ANÁLISIS A FONDO. J. Francisco Gómez Maza. SALARIO MÍNIMO DEL MIEDO; ¿Y QUÉ HACEMOS CON LA INSEGURIDAD PÚBLICA?

Mie 03-09-14

Francisco Gómez Maza

Análisis a Fondo: Salario mínimo del miedo

·        Vergonzoso que se regatee el pago por el trabajo 

·        ¿Inflacionario? Inflacionaria la avaricia, el abuso

Es increíble, es una vergüenza que, en un país que la clase política de derecha, de izquierda, de chile, de dulce y de manteca, califica, convencida, de democrático, a estas alturas, en un México en Movimiento, lopezvelardiano, todavía se debata, se regatee el salario mínimo a los trabajadores, si son el motor del crecimiento del capital.

Ya no por justicia, sino por conveniencia, los patrones tendrían que pagar un salario justo, remunerador, a los trabajadores, porque de la capacidad de compra de esa masa de consumidores depende que el capital se abulte, crezca; si la gente no compra porque no tiene con qué, los productores, los distribuidores, los coyotes, los comerciantes no venden y no se enriquecen.

Pero hablar del salario mínimo es un tabú, es como echar la cuerda en casa del ahorcado. Cuando se toca el tema, los brujos de la ciencia económica positivista, funcionalista, los economicistas, los fondomonetaristas, los neoliberales pegan de gritos. ¡Cómo! ¡Aumentar los salarios mínimos es inflacionario! No dicen, y no pegan de gritos, cuando es el capital el que gana, no un salario mínimo, sino las perlas de la virgen. Eso, para los economicistas del sistema no es inflacionario.

Y mentira. El salario mínimo no provoca el repunte de la inflación. Lo que es inflacionario es la avaricia, el aprovecharse de la necesidad de los consumidores para encarecer los productos y los servicios, desde los costos de producción hasta los precios de consumo. Por algo no me cansaré de repetir una y otra vez que, en el caso de un país mandado por fondomonetaristas, neoliberales, la ley de la oferta y la demanda en realidad es la ley de la necesidad y del abuso.

Y no reparan en la pobreza de los trabajadores. Les vale madre. Ni los de la Secretaría de Hacienda, ni los del Banco de México. Menos estos. El salario mínimo actual es 70 por ciento más bajo que hace 40 años. Y ya llovió. Y cómo pretenden que los consumidores tengan capacidad de compra con salarios miserables.

Estimaciones de la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe de Naciones Unidas, el nivel del salario mínimo en México está por debajo, incluso, del umbral de pobreza per cápita. El problema afecta a una gran proporción de los hogares en México, ya que 17% gana dos salarios mínimos o menos. Y los que ganan de tres a cuatro están un poquito menos pior.

Es increíble. Los economistas gubernamentales dicen que el salario mínimo nadie lo gana, que sólo es de referencia. Pero la CEPAL los desmiente. 17 de cada cien tienen que vivir con ese misérrimo ingreso.

Claro que es necesario revisar el salario mínimo. Ya lo empezó a analizar el gobierno del Distrito Federal, apoyado inclusive por el PAN, y por varios gobiernos estatales. Ah, pero luego saltaron los economistas al servicio sólo del capital. ¡Es inflacionario!

Gustavo Madero, presidente del PAN, apoya un aumento al salario mínimo y propuso abrir el debate a un referéndum en las elecciones intermedias de 2015.

El salario promedio en la formalidad también ha crecido muy poco, a un ritmo de 5% en términos reales, de 2002 a 2014; sin embargo, incluso esa baja tasa de crecimiento ha sido suficiente para elevar la discrepancia entre el salario promedio y el mínimo desde 2002.

El debate está sobre la mesa. Pero el tema no es de debate. Es de justicia. Es económico. En la economía dos son los factores fundamentales, que si se excluyen la economía falla. El capital y el trabajo. Ambos deben de tener iguales márgenes de ganancia. Sin el capital, no hay trabajo. Y sin el trabajo no hay capital.

Pero los economistas a modo, los asesores financieros, muchos empresarios se erizan, se les ampolla el cuero cuando de aumentar el salario se trata.

Y detrás de estas actitudes sólo hay antivalores que chocan con la ciencia económica: el egoísmo, la avaricia, los más graves.

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Mar 02-09-14

Francisco Gómez Maza

Análisis a Fondo: ¿Y qué hacemos con la inseguridad pública?

·        La violencia no para, pese a los esfuerzos por pararla 

·        Habrá todvía más vacas flacas y milpas quemadas

Bien que ya se cumplió el segundo año de la actual administración federal. Ya tenemos reformas estructurales, la apuesta para que la economía nacional salga del hoyo.

Habrá mucho trabajo temporal por la construcción del nuevo aeropuerto de ciudad de México y la construcción de más  líneas del metro y otras obras de infraestructura. Éstas son las fuentes de empleo reales. Lo demás son expectativas; depende de la buena voluntad de los grandes inversionistas del petróleo y la energía eléctrica. Y de la labia y saliva de los promotores y negociadores gubernamentales.

Por lo pronto, independientemente de los grandes deseos, de los grandiosos buenos propósitos, que caen en el terreno de las posibilidades y las probabilidades, sólo tenemos el gasto público para intentar una reactivación del proceso productivo.

Y hay que taparnos hasta donde nos dé la sábana. Lo demás son los deseos del capitán. Arribar a un puerto seguro, pero eso está en la cola de un venado, como dicen los campesinos de mi tierra.

Tendremos que conformarnos con otros malos años de vacas flacas y espigas quemadas. De aquí al 2018, no habrá poder humano que haga el milagro de que la economía nacional crezca lo suficiente para crear los empleos que demanda la fuerza de trabajo. No hay por dónde. No hay inversionistas decididos a entrarle a este toro del petróleo y la electricidad. Todo son esperanzas, buenos deseos, buenos propósitos.

Si acaso. Si bien nos va, en el 2018 estaremos logrando un crecimiento del 5% anual, que es insuficiente. Y eso, si empiezan a tener éxito los contratos de inversión privada, nacional y extranjera, que prevé la reforma energética. Si no. Ni soñemos. Por lo pronto, los pronósticos son menos que halagadores.

Los mismos empresarios, que no son pesimistas como la misma realidad, lo corroboran. No ven un futuro a corto y mediano plazo boyante.

La más reciente encuesta levantada por el Banco de México a 35 grupos de análisis y consultoría económica del sector privado nacional y extranjero, dada a conocer por el banco central en la plena euforia de la presentación del Segundo Informe Presidencial, tanto en la Cámara de Diputados, el primero de septiembre, como en Palacio Nacional, al día siguiente, arroja un nuevo recorte a la estimación del crecimiento del producto interno bruto (PIB) de 2.56 a 2.47% para 2014.

(El producto interno bruto se integra por la suma de todos los bienes y servicios que una economía produce durante un lapso de tiempo; en este caso, durante un año.)

Con el ajuste a la baja del PIB, calculado por los economistas del sector privado, ya suman ocho meses de un menor optimismo sobre la dinámica económica para el presente año por parte de los especialistas privados consultados por el banco central. La nueva expectativa es más conservadora que la estimada por el gobierno federal, por la gente del secretario Luis Videgaray, que se mantiene en una tasa de crecimiento de solo 2.7% para el presente año.

A ello hay que agregar imponderables de naturaleza perversa, muy diabólica. La inseguridad pública, la violencia, el asesinato, el secuestro, las desapariciones, el robo a mano armada, se ubican como el principal factor que seguirá limitando el crecimiento económico del país. Esa preocupación empresarial alcanzó su peor nivel en los últimos tres años, y lo revela la encuesta del Banco de México.

De acuerdo con la Encuesta sobre las expectativas de los especialistas en economía del sector privado, levantada en este agosto que acaba de cerrar, 22% de los entrevistados señaló este fenómeno social como el que más impacto negativo puede tener sobre la dinámica productiva de México.

Este 22% es un nivel de respuestas que no se observaba desde agosto de 2011, cuando entonces 23% de los participantes en la encuesta del instituto central lo consideraron como un riesgo para la economía.

De esta forma, la inseguridad pública se mantiene desde enero de este año, como la principal fuente de preocupación para la actividad productiva del país.

Y ya no hablamos de otros factores señalados por los entrevistados como obstáculos para el crecimiento económico, como la debilidad del mercado interno, la política fiscal que se está instrumentando y la debilidad del mercado externo y la economía mundial.

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