HASTA SE LE ERIZARON LOS BIGOTES. Salvador Flores Llamas

A c e n t o

Hasta se le erizaron los bigotes

SALVADOR  FLORES  LLAMAS

Sabido es que el presidente Echeverría intentó ejercer tutela sobre su amigo y sucesor López Portillo, mediante el llamado “mini maximato”, en alusión al control que Calles aplicó a Ortiz Rubio, Portes Gil y Abelardo Rodríguez y quiso extender a Cárdenas, quien se lo sacudió y lo desterró.

Echeverría (LEA) cercó a su sucesor con Gómez Villanueva y Sansores Pérez, como líderes de las cámaras del Congreso; Muñoz Ledo en la SEP y Cervantes del Río en la CFE. Pero se los fue sacudiendo, auxiliado por el secretario de Gobernación Reyes Heroles.

Tras varias intentonas fracasadas, éste pidió a su amigo, el viejo periodista Arturo Rodríguez Blancas, de gran ascendiente en el medio político, fuera a convencer a Augusto, con quien éste se llevaba muy bien, de pedir licencia como líder de los diputados.

Aquél rechazó de inicio tal encomienda por verla muy cuesta arriba, pues conocía muy bien el entramado que había sembrado LEA en torno a JLP e intuía que el exsecretario particular de Olivares Santana rechazaría la idea para no quedar mal con su jefe político, a quien seguía ciegamente, pues le había dado relevancia política hasta hacerlo precandidato presidencial.

Mas D. Jesús, con su proverbial habilidad política, convenció al Negro Blancas.

Arturo llegó puntual a la cita en la oficina que Augusto tenía, como líder de la Gran Comisión de la Cámara de Diputados en la calle de Lafragua, atrás de donde estaba la PGR, y el aguascalentense lo recibió con una mirada incisiva.

¿Por qué tanta prisa, pinche Negro?, le espetó el bigotón.

Porque traigo una propuesta que no podrás rechazar, como inteligente que eres.

Déjate de jaladas y desembucha.

Pero primero nos sentamos, contestó Rodríguez Blancas, y escúchame muy bien. Mira, Augusto, toma en cuenta que ya estamos en otro sexenio, el del presidente López Portillo; no en el de tu amigo y protector Echeverría. Así que más vale pidas licencia al liderato de la Cámara y aceptes otro puesto.

Si vienes de emisario del pinche viejo de Bucareli, mejor date media vuelta y dile de mi parte que él y tú se me van mucho a la chin….; confiesa que ya traicionaste mi amistad y no invoques la que me habías hecho creer.

Mira, cabrón, replicó Blancas, soy tu amigo, aunque lo niegues, y por eso acepté la comisión que me dio el Secretario de Gobernación….

Ni repitas el nombre de ese borrachín, interrumpió Gómez Villanueva, y dile que si no tiene los guevos para venir a hablarme, sin valerse de méndigos como tú… Vete a la chingada, recalcó, porque tengo muchos pendientes y no quiero perder más tiempo contigo.

Entonces el enviado extrajo de un maletín que ocultaba entre sus pies, dos voluminosos cartapacios y los puso sobre el escritorio del líder cameral. Abrió uno de ellos y se lo colocó enfrente.

Entérate de eso y ve que te pueden chingar…

No me vengas con mama…, yo no soy Carlos Sansores, que dejó, espantado, el liderazgo del Senado a cambio del plato de lentejas de la dirección del ISSSTE. A otro perro con ese hueso.

Mira, Augusto, lee siquiera el principio de este expediente y verás que no te miento. Y la curiosidad que le despertó el enviado de Reyes Heroles lo hizo echarle un ojo a la primera página, para seguir a la siguiente; luego vio a su interlocutor a la cara, mientras se le erizaban los bigotes, se le demudaba y se le ponía cenizo el rostro.

Era una denuncia que se enviaría a la PGR, que lo acusaba de haber sacado del país millones  de dólares en vísperas  de la devaluación que Echeverría anunció en su último informe, valido de información privilegiada que tuvo.

Blancas advirtió que había dado en el blanco, y le acercó el otro legajo, que el interlocutor rehusó ver, porque ya tenía clavado el dardo

¿Y qué hueso me lanza tu patrón?, preguntó el ex poderoso secretario de la Reforma Agraria echeverriista.

Estoy autorizado para decirte que escojas una embajada en Europa, África o hasta en China (Pensó jugar con las palabras y decirle o en la chin…, pero intuyó que no era el momento de cebarse con el árbol caído). Así es que piénsale y después avisas.

Ya ni la pensó, y apuntó de una vez: que me manden a Italia, pues intuyó que no querían tenerlo cerca de México, en un país latinoamericano.

Pero tú me transmites la respuesta, porque no quiero tener nada que ver con el vejete de Bucareli. Y ahora dime ¿dónde firmo la renuncia? (más bien licencia, pues los cargos de elección no son renunciables).

Arturo acercó la máquina de la secretaria (ausente, desde luego, de aquella plática tan delicada) puso papel con copias y le dijo: díctame.

Pero Augusto ya no tenía impulso para ello.

Ay escribe lo que quieras, al cabo tú sabes redactar mejor que yo y conoces muy bien la jerga leguleya del caso. 

Y el periodista, que en su larga trayectoria había emborronado miles de cuartillas (pues aún entonces las crónicas parlamentarias eran muy largas) tecleó en un santiamén un texto (que ya llevaba en mente) y se lo extendió al demudado político, quien casi sin revisarlo, lo rubricó.

Dos días después el secretario de Relaciones Exteriores, Santiago Roel habló telefónicamente al Sr. Embajador y lo invitó a visitarlo  en su despacho de la Cancillería, en la Torre de Tlatelolco.

Rodríguez Blancas se despidió con fuerte abrazo de su abatido amigo, trató de aquietarlo y le recordó que su Licenciatura en Relaciones Internacionales (carrera que estudió en la UNAM) le serviría mucho en su nueva comisión.

Y partió raudo a Bucareli, donde D. Jesús lo recibió con una sonrisa, pues por el gesto del Negro, entendió que había cumplido la encomienda.

Tras pedir le diera pormenores de la reunión con el “Papa Negro”, llamado así por algunos amigos suyos a causa de su color subido, le dio un abrazo de agradecimiento. 

“Mi Negro, acaba de prestar un servicio muy valioso a la República; el Sr. Presidente y su amigo lo sabremos aquilatar”.

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