalidades que no interpelan a nadie» (nº 182). Va a buscar en la práctica humanitaria del Jesús histórico. No entiende su mensaje como una regla petrificada en el pasado sino como inspiración abierta para la historia  siempre cambiante. Jesús es alguien que nos enseña a vivir y a convivir, a «reconocer al otro, a curar las heridas, a construir puentes, a estrechar lazos y a ayudarnos “mutuamente a llevar las cargas”» (nº 67). Personalizando su propósito dice: «a mi me interesa procurar que aquellos que están esclavizados por una mentalidad individualista, indiferente y egoísta, puedan liberarse de esas cadenas indignas y alcancen un estilo de vida y de pensamiento más humano, más noble, más fecundo, que dignifique su paso por esta tierra» (nº 208). Esta intención se asemeja a la de la Carta de la Tierra que apunta valores y principios para una nueva humanidad que habita con cuidado y con amor el planeta Tierra.

El sueño del  Papa Francisco actualiza el sueño del Jesús histórico, el del Reino de justicia, de amor y de paz. No estaba en la intención de Jesús crear una nueva religión ya que habia muchas en su tiempo, sino personas que aman, se solidarizan, muestran misericordia, sienten a todos como hermanos y hermanas porque todos son hijos e hijas en el Hijo.

Este tipo de cristianismo no tiene nada de proselitismo pero conquista por la atracción de su belleza y profunda humanidad. Tales valores son los que puden dar un otro rumbo a la sociedad mundial.

Traducción de Mª José Gavito Milano

El Woody Allen romano: obsesiones relajadas, por Norma Vázquez Alanís. Aniversarios y homenajes en el ámbito cultural, por José Antonio Aspiros Villagómez

Cover of "Fellini's Roma"

Cover of Fellini’s Roma

English: Woody Allen in concert in New York City.

English: Woody Allen in concert in New York City. (Photo credit: Wikipedia)

(Proporcionados por Salvador Flores LLamas)

Constelación Andrómeda

 

El Woody Allen romano: obsesiones relajadas

 

Por Norma L. Vázquez Alanís

 

Jocosa e inteligente crítica de los convencionalismos sociales y el establishment hace el septuagenario cineasta y escritor estadounidense Woody Allen en el filme ‘De Roma con amor’, correspondiente a su etapa europea, en el que sus obsesiones: la infidelidad, la fragilidad del amor, el temor a la vejez y a la muerte, se manifiestan más relajadas, pero no por ello con menos observaciones filosóficas y acotaciones sobre el arte y la fama.

 

Con su especial enfoque tragicómico al retratar al ser humano, Allen presenta en esta película cuatro historias, tres de ellas de amor -muy a su estilo reflexivo, pero lleno de espíritu lúdico-, cuyo único enlace es que transcurren en la ciudad eterna, Roma, y casi de entrada, el cineasta neoyorkino presenta un primerísimo plano de la emblemática Fuente de Trevi, que inevitablemente remite al cinéfilo a aquella escena memorable en que una erótica Anita Ekberg se contonea mojándose bajo los chorros de agua de ese símbolo de la capital italiana, en una de las obras maestras de Federico Fellini: ‘La dolce vita’ (1960).

 

Al situar el desarrollo de la acción en la urbe cuna del neorrealismo (Vittorio De Sica, Roberto Rosellini, Luchino Visconti, Michelangelo Anonioni, Giuseppe De Santis y Fellini, entre otros), Allen se permite -y también a los espectadores- evocar a aquella Sofía Loren de los 60 que mostraba sin recato su natural voluptuosidad (luego vinieron el refinamiento y la elegancia con Carlo Ponti), recreada -guardando las proporciones- en el personaje de Penélope Cruz, cuya sensualidad vulgar y desparpajo provocan resquemor en la sociedad burguesa italiana, tan conservadora y puritana en pleno siglo XXI.

 

Y teniendo a Roma como protagonista de su película, Allen no podía dejar de lado a los paparazzi, esos incansables cazadores de imágenes indiscretas y exclusivas, que precisamente Fellini creó para la posteridad en uno de sus personajes de ‘La dolce vita’: el desaliñado fotógrafo Paparazzo (interpretado por Walter Santesso), acosador sin piedad de los famosos, incapaces de escapar a su cámara y compañero del periodista encarnado por Marcello Mastroianni. Desde entonces se utiliza el término “paparazzi” para los fotógrafos de la prensa llamada “del corazón”.

 

Así, en uno de los segmentos, el veterano cineasta pone de manifiesto la mediocridad -y el poder- de los medios de comunicación masiva, especialmente la televisión, las insulsas preguntas de los periodistas y conductores a las celebridades -la mayoría de las veces llevadas a la fama por ellos mismos-, así como la manera en que distorsionan sus declaraciones al presentar un absurdo circo mediático que se crea en torno al empleado anodino que personifica Roberto Benigni, a quien no dejan en paz ni para ir al baño, pero que cuando ya no es objeto de persecución de los paparazzi y los entrevistadores, extraña la fama y pierde la razón.

 

En ‘De Roma con amor’, Allen hace una fusión entre uno de sus recursos habituales, que maneja con maestría, y un clásico de la literatura italiana para niños: ‘Las aventuras de Pinocho’ (1882) de Carlo Collodi, en el episodio en que el actor Alec Baldwin se convierte en la “conciencia” de su joven alter ego interpretado por Jesse Eisenberg, para evitar que cometa un error cayendo en los brazos de una actriz neurótica y vacía -a la que da vida Ellen Page- quien es la mejor amiga de su novia; aquí el cineasta recuerda al Pepe Grillo que intentaba llevar a Pinocho por el camino correcto. Además, los conceptos que maneja Baldwin son cien por ciento woodyallenescos.

