DEBATE ECONÓMICO; BUENDÍA, MI MAESTRO; MARCOS, OPERETA MEXICANA; ESO NO SE LE PREGUNTA AL PRESIDENTE. Salvador Flores Llamas

A c e n t o
Debate económico
SALVADOR FLORES LLAMAS
La izquierda aprovechará dos claroscuros del gobierno de Peña Nieto en la campaña electoral de 2015, cuando se elegirán 500 diputados federales, numerosos locales, 9 gobernadores, presidentes municipales y regidores.
Eso implicará un cambio en la geografía política del país.
El Peje y el PRD harán del estancamiento económico y reforma energética el leitmotiv de su propaganda. Imaginemos a López Obrador pregonar que el gobierno despojó al pueblo de la gran riqueza petrolera y lo hundió más en la pobreza.
El PRD se jalonea con él por la reforma energética. Para ganarle la carrera Jesús Zambrano fue a Estados Unidos a tratar de hacer desistir ilusamente a los petroleros de invertir en México. No ponderó que el gobierno hizo allá gran publicidad y la reforzará una vez aprobadas las leyes secundarias.
Luis Videgaray, secretario de Hacienda, agravó la disputa, al bajar el cálculo de crecimiento del PIB este año del 3.9 al 2.7%, que rechaza la mayoría de organismos empresariales y expertos, porque los cambios estructurales que prometió el gobierno no se han visto.

Pues festinó por adelantado los posibles resultados de las reformas legales, cuyas leyes secundarias aún no acaba de procesar el Congreso.

El sistema productivo no se ha transformado, faltan inversiones públicas y privadas, bajó el poder adquisitivo del obrero, la exportación no crece lo esperado y por ese camino sólo obtendremos un crecimiento mediocre.

Es paradójico que paralelamente salieran 30 mil millones de pesos a crear empresas en otros países, como si aquí sobraran, por el aumento del IVA en las fronteras y los impuestos, pues la reforma fiscal no se adaptó al paso de nuestra economía.

No basta que Hacienda prometa que no habrá IVA en alimentos ni crecerá la carga fiscal el resto del sexenio. El mal está hecho y no se quiso remediar, por más que los empresarios lo pidieron en varios foros y ante el presidente Peña Nieto.

Se logró que la calificadora Merrill Lynch dijera que México no está aún en recesión, y también la descartara el INEGI, pero no el bajo crecimiento. La cruel realidad es que crecen desempleo y pobreza y ni el Programa Nacional contra el Hambre ha dado resultados tangibles, mientras el ama de casa no ve dinero en el bolsillo.

