“NO PAGO PARA QUE ME PEGUEN”. Salvador Flores LLamas

A c e n t o

“No pago para que me peguen”

SALVADOR  FLORES  LLAMAS

Era julio de 1976, López Portillo acababa de ser elegido presidente sin rival al frente, porque Valentín Campa, candidato de un partido de izquierda sin registro, no fue reconocido legalmente y el priísta ganaba con sólo un voto, que pudo ser el suyo.

Invitado por mi compadre Luis Islas García, a cenar a su departamento de la calle de Marsella, en la colonia Juárez, acepté, pues estaría el licenciado Juan Sánchez Navarro (JSN), líder de la iniciativa privada, quien disfrutó el ambiente cordial con compañeros de su generación estudiantil, entre ellos el anfitrión.

Como el  jueves 8 de julio habían expulsado a Julio Scherer de la dirección general de “Excélsior” y JSN era su amigo, alguien le preguntó su opinión al respecto.

Empezó por decir que, en efecto, Julio era su amigo desde estudiantes, pues coincidió con él y algunos de los presentes en las aulas de Mascarones, cuando aquél era sinarquista y aún no se decidía por el periodismo.

Dijo que entre amigos, diría su opinión sincera, sin afán de denostar, y  cada quien sacara sus conclusiones.

Unos 4 años atrás, recién llegado Scherer a director, empezó a preocupar a los líderes empresariales la inclinación socialistoide que dio a “Excélsior”, y le pidieron a JSN que, como su amigo, le transmitiera su preocupación.

Al hacerlo, Julio dijo que no había tal, como lo verían, y que deseaba seguir siendo su amigo, pues le interesaba mucho la publicidad para el rotativo de ese sector clave de la economía. Que ya se convencerían.

Los miembros del Consejo Coordinador Empresarial, cúpula de la IP, no le creyeron y subrayaron en las juntas siguientes que si Julio no enmendaba la línea, se verían obligados a retirarle toda la publicidad del sector. JSN se lo hizo ver como amigo y líder de dicho consejo.

Scherer insistió en que veían moros con tranchetes, que no enmendaría y pidió a su amigo Juan lo ayudara. Finalmente le retiraron toda publicidad empresarial, desde los planajes de campañas de los grandes almacenes y cadenas, los desplegados de cámaras y confederaciones y simples anuncios.

La reacción indignada de Julio fue inmediata; dijo a JSN  que verían el peso de “Excélsior”, al tiempo que se quejó con el presidente Echeverría (LEA) y pidió lo ayudara a resarcir las pérdidas económicas, sobre todo para no perjudicar a mil familias de cooperativistas que dependían del diario (que muy lejos estaba de tener mil cooperativados).

Julio argumentó ante LEA que era la represalia empresarial por el apoyo de su periódico a la política  de su amigo el Presidente.

LEA ordenó a Horacio Flores de la Peña, secretario del Patrimonio Nacional, resarcir totalmente a “Excélsior” de las pérdidas que le reportara Julio, y se acordó que el auxilio se disfrazaría con campañas, inventadas exprofeso, de las dependencias oficiales, paraestatales y, desde luego, la Lotería Nacional, que dirigía Carlos Arguelles y fue la gran proveedora.

Scherer dijo, a la vez, a JSN que, en prueba de que no les guardaba rencor, indicara a los capitales del dinero observaran cómo enmendaría la política editorial de “Excélsior”, y esperaba que, en correspondencia, le devolvieran la publicidad.

D. Juan le contestó que le diera argumentos para convencer a sus colegas y garantías de que no se retractaría, y él le ayudaría a recuperar aquélla. Mas Julio no reveló que los había exhibido como enemigos de Echeverría, lo que JSN supo por otros conductos.  

Scherer se dio prisa en agradar a los cresos, y cuando ya había recuperado sus anuncios, se lo ocultó a Flores de la Peña y siguió cobrándoselos al gobierno. Pero al tercer mes el funcionario le comunicó que ya no habría de piña, y si quería se quejara con LEA, al cabo ya estaba informado. 

Sánchez Navarro no criticó a Julio; sólo le dijo que si, como pregonaba,   deseaba ser independiente del gobierno, no le hubiera pedido ayuda a LEA, y menos volver a atacarlo vitriólicamente, en correspondencia al favor que le pidió. Eso era morder la mano que le había tendido.

Esto lleva a recordar que Francisco Galindo Ochoa contó que al llegar a jefe de prensa de López Portillo, el 29 de enero de 1982, recibió una llamada de Scherer, invocando la amistad que los ligaba y lo invitó a desayunar.

D. Pancho aceptó y Julio le pidió conseguirle una cita con su primo JLP (eran lejanos). Galindo le sugirió que primero dejara de atacar al Presidente en “Proceso”, y con gusto le conseguiría la audiencia.

Scherer quedó en eso; pero Galindo gran sorpresa se llevó, al ver en el siguiente número de la revista una caricatura de Naranjo que ponía de oro y azul a JLP; por lo que de inmediato tomó el teléfono y le mentó la madre,

Julio le pidió que no se indignara, y le dio la peregrina excusa de que él no podía coartar la libertad de expresión del caricaturista.  

D. Pancho ordenó a las dependencias oficiales suspender de inmediato toda publicidad a “Proceso”, y lo tomó de cruzada, con incidentes como éste:

Al salir en “Proceso” un pequeño anuncio del INBA, Galindo le habló a Juan José Bremer, entonces director del organismo, y le reclamó tal proceder.

Como el exsecretario particular de LEA le argumentara que atendería su indicación cuando expirara un convenio de publicidad que tenía con la revista; la respuesta galindiana fue terminante: O suspende los anuncios a “Proceso” desde ya, o envíeme su renuncia para llevársela al Presidente, y dela por aceptada.

Julio respondió a la cruzada con críticas más ácidas a “su primo”, quien el siguiente 7 de junio, “Día de la Libertad de Prensa”, dijo aquella famosa frase:

“No pago para que me peguen”, señal de que Galindo lanzó la cruzada con plena autorización suya y no estaba dispuesto a que Julio recibieran por un lado publicidad del gobierno y lo vapuleara por el otro, valido de la libertad de expresión.

Libertad en que se escudó para publicar en reciente número de “Proceso” una entrevista al capo Ismael El Mayo Zambada, jefe máximo del cártel de Sinaloa, tras la captura de Joaquín El Chapo Guzmán Loera.

Allí El Mayo reta al gobierno y hace una apología de su actividad criminal, con foto en la portada y la leyenda: “Julio Scherer García en la guarida del Mayo Zambada”.

 

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