 

Aunque en la historia de los provincianos recién casados que llegan a la capital italiana en busca de un mejor futuro se vislumbra un tributo a Fellini (‘El Jeque Blanco’,1952), Milly, la esposa, actuada por Alessandra Mastronari, recuerda a aquella inocente y candorosa Mia Farrow como Cecilia, el personaje central de ‘La Rosa Púrpura de El Cairo’ (1985) -del propio Allen-, pero más mundana, pues le excita tener sexo con un delincuente desconocido, ya que se frustra su encuentro amoroso con su actor favorito, al que conoce fortuitamente cuando se pierde en Roma buscando una peluquería.

 

En el clímax de su irreverencia, Allen, en su papel de Jerry, un promotor de espectáculos recién jubilado que viaja a Roma con su esposa Phyllis (Judy Davis) a conocer al prometido de su hija, concibe una surrealista puesta en escena de dos grandes óperas clásicas para aprovechar la fantástica voz de su futuro consuegro, interpretado por Fabio Armiliato, quien solo puede cantar en la ducha.

 

En una sociedad que más parece una feria de vanidades, el ingenio del empresario neoyorkino traslada a un escenario fastuoso el habitáculo en el que el tenor puede demostrar su genialidad, pues está seguro que siempre habrá un público ingenuamente extasiado dispuesto a aplaudir cualquier novedad llamativa.

 

A sus 76 años, con más de 40 largometrajes en su haber como director y un buen puñado de premios, Allen se sostiene como uno de los últimos cineastas de la vieja escuela, que nada tiene que ver con la industria cinematográfica global ocupada solamente en producir filmes llenos de efectos especiales, pero sin argumento, o segundas, terceras y cuartas partes de películas de vampiros, superhéroes y Rambos, aunque también haciendo nuevas versiones de los clásicos.

 

¿Qué haríamos los cinéfilos de corazón sin Woody Allen?

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Textos en libertad

 

Aniversarios y homenajes en el ámbito cultural

 

Por José Antonio Aspiros Villagómez

 

 

Para mi amiga Ana Lilia Arias en el vigésimo aniversario de la Asociación Mexicana de Profesionales de la Edición, AC, que ella fundó y dirige.

 

 

Aun cuando falta hacer públicas las partidas destinadas para ello en el presupuesto de 2014, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) organizará en dicho año varios actos en los centenarios natales de los escritores José Revueltas, Efraín Huerta y Octavio Paz, si bien habrá trato preferente para uno de ellos, lo mismo en esos homenajes que en la reedición de algunas obras de los tres por parte del Fondo de Cultura Económica (FCE).

 

El Conaculta cumplió 25 años el 7 de diciembre -nació en la primera semana del sexenio salinista en relevo de la Subsecretaría de Cultura de la SEP- y su primer presidente fue Víctor Flores Olea, mientras que el actual, Rafael Tovar y de Teresa, ocupó el cargo también entre 1992 y 2000. Sari Bermúdez, Sergio Vela y Consuelo Sáizar fueron presidentes en los gobiernos panistas.

 

Según sus documentos, este órgano desconcentrado de la Secretaría de Educación Pública tiene la tarea de “coordinar todas las unidades administrativas e instituciones públicas cuya labor es promover y difundir la cultura y las artes”.

 

Y así seguirá porque su visión se limita a “convertirse en la institución de mayor relevancia nacional en los sectores cultural y artístico”, mientras que de haber ganado las elecciones presidenciales de 2012 otro candidato (a quien deseamos el debido restablecimiento), se hubiera convertido en la Secretaría de Cultura, encabezada por la ganadora del Premio Cervantes 2013, Elena Poniatowska.

 

De acuerdo con la Secretaría de Hacienda, en 2014 habrá más dinero del erario para la cultura: 18 mil 347 millones de pesos, que representan una mejora del 3.4% sobre la partida para este año.

 

Un porcentaje que podría quedar nulificado por la inflación y, además, según la diputada panista Margarita Saldaña, presidenta de la Comisión de Cultura de la Cámara baja, serán menores las asignaciones para INBA, Imcine, Radio Educación, la Cineteca Nacional y Canal 22, porque la mejora aprobada fue para las partidas etiquetadas, entre ellas las del llamado Ramo 23 para proyectos de infraestructura cultural en todo el país.

 

El presupuesto del área se destina a organismos y programas del sector público tales como institutos (Antropología, Bellas Artes, Cinematografía), centros, museos, escuelas de formación artística, publicaciones, librerías, bibliotecas, fonoteca, festivales, sitios y monumentos patrimoniales, investigación, restauración, becas, fondos, medios de difusión electrónicos y hasta el centro de cultura digital de la tan polémica y costosa Estela de Luz.

 

En estos presupuestos nunca han sido tomados en cuenta los correctores de estilo, quienes después de los autores tienen la principal función cultural dentro de la cadena de producción editorial. Y tampoco el Museo del Escritor, creado por el novelista René Avilés Fabila y que actualmente carece de sede, por lo que el material está guardado.

 

Y aun cuando se administra de manera independiente del Conaculta, es importante mencionar que también en 2014 el FCE celebrará sus 80 años de existencia y además rendirá homenaje a ese veterano del mundo editorial que es Martí Soler Viñas -de origen catalán y condecorado en 2006 con el Águila Azteca- , quien también llegará a las ocho décadas de vida.

 

Por cierto, Soler -cuyo nombre lleva el premio que se entrega durante el Día Internacional de la Corrección de Estilo a la mejor anécdota de esa actividad en México- tiene a su cargo desde marzo pasado la coordinación de las actividades editoriales del Fondo, relativas a los aniversarios de los tres escritores citados y el del propio FCE.

 

El centenario natal de Octavio Paz será 31 de marzo, el de Efraín Huerta el 18 de junio y el de José Revueltas el 20 de noviembre, mientras que el 3 de septiembre serán celebrados los 80 años del Fondo.

 

Al margen.- El 21 de diciembre se cumplirán 60 años de la muerte de Fernando Ramírez de Aguilar, el periodista oaxaqueño, reportero de El Universal, que se hizo famoso con el seudónimo de Jacobo Dalevuelta. Una tarjeta suya de presentación, firmada el 15 de septiembre de 1921, fue encontrada en 2011 en la urna con los restos de Miguel Hidalgo y otros protagonistas de la guerra de Independencia, que estaban siendo analizados para autentificarlos.

 

 

Preguntas (de Darío Melo) y Respuestas (de Leonardo Boff) en torno a Francisco

Leonardo Boff: ‘Francisco ha ganado credibilidad al imponer su proyecto de reforma’
Darío Menor
Adital

27 oct 2013

«Con sus decisiones ha despaganizado la figura del Papa», considera uno de los principales baluartes de la Teología de la Liberación

El brasileño Leonardo Boff lleva tres décadas siendo el teólogo de referencia de los católicos más aperturistas, junto al suizo Hans Küng. Ex religioso franciscano, sus escritos sobre la teología de la liberación provocaron que la Congregación para la Doctrina de la Fe, entonces dirigida por el cardenal Joseph Ratzinger, le tuviera en el punto de mira durante años. Al final los choques con Roma impulsaron a Boff a dejar la orden y a secularizarse. Hoy está casado con la activista Marcia Monteiro de Miranda y tiene varios hijos adoptados. Alaba «la sabiduría» de Francisco, con quien habla a través de un intermediario, por haber empezado la reforma de la Iglesia cambiando el papel del papado y le propone la convocatoria de una «asamblea universal de todas las Iglesias» para actualizar el mensaje cristiano al mundo de hoy. Además, le pide que «haga una purga» del supuesto «lobby gay» que hay en el Vaticano.

–¿Cómo interpreta las reuniones entre el Papa y los ocho miembros del «consejo de cardenales»?

–El significado mayor es que el Papa ya no quiere dirigir la Iglesia de forma monárquica como lo prevé el derecho canónico. Como dijo en su primera aparición en público tras su elección, quiere presidir en la caridad. Con los ocho cardenales invitados a aconsejarle en la reforma de la Curia quiere inaugurar una forma colegiada de dirección de la Iglesia. Seguramente más tarde en este colegio serán incorporados representantes de las conferencias continentales. Y, según presumen algunos, también mujeres, ya que el Papa Francisco dijo que hay que dar más lugar a las mujeres en la dirección de la Iglesia universal.

–¿Considera el «consejo de cardenales» el marco adecuado para debatir las reformas o sería mejor convocar un nuevo concilio?

–A mi juicio es tiempo de convocar una asamblea universal de todas las Iglesias incluyendo representantes de otras religiones para definir los caminos de la Iglesia en el siglo XXI. Hasta ahora todas las Iglesias son occidentales y el mundo ya es globalizado. Y el cristianismo como un todo no ha sabido encontrar su lugar en esta nueva fase de la historia de la humanidad y de la Tierra. Circula por toda América Latina una carta abierta al Papa para ser suscrita pidiendo una Asamblea Mundial para salvar la vida en la Tierra, que está amenazada.

–¿Cuál es en su opinión la reforma más urgente que debería realizar Francisco?

–La reforma más urgente es de orden moral. Hay que hacer una «purga», como el propio Papa dijo, del «lobby» homosexual que hay en la Curia. Después tiene que introducir total transparencia en los negocios del Instituto para las Obras de Religión, el IOR, la banca vaticana, porque era instrumento de lavado de millones de euros por personas que nada tienen que ver con la Iglesia, posiblemente dinero sucio de grupos mafiosos o de millonarios italianos que no querían someterse a las medidas de austeridad del Gobierno Monti. Pienso además que la Curia debe ser drásticamente reducida para ser ágil y estar al servicio no de sí misma o sólo del Papa, sino de todas las Iglesias particulares y continentales. A mi juicio, mejor sería utilizar los medios modernos de comunicación (redes, skype, mesas de comunicación on-line) y descentralizar la Curia romana. ¿Por qué el dicasterio de las misiones no puede estar en alguna ciudad de Asia? ¿Y el del diálogo con las culturas en África? ¿El de los derechos humanos en América Latina? ¿O el de la unidad de los cristianos en Ginebra, cerca del Consejo Mundial de Iglesias? Esto daría un tono mundial a la Iglesia y evitaría la creación de antipoderes dentro de la Curia, que resisten al Papa. Sería además técnicamente posible.

–¿Cómo está contribuyendo Francisco a que se vuelva a despertar el interés por la fe cristiana de muchas personas alejadas?

–El Papa Francisco fue muy sabio al empezar con la reforma del papado antes de la reforma de la Curia. Así gana credibilidad y fuerza moral para imponer su proyecto de transformación institucional. Él ha dicho muchas veces que primero viene el amor, la misericordia, la ternura hacia las personas y después las doctrinas. Primero la acogida y el diálogo y después la disciplina. Lo importante para él es la persona humana tomada en su dignidad. Y confiesa que la Iglesia no debe entrometerse demasiado en la vida privada de las personas, pues hay un límite insuperable que es la conciencia. Él sigue más la tradición de Jesús que está hecha de amor incondicional, misericordia, y apertura al Padre que a los dictámenes de la religión romano-católica con sus dogmas, ritos y cánones. Esta actitud de sencillez, humildad, sinceridad y despojo de todos los títulos y aparatos de poder ha conquistado a todos y ayuda a rehacer la credibilidad perdida de la institución eclesiástica. Paradigmática es la primera página del Anuario Pontificio. En la primera página se solía poner el nombre del Papa con todos los títulos: Sumo Pontífice, Papa, Patriarca de Occidente… Ahora en la nueva edición aparece solamente «Francisco: obispo de Roma».

–Empiezan a escucharse críticas de algunos sectores dentro de la Iglesia. ¿Las entiende? ¿Cree que existe el peligro de que algunos abandonen la Iglesia?

–El Papa Francisco ha despaganizado la figura del Papa. Prácticamente todos los títulos, desde Papa, Sumo Pontífice y otros estaban reservados a los emperadores paganos romanos. Los símbolos, como la púrpura, el mantillo de los hombros, el cetro, los palacios y los hábitos son todos palaciegos. El Papa ha abandonado todo esto y se presenta como obispo de Roma, hermano universal e invita a todos a «la revolución de la ternura» y a que los pastores tengan «olor a oveja». Esto puede escandalizar a algunos que son tradicionalistas y que no conocen la verdadera tradición de Jesús, que era pobre y no tenía biblioteca, ni de Pedro, que no poseía un banco. Ambos vivían conforme a los hábitos de la gente del pueblo de su tiempo.

–¿Por qué cree que se está rehabilitando la teología de la liberación?

–El Papa Francisco viene de América Latina, donde está en vigor este tipo de teología. Él fue un adepto fervoroso de la vertiente argentina de la teología de la liberación, que se llama teología del pueblo o teología de la cultura popular, iniciada por Lucio Gera y Juan Carlos Scannone. Este último dio una entrevista diciendo que fue profesor de Bergoglio y que testimonia su entusiasmo por este tipo de teología que confiere centralidad a los pobres. No sin razón su primera palabra fue: «Quisiera una Iglesia pobre y para los pobres». Él vive pobremente fuera del palacio pontificio, en la casa de huéspedes Santa Marta y come junto a todos los demás. Lo primero que hizo como Papa fue visitar a los pobres refugiados de la isla de Lampedusa, después el centro jesuítico en Roma para inmigrantes y más tarde a los desempleados en Córcega. Viene de un caldo cultural teológico latinoamericano en el que la Conferencia Episcopal Latinoamericana (CELAM) ha hecho oficialmente una opción preferencial por los pobres, contra su pobreza y a favor de su vida y justicia. Eso no se entiende con los ojos de las Iglesias centrales de la vieja cristiandad europea. Hablan de pobres pero nunca tienen un contacto directo con ellos, de piel a piel. Pero eso lo vive y testimonia el Papa Francisco.

«Hablo con el Papa a través de un amigo»

«Al recibir en audiencia particular a uno de los fundadores de la teología de la liberación, el peruano Gustavo Gutiérrez, el Papa quiso dar una señal de que ahora los tiempos no son de sospechas, persecuciones y condenas, sino de comprensión y apoyo a una teología que tiene tantas características evangélicas y que ha ayudado a la dignificación de miles de pobres y oprimidos en el Continente y que han pagado con difamaciones, persecuciones, torturas y muertes el compromiso desde la fe con los últimos e invisibles de nuestra sociedad», asegura Boff. Pero él, ¿mantiene comunicación con Francisco?-La tengo, pero indirecta mediante una persona que es amiga común. Es una comunicación con muchas promesas de cooperación.

El Papa Francisco y la despaganización del papado. Leonardo Boff

Fotografía de Gustavo Gutiérrez Merino, teólog...

Fotografía de Gustavo Gutiérrez Merino, teólogo peruano de reconocimiento mundial (Photo credit: Wikipedia)

El Papa Francisco y la despaganización del papado

13/10/2013

           
Las innovaciones en los hábitos y en los discursos del Papa Francisco han abierto una crisis aguda en los grupos conservadores que seguían estrictamente las directrices de los dos Papas anteriores. Para ellos ha sido especialmente intolerable que el papa haya recibido en audiencia privada a uno de los iniciadores de la “condenada” Teología de la Liberación, el peruano Gustavo Gutiérrez. Se sienten aturdidos ante la sinceridad del Papa, al reconocer errores en la Iglesia y en sí mismo, al denunciar el carrerismo de muchos prelados, calificando de “lepra” el espíritu cortesano y adulador de muchos en el poder, los llamados “vaticanocéntricos”.
Lo que realmente les escandaliza es la inversión que hace, al poner en primer lugar el amor, la misericordia, la ternura, el diálogo con la modernidad y la tolerancia con las personas, incluso con las divorciadas y homoafectivas, y solo después las doctrinas y disciplinas eclesiásticas.

Ya se oyen voces de los más radicales que, con referencia al Papa Francisco, hacen para “el bien de la Iglesia” (la suya evidentemente) este tipo de peticiones: “Señor, ilumínalo o elimínalo”. La eliminación de los papas problemáticos no es una rareza en la larga historia del papado. Hubo un momento entre los años 900 y 1000, la llamada «era pornocrática» del papado en la que casi todos los papas fueron envenenados o asesinados.