Ahí es donde hay que medir la eficacia de la política económica; no en discursos ni declaraciones, que los medios electrónicos le meten a la gente, que no ve justificación en su lucha por el pan nuestro de cada día.
No basta discutir o paliar la situación económica; hay que atacarla de raíz.
Ésta será la clave de la campaña de López Obrador en el ya cercano 2015 y, si no cambia la situación, de su campaña presidencial en 2018; entonces tirará a matar, pues le darían base para aparecer de nuevo como “defensor de los pobres”, aunque sólo defienda su ambición de poder y dinero.
Eso dará excelente caldo de cultivo a los grupos o tribus de la izquierda para alcanzar el poder, sobre todo si se unifican en torno al Peje así se antoje difícil. De lograrlo, hay que despedirnos de la democracia y el crecimiento económico y vernos al espejo de Cuba y Venezuela, sueños dorados del Peje, según lo ha exhibido repetidamente.
Porque el PAN no levantará cabeza por sus divisiones, y no sería raro que en 2015 pase por acólito del PRD con alianzas sin sentido que ya preparan en Nayarit, Oaxaca, Michoacán y Guerrero.
Pues el bando de Calderón y Cordero sólo admite la unidad si Madero le da el poder que los panistas le negaron, y sigue irreductible en defender sus intereses, sin importar el PAN, la democracia y la esperanza que pusieron los mexicanos en él hace 75 años.
En contados estados hay PAN unido: Puebla para maderistas y Guanajuato para corderistas; ni Sonora ni Baja California, donde Madero logró mayoría de votos, pues los gobernadores Vega y Padrés no tienen liderazgo panista.
El PAN carece de líderes, tipo sus fundadores Gómez Morín, González Luna y otros que se hicieron sobre la marcha. Fernández de Cevallos está en sus negocios, y D. Luis H. Álvarez resulta poca cosa para el desafío actual de su partido.
Ernesto Rufo, el primer gobernador panista, rehusó el liderato que tuvo, al alejarse un tiempo del PAN. Como senador no ha querido asumirlo, y tal vez ya sea tarde.
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Buendía, mi maestro
SALVADOR FLORES LLAMAS
Al cumplirse hoy 30 años del asesinato de Manuel Buendía, uno de los periodistas mexicanos más destacados, lo recuerdo como mi maestro en la Escuela de Periodismo Carlos Septién García en 1959, con destellos del hombre y el amigo, que me dispensó.
Con el lazo común de la michoacaneidad: él nació en Angangueo (gustaba decir que en Zitácuaro) yo en La Piedad; al llegar a la Septién el primer día de clase, me llamó aparte. ”Salvador, tú y yo somos amigos, pero te pido por favor que por respeto a la cátedra me hables de usted en clase”.
Como en la escuela de periodistas paradójicamente sólo había una máquina de escribir (la de la secretaria), al presentarse ese primer día, puso sobre la mesa su Olivetti portátil, y pidió a quienes tuvieran una, que la llevaran los miércoles y viernes, días de su lección, para convertir el salón en sala de redacción.
Así fue, y tras una breve exposición teórica, tomábamos los vespertinos del día o boletines que él llevaba de “La Prensa”, de la que era director, y abría un certamen para ver quién redactaba la mejor nota, que nosotros mismos calificábamos, al leerlas allí.
Recorría el salón haciendo observaciones, y corregía sobre la marcha las fallas de redacción en las notas. Especialísima inflexión dio a la redacción de lides (entradas): decía que si la noticia era la materia prima del periodismo, el lid es el meollo de aquélla, clave del encabezado (“cabeza”) y jalaba al lector.
Todos apreciamos su enseñanza y lo conceptuamos como el mejor maestro, dicho esto sin paisanaje provinciano.
El último día de clase me llamó y propuso: si quieres, te dirijo tu trabajo final (especie de tesis). Pero si aceptas, te advierto que “te voy a chingar”, porque voy a ponerte a trabajar, pues la tesis que yo dirija debe sacar el primer lugar, y la leerás en la ceremonia de graduación. Así fue, gracias a él.
Claro que acepté. Entonces avísale al Sr. Director que yo te dirigiré y ya no vendrás a la escuela, porque todas las noches te veré en la redacción de “La Prensa”.