Las críticas más frecuentes que circulan en las redes sociales de estos grupos, históricamente anticuados y atrasados, van en la línea de acusar al actual Papa de estar desacralizando la figura del papado, banalizándola y secularizándola. En realidad ellos ignoran  la historia y son rehenes de una tradición secular que tiene poco que ver con el Jesús histórico y el estilo de vida de los Apóstoles. Pero tiene mucho que ver con la lenta paganización y mundanización de la Iglesia al seguir el estilo de los emperadores romanos paganos y de los príncipes renacentistas.

Las puertas para este proceso fueron abiertas ya en tiempos de Constantino (274-337), que reconoció el cristianismo, y de Teodosio (379-395) que lo oficializó como la única religión reconocida en el Imperio. Con el declive del Imperio Romano se crearon las condiciones para que los obispos, especialmente el de Roma, asumiesen funciones de orden y de mando. Esto ocurrió de manera clara con el Papa León I, el Grande (440-461), que fue proclamado alcalde de Roma para enfrentar la invasión de los hunos. Fue el primero en usar el nombre de Papa, antes reservado sólo a los emperadores. Adquirió más fuerza con el Papa Gregorio el Grande (540-604), también proclamado alcalde de Roma, y culminó más tarde con Gregorio VII (1021-1085) que se arrogó el poder absoluto en el campo religioso y secular: tal vez la mayor revolución en el campo de la eclesiología.

Los actuales hábitos imperiales, principescos y cortesanos de toda la jerarquía, de los cardenales y de los papas se remiten especialmente al Papa Silvestre (334-335). En su tiempo se creó una falsificación, la llamada “Donación de Constantino”, con el objetivo de fortalecer el poder papal. Según ella, el emperador Constantino habría dado al Papa la ciudad de Roma y la parte occidental del Imperio. Se incluía en esa “donación”, desenmascarada como falsa por el cardenal Nicolás de Cusa (1400-1460), el uso de las insignias y la indumentaria imperiales (púrpura), el título de Papa, de sumo pontífice, el báculo de oro, la capa sobre los hombros revestida de armiño y orlada de seda, la formación de la corte y la residencia en palacios.

Este es el origen de los actuales hábitos principescos y cortesanos de la Curia romana, de la jerarquía de la iglesia y de los cardenales, especialmente del Papa. Su fuente es el estilo de los emperadores romanos paganos y la suntuosidad de los príncipes renacentistas. Ha habido, pues, un proceso de paganización y de mundanización de la Iglesia como institución jerárquica.

Los que quieren volver a la tradición ritual que rodea la figura del Papa ni siquiera son conscientes de este proceso históricamente cerrado y condicionado. Insisten en algo que no pasa por la criba de los valores evangélicos y de la práctica de Jesús.

¿Qué está haciendo el Papa Francisco? Está restituyendo al papado y a toda la jerarquía su verdadero estilo, ligado a la Tradición de Jesús y de los Apóstoles. En realidad, está volviendo a la tradición más antigua, operando una despaganización del papado dentro del espíritu del Evangelio, vivido tan emblemáticamente por su inspirador san Francisco de Asís.

La tradición auténtica está del lado del Papa Francisco. Los tradicionalistas son solo tradicionalistas y no tradicionales. Están más cerca del palacio de Herodes y de César Augusto que de la gruta de Belén y de la casa del artesano de Nazaret. En contra de ellos está la práctica de Jesús y sus dichos sobre el despojamiento, la sencillez, la humildad y el poder como servicio y no como lo hacen los príncipes paganos y los grandes que subyugan y dominan: “no debe ser así entre vosotros, que el mayor sea como el menor, y el que manda como el que sirve” (Lc 22,26). El Papa Francisco habla a partir de esta tradición original, y la más antigua, la de Jesús y los Apóstoles. Por eso desestabiliza a los conservadores que se han quedado sin argumentos.

Vease mi libro La Iglesia se hizo pueblo, Paulinas 1987.

Desafío para el Papa Fracisco: asumir plenamente la humanidad. Leonardo Boff

Desafío para el Papa Francisco: 

asumir plenamente la humanidad

2013-09-15

Como comentario a una entrevista que me hizo el periódico La Libre Belgique del 9 de agosto de 2013, un lector (Marc Den Doncker) escribió estas palabras que considero dignas de reflexión. Dice:

«El buen Papa Francisco anuncia francamente una revolución en la línea de una humanidad más plenamente humana. El papa dice: “si alguien es un homosexual que busca a Dios y es de buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarlo?” Bien pudiera ser que, dentro de algún tiempo, el Papa exprese amor por una persona homosexual que no busca Dios, pero que a pesar de todo es alguien de buena voluntad. Ahí estaría la influencia del Espíritu Santo». Continúa el comentario:

«Bien pudiera ser que, dentro de algún tiempo, el buen papa Francisco reflexione muy en lo profundo de su corazón sobre una pobre mujer que se perfora con una aguja de tejer para librarse de un feto, fruto de un violento estupro, porque ya no aguanta más y se encuentra desesperada. Y que el buen Dios, en su infinita bondad, haga entender al buen Papa Francisco la situación desesperada de esta mujer que llena de profunda consternación desea morir. Bien pudiera ser que el buen Dios, en su infinita bondad, comprenda que una pareja que decidió no tener más hijos, utilice tranquilamente la píldora. Y bien pudiera ser que el buen Dios, en su infinita bondad, suscite la conciencia de que la mujer goza de la misma igualdad y dignidad que el hombre».

«Me desgarro interiormente –prosigue el comentarista– con la gran cantidad de hechos trágicos que la vida nos da día tras día. Ante esta situación real, ¿estaría la Iglesia dispuesta a deslizarse por un camino resbaladizo pero en dirección a una humanidad plenamente asumida, animada por el Espíritu Santo, que no tiene nada que ver con principios y casuismos que acaban matando el amor al prójimo? Es preciso esperar». Sí, llenos de confianza, esperaremos.

De hecho, no pocas autoridades eclesiásticas, papas, cardenales, obispos y curas, con dignas excepciones, perdieron, en gran parte, el buen sentido de las cosas; olvidaron la imagen del Dios de Jesucristo, al que llama dulcemente Abba, Papá querido. Ese Dios suyo mostró dimensiones maternas al esperar al hijo extraviado por el vicio, al buscar la moneda perdida en la casa, al recogernos a nosotros bajo sus alas como hace la gallina con sus polluelos. Su característica principal es el amor incondicional y la misericordia sin límites pues “Él ama a los ingratos y malos y da el sol y la lluvia a buenos y a malos” como nos dicen los Evangelios.

Para Jesús no basta ser bueno como el hijo fiel que se quedó en la casa del padre y seguía todas sus órdenes. Tenemos que ser compasivos y misericordiosos con los que caen y quedan perdidos en el camino. Al único que Jesús criticó fue a ese hijo bueno pero que no tuvo compasión y no supo acoger a su hermano que estaba perdido y volvía a casa.

El Papa Francisco al hablar a los obispos en Río les encargó la «revolución de la ternura» y una capacidad ilimitada de comprensión y de misericordia.

Seguramente muchos obispos y curas deben estar en crisis, urgidos a enfrentarse a este desafío de la «revolución de la ternura». Deben cambiar radicalmente el estilo de relación con el pueblo: nada burocrático y frío, sino cálido, sencillo y lleno de cariño.

Este era el estilo del buen Papa Juan XXIII. Hay un hecho curioso que revela cómo entendía las doctrinas y la importancia del encuentro cordial con las personas. ¿Qué cuenta más: el amor o la ley? ¿Los dogmas o el encuentro cordial?

Giuseppe Alberigo, laico de Bologna, extremadamente erudito y comprometido con la renovación de la Iglesia, fue uno de los mayores historiadores del Concilio Vaticano II (1962-1965). Su gran mérito fue haber publicado una edición crítica de todos los textos doctrinales oficiales de los papas y de los concilios desde los principios del cristianismo: el Conciliorum Oecumenicorum Decreta. Él mismo cuenta en Il Corriere di Bologna que el 16 de junio de 1967 viajó orgulloso a Roma para hacer entrega solemne al Papa Juan XXIII del voluminoso libro. Juan XXIII gentilmente tomó el libro en sus manos, se sentó en la silla pontificia, colocó tranquilamente el volumen en el suelo y puso ambos pies encima del famoso volumen.

Es un acto simbólico. Está bien que haya doctrinas y dogmas, pero las doctrinas y dogmas existen para sostener la fe, no para inhibirla, ni para servir de instrumento de encuadramiento de todos o de condenación.

Bien pudiera ser que el buen Papa Francisco se animara a hacer algo parecido especialmente con referencia al Derecho Canónico y a otros textos oficiales del Magisterio que poco ayudan a los fieles. En primer lugar viene la fe, el amor, el encuentro espiritual y la creación de esperanza para una humanidad aturdida por tantas decepciones y crisis. Después, las doctrinas. Ojalá el buen Dios, en su infinita bondad, conduzca al Papa Francisco en esta dirección con valentía y sencillez.

(Para quienes quieran verificar la información anterior, dejo aquí la fuente de referencia: Alberto Melloni, Introducción al libro Ángelo Giuseppe Roncalli, Giovanni XXIII. Agende del Pontefice 1958-1963, Instituto per le Scienze Religiose, Bologna 1978, p. VII).

Desafío para el Papa Francisco: asumir plenamente la humanidad. Leonardo Boff

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English: San Juan de Dios Roman Catholic church, 14 Avenida, Zona 1, Quetzaltenango, Guatemala. Español: La iglesia católica San Juan de Dios, 14 Avenida, Zona 1, Quetzaltenango, Guatemala. (Photo credit: Wikipedia)

Desafío para el Papa Francisco: asumir plenamente la humanidad

09/09/2013

Como comentario a una entrevista que me hizo el periódico La Libre Belgique del 9 de agosto de 2013, un lector (Marc Den Doncker) escribió estas palabras que considero dignas de reflexión. Dice:         «El buen Papa Francisco anuncia francamente una revolución en la línea de una humanidad más plenamente humana. El papa dice: “si alguien es un homosexual que busca a Dios y es de buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarlo?” Bien pudiera ser que, dentro de algún tiempo, el Papa exprese amor por una persona homosexual que no busca Dios, pero que a pesar de todo es alguien de buena voluntad. Ahí estaría la influencia del Espíritu Santo». Continúa el comentario:

«Bien pudiera ser que, dentro de algún tiempo, el buen papa Francisco reflexione muy en lo profundo de su corazón sobre una pobre mujer que se perfora con una aguja de tejer para librarse de un feto, fruto de un violento estupro, porque ya no aguanta más y se encuentra desesperada. Y que el buen Dios, en su infinita bondad, haga entender al buen Papa Francisco la situación desesperada de esta mujer que llena de profunda consternación desea morir. Bien pudiera ser que el buen Dios, en su infinita bondad, comprenda que una pareja que decidió no tener más hijos, utilice tranquilamente la píldora. Y bien pudiera ser que el buen Dios, en su infinita bondad, suscite la conciencia de que la mujer goza de la misma igualdad y dignidad que el hombre».

«Me desgarro interiormente –prosigue el comentarista– con la gran abundancia de hechos trágicos que la vida nos da día tras día. Ante esta situación real, ¿estaría la Iglesia dispuesta a deslizarse por un camino resbaladizo pero en dirección a una humanidad plenamente asumida, animada por el Espíritu Santo, que no tiene nada que ver con principios y casuismos que acaban matando el amor al prójimo? Es preciso esperar». Sí, llenos de confianza, esperaremos.

De hecho, no pocas autoridades eclesiásticas, papas, cardenales, obispos y curas, con dignas excepciones, perdieron, en gran parte, el buen sentido de las cosas; olvidaron la imagen del Dios de Jesucristo, al que llama dulcemente Abba, Papá querido. Ese Dios suyo mostró dimensiones maternas al esperar al hijo extraviado por el vicio, al buscar la moneda perdida en la casa, al recogernos a nosotros bajo sus alas como hace la gallina con sus polluelos. Su característica principal es el amor incondicional y la misericordia sin límites pues “Él ama a los ingratos y malos y da el sol y la lluvia a buenos y a malos” como nos dicen los Evangelios.

Para Jesús no basta ser bueno como el hijo fiel que se quedó en la casa del padre y seguía todas sus órdenes. Tenemos que ser compasivos y misericordiosos con los que caen y quedan perdidos en el camino. Al único que Jesús criticó fue a ese hijo bueno pero que no tuvo compasión y no supo acoger a su hermano que estaba perdido y volvía a casa.

El Papa Francisco al hablar a los obispos en Río les encargó la «revolución de la ternura» y una capacidad ilimitada de comprensión y de misericordia.

Seguramente muchos obispos y curas deben estar en crisis, urgidos a enfrentarse a este desafío de la «revolución de la ternura». Deben cambiar radicalmente el estilo de relación con el pueblo: nada burocrático y frío, sino cálido, sencillo y lleno de cariño.

Este era el estilo del buen Papa Juan XXIII. Hay un hecho curioso que revela como entendía las doctrinas y la importancia del encuentro cordial con las personas. ¿Qué cuenta más: el amor o la ley? ¿Los dogmas o el encuentro cordial?

Giuseppe Alberigo, laico de Bologna, extremadamente erudito y comprometido con la renovación de la Iglesia, fue uno de los mayores historiadores del Concilio Vaticano II (1962-1965). Su gran mérito fue haber publicado una edición crítica de todos los textos doctrinales oficiales de los papas y de los concilios desde los principios del cristianismo: el Conciliorum Oecumenicorum Decreta. Él mismo cuenta en Il Corriere di Bologna que el 16 de junio de 1967 viajó orgulloso a Roma para hacer entrega solemne al Papa Juan XXIII del voluminoso libro. Juan XXIII gentilmente tomó el libro en sus manos, se sentó en su silla pontificia, colocó tranquilamente el volumen en el suelo y puso ambos pies encima del famoso volumen.

Es un acto simbólico. Está bien que haya doctrinas y dogmas, pero las doctrinas y dogmas existen para sostener la fe, no para inhibirla, ni para servir de instrumento de encuadramiento de todos o de condenación.

Bien pudiera ser que el buen Papa Francisco se animara a hacer algo parecido especialmente con referencia al Derecho Canónico y a otros textos oficiales del Magisterio que poco ayudan a los fieles. En primer lugar viene la fe, el amor, el encuentro espiritual y la creación de esperanza para una humanidad aturdida por tantas decepciones y crisis. Después, las doctrinas. Ojalá el buen Dios, en su infinita bondad, conduzca al Papa Francisco en esta dirección con valentía y sencillez.

(Para quienes quieran verificar la información anterior, dejo aquí la fuente de referencia: Alberto Melloni, Introducción al libro Ángelo Giuseppe Roncalli, Giovanni XXIII. Agende del Pontefice 1958-1963, Instituto per le Scienze Religiose, Bologna 1978, p. VII).

El Papa Francisco tiene en este momento un enorme poder. Jorge Costadoat

(Tomado de http://www.reflexionyliberacion.cl )

Francisco, Papa Todopoderoso

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El Papa Francisco tiene en este momento un enorme poder. Lo tiene para cambiar la Curia, pero talvez también para hacer cambios muchísimo mayores…(Jorge Costadoat, SJ).

El Papa Francisco ha acumulado poder como para realizar importantes cambios en la Iglesia. En estos momentos es casi todopoderoso. Tener poder, sin embargo, es inquietante. El poder se puede usar para imponerse a los demás o para exponerse a los demás, para oírlos, para interpretarlos, para representarlos y dejarse vencer por sus legítimos anhelos.

Francisco ha sido elegido con una inmensa cantidad de votos. Los cardenales lo respaldan. Le han confiado la reforma la Curia romana. Habrán visto en él un hombre libre y capaz para emprender esta compleja tarea.

Además,  Francisco ha ganado la simpatía de la mayoría de los católicos. Sus gestos de humildad y cercanía a la gente le han valido un apoyo multitudinario. Su predilección por los pobres, sus ansias de una iglesia pobre y sus comportamientos de persona común y corriente, expresan infinitamente mejor el sentido del Evangelio que los salones, los oros y los inciensos. Hay esperanzas de cambio, quién lo duda. No esperanza de seguridades. De cambios y no de vueltas al pasado. El Papa ha ganado poder popular para hacer las transformaciones que la mayoría de los católicos quiere.

Francisco, por último, desencadena las expectativas de respeto y de autonomía de las iglesias locales y regionales, humilladas por el trato que les ha dado la Curia romana. Humilladas, pero sobre todo impedidas de inculturar la Iglesia Católica en sus propias culturas. Muchos obispos y presidentes de conferencias episcopales deben ver con muy buenos ojos que el Papa establezca con ellos relaciones como las que el Vaticano II propuso y no logró. El Concilio apostó por un funcionamiento colegial del episcopado mundial. El Vaticano II apostó por la horizontalidad y la comunión entre los obispos, por el diálogo y la colaboración. Lamentablemente los últimos papas no pudieron revertir el poder del monocentrismo y el verticalismo pre-conciliar. Benedicto no tuvo fuerzas para doblarle la mano a la Curia. Sucumbió a sus malas artes. Pero Benedicto sí tuvo sensatez e inteligencia para despejarle el camino al sucesor que tendrá que reformarla.

Los obispos latinoamericanos, y los demás católicos latinoamericanos representados por ellos, hemos sido víctimas de la prepotencia de la Curia. El último gran bochorno fue la adulteración que se hizo de los documentos de la Conferencia episcopal reunida en Aparecida (2007). Unos fueron los textos que los obispos redactaron, aprobaron y enviaron a Roma; otros los que volvieron de Roma, con alteraciones leves y graves. Pero, ¿cuánto más han debido soportar nuestros pastores? No lo sabemos. ¿Cuántas acusaciones anónimas? ¿Robos de papeles, espionajes, delaciones y zancadillas…? Todas las malas prácticas de que fue víctima Benedicto XVI, perfectamente han podido ser sufridas por los episcopados y conferencias de las distintas partes del mundo.

El Papa Francisco tiene en este momento un enorme poder. Lo tiene para cambiar la Curia, pero talvez también para hacer cambios muchísimo mayores. Levantemos la mirada. Francisco simboliza los cambios que reclama la Iglesia desde el Tercer Mundo. La Iglesia tercermundista tiene ansias de ser una iglesia digna y pobre. No basta con ser católicos en países periféricos e insignificantes. También en estos países hay sectores de fieles que más querrían ser occidentales y pertenecer a una iglesia de tradiciones culturales europeas. Pero los católicos animados por los impulsos renovadores del Concilio Vaticano II, especialmente los latinoamericanos convencidos de la necesidad de inculturar el Evangelio en las culturas locales del continente y hacerlo de acuerdo a la “opción de Dios por los pobres”, tienen hoy puesta su mirada en un Papa que los puede sacar de la humillación de ser tratados como cristianos de segunda categoría.

¿Cómo podría ocurrir algo así? ¿Cómo podría este Papa empezar a hacer cambios mucho más importantes que reestructurar la Curia? Lo principal será volver al Evangelio. Lo cual requerirá, en este caso, de mucha inteligencia, creatividad, paciencia y espíritu de lucha. Habrá enemigos. Los hay.

Hemos dicho que Francisco tiene en estos momentos tres grandes poderes. Es casi todopoderoso; los numerosos votos, la popularidad y el favor muy probable de los obispos locales. Lo decisivo será -no hay que engañarse- ejercer estos poderes en la clave del “poder” de la cruz. Francisco conoce el poder de la pobreza. La pobreza, la cruz y el despojo de la voluntad de poder, paradojalmente,  no solo son los medios a través de los cuales aquellos tres poderes podrían ser puestos al servicio de un anuncio del Evangelio auténticamente cristiano. Pues no basta juntar fuerzas y aplicarla contra viento y marea para cambiar la Iglesia.  La Iglesia de Cristo realmente cambiará cuando ella anticipe el Reino de Dios en comunidades en las cuales los más pobres, con su cultura y su dignidad, sean efectivamente protagonistas y dueños de la Iglesia como de su casa.

Pues bien, para que algo así ocurra se ofrece, precisamente en estos momentos, una vía de gobierno que Francisco podría tomar. Si el Papa más que gobernante de la Iglesia mundial opta por ser “obispo de Roma”; si en vez de arreglar la Curia para controlar mejor a las iglesias regionales y locales; si continúa por la senda de la humildad y evita la tentación de la papolatría, las demás iglesias podrán respirar y sacar personalidad propia. Hasta ahora las demás iglesias han sido presas del miedo. Sus representantes suelen ser vigilados y acusados. El miedo impide a muchos obispos y sacerdotes correr riesgos, inventar alternativas pastorales, prescindir de benefactores que les quitan libertad… Si Roma cambia el modo de relación con las demás iglesias, si confía en ellas, si les da libertad para inculturar su fe en categorías y símbolos propios, llegaremos a tener una Iglesia verdaderamente católica, es decir, universal y plural.

¿Qué Curia se necesita para que algo así suceda? Una Curia que renuncie definitivamente a la Cristiandad (recurso a los Estados, ánimo hegemónico y doctrinas uniformantes) y al estilo cortesano (liturgias pomposas, tradicionalismos hueros, protocolos complicados, palabras acaracoladas); una Curia que fomente el surgimiento y fortalecimiento de diversas maneras de ser católicos. Esto ocurrirá, podría ocurrir, si el Papa Francisco devuelve dignidad y libertad a la Iglesia dispersa en el planeta. Si las iglesia locales y regionales de América Latina, Asia, Europa, Africa y Oceanía se convierten en protagonistas en pleno derecho de ejercer su bautismo, de pensar con autonomía, de elegir sus autoridades,  se realizarán cambios realmente importantes. Cambios mayores. 

Jorge Costadoat, SJ

Cristo en Construcción