Así fue, primero le presenté y discutimos el esquema del trabajo; después, diario me daba órdenes como a un reportero, y era estrictísimo en que las cumpliera.
Como el tema de la tesis fue la juventud, me mandó entrevistar a Agustín Arriaga Rivera, director del Instituto Nacional de la Juventud, político michoacano que le pidió su apoyo porque aspiraba a ser gobernador del estado, y el destape estaba próximo.
Temprano me presenté en sus oficinas del Injuve y solicité verlo, de parte del señor Buendía, Director de La Prensa (fue la instrucción). El secretario particular salió con lo de siempre: su jefe estaba muy ocupado, ya me avisaría si me recibía.
Al día siguiente me puse en el sitio donde Arriaga se bajaba del coche y le reiteré personalmente mi solicitud. Con idéntico resultado.
Esa noche, Manuel me pidió cuentas; le informé, de inmediato tomó la red, le marcó a Arriaga y sin más le espetó: Te envié un reportero de La Prensa a que te entrevistara; no lo recibiste, pese a su insistencia y a que iba de mi parte.
Así no puedo ayudarte a ser gobernador, pues no dejas que te promovamos Ya no cuentes conmigo, y colgó.
De inmediato repiqueteó la red; era Arriaga, le ofreció disculpas, prometió recibirme, y lo hizo de inmediato. Buendía me ordenó redactar una nota de cuartilla y media para publicarla en La Prensa con mi firma.
Cuando me ofrecieron dirigir un periódico en San Luis Potosí, le consulté, y me dijo que ni lo dudara, porque era una gran oportunidad para un joven periodista, y que le enviara notas políticas y policíacas de primera plana.
Le agradecí el consejo, pero le advertí que me la ponía difícil, pues primero tenía que cumplir como director y, segundo, yo no iría como corresponsal suyo; por eso no me comprometía a cumplirle. Sonriente, me dijo: cuando haya algo bueno, pones al reportero de guardia que se lo pase al mío. Así lo hice.
Un día me habló por teléfono: Salvador, mandé a un joven reportero de La Prensa, nativo de San Luis, a trabajar lo del extravío de una avioneta en la Huasteca Potosina, según parece, cargada con droga. Le indiqué que si algo necesitaba, recurriera a ti. Después nos arreglaríamos tú y yo.
Nada necesitó de mí aquel reportero, a quien tuve oportunidad de conocer: era Fausto Zapata, futuro subsecretario de la Presidencia, encargado de la prensa de Echeverría.
Mi sueño duró 6 meses. Los dueños del diario creían que éste era como sus negocios, que desde el primer día iba a darles peso sobre peso. No sucedió y ni las gracias me dieron, pese a que, sin modestia, Esteban Zamora, el jefe de redacción, y yo elevamos considerablemente el tiraje en lapso tan breve.
Ya en México, fui a saludar a Buendía. No le pedí trabajo (creí que al ver que no lo tenía, me lo daría) ni él me lo ofreció; me pidió lo visitara, me invitaba a cenar y hasta al teatro, pero nada de chamba.
En octubre de 1977, cuando el presidente López Portillo visitó España, para reanudar las relaciones y visitar Caparroso (tierra de sus ancestros) Manuel fue de invitado, yo como reportero de la fuente presidencial.
Un día, en Madrid, me invitó a charlar; sin preámbulos me dijo: quizá estés molesto conmigo porque no te ofrecí trabajo cuando te quedaste sin él en SLP. No lo hice, porque andábamos en problemas en La Prensa y me jugaba el cargo.
Me propuse invitarte, si lo conservaba; porque si no (como ocurrió) habrías quedado con el sello de partidario mío, y te habrían corrido a las volandas.
Le agradecí la explicación; no guardaba nada contra él, porque me coloqué muy bien en “Ovaciones”. Mas su gesto fue para mí otra lección muy significativa, y lo definió como amigo y hombre de valía, como siempre lo consideré.
Me echaré un poco de incienso a su salud: el 7 de junio de 1984, ocho días después de su muerte, me fue otorgado el Premio Nacional de Periodismo en Noticia, y mentalmente lo ofrecí a Manuel Buendía, pues sin su cátedra periodística, tan personalizada, no lo hubiera logrado.

(De José Antonio Aspiros Villoagómez, a Salvador Flores Llamas:

Estimado Salvador:

Celebro mucho que hayas difundo este relato de tus experiencias con Manuel Buendía. Me hubiera gustado tener un maestro así, y lo digo sin detrimento de los muy buenos que me tocaron en “la Septién” y de los cuales Anita te habrá comentado además de que tú los conociste, aún -tal vez- sin haber recibido clases de ellos.

Por favor sigue escribiendo sobre temas de nuestro oficio-profesión; hace falta reunir esas pequeñas piezas de todos los colegas que tengan algo que narrar, para armar (ojalá que alguien lo hiciera) el gran rompecabezas de la historia del periodismo contemporáneo mexicano. Por mi parte, agregaré tu artículo a todo lo que tengo en archivos sobre nuestra actividad profesional y sobre los colegas en lo individual.

Un abrazo,
José Antonio Aspiros Villagómez
Licenciado en Periodismo
antonio.aspiros@gmail.com )
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A c e n t o
Marcos, opereta mexicana
SALVADOR FLORES LLAMAS
Resultó puro cuento que el Subcomandante Marcos al frente del EZLN, redimiría a los pueblos indígenas de Chiapas, porque 20 años después están hundidos en mayor pobreza.
Fue faramalla publicitaria el Sub, quien –hay que reconocerlo- con mucho ingenio y alarde técnico hizo que sus menajes tuvieran enorme eco en México y en buena parte del mundo.
Nadie imaginó que aquel puñado de rebeldes, que el Ejército acorraló en un poblado de Chiapas en marzo de 1993, armado con carabinas huiloteras y rifles de madera, iba a poner en ascuas al país, so pretexto de redimir a los indios y protestar por la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte.
El desafío armado al Gobierno Mexicano sólo sirvió para causar zozobra en social, pero la autoridad no lo asumió así ni respondió en forma adecuada.
Diría luego el gobierno que no quería atropellar a los indígenas, víctimas de explotación secular; sino se esforzaría por aliviar su situación.
La negociación entre el EZLN y el gobierno, guiada por Camacho Solís fue mero escaparate para que éste exhibiera más su ambición presidencial, que había recibido palo al ser nombrado Luis Donaldo Colosio candidato del PRI.
En realidad, Camacho era juez y parte, por indicios claros de que él fue el papá de la criatura, junto con el obispo de San Cristóbal las Casas, Samuel Ruiz y de acuerdo con el presidente Salinas de Gortari, quien vio ahí un pretexto para declarar un estado de emergencia que lo hiciera prolongar el mandato; a lo que no se atrevió finalmente.
Chiapas se convirtió en el gran púlpito desde el que Marcos pontificó para México y el mundo, y alcanzó tal celebridad que ganó millones de adeptos en todas partes.
En el país se desató el fanatismo, sobre todo en la izquierda, cuyos líderes quisieron cobijarse a la sombra del Sub, que se puso selectivo y no los aceptó a todos.
Con las simpatías vinieron apoyos de todo tipo, pecuniarios desde luego. Uno de ellos de la viuda del ex presidente Francois Miterrand, Danielle, al que Marcos le dio gran difusión.
A la par que sojuzgó buena parte de los municipios de Chiapas y en la zona él era la autoridad, realizó actividades ilegales: narcotráfico y tráfico de maderas preciosas, con aplauso de sus fans y temor oficial a poner orden.
Dio pie a una serie de gobernadores, que se enriquecieron so pretexto de abatir la pobreza indígena; labor antipatriótica del todo punible, pero quedó impune.
La gran impostura de Marcos mostró lo fácil que es engatusar a nuestro pueblo, que por fortuna lo olvidó paulatinamente, al grado que ahora que el Sub anunció su retiro ya no hubo plañideras, pero sí choteos contra ese personaje que se dio a conocer como botarga, y así debe pasar a la historia.
Una especie de monigote como los que el Dr. Simi pone afuera de sus farmacias para atraer clientela, y en verdad que Marcos supo hacerla.
Debería darnos vergüenza, porque fuimos víctimas de su burda actuación de comediante, que no resolvió, sino -todo lo contrario- empeoró la triste situación de nuestros indígenas.
Si Fray Bartolomé de las Casas reviviera, moriría de inmediato al ver que sus amados indios están peor que como los dejó, él que fue su padre auténtico y no usó carabinas huiloteras ni botargas para hacer reconocer su dignidad de seres humanos.
Marcos, por desgracia, nos hizo ver como un país de opereta.

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A c e n t o
Eso no se le pregunta al Presidente
SALVADOR FLORES LLAMAS
Javier García Paniagua –hijo del general Marcelino García Barragán, secretario de la Defensa Nacional con Díaz Ordaz, cuando el Tlatelolcazo del 2 de octubre de 1968– fue un político que escaló las alturas hasta ser precandidato presidencial.
Figuró en algunos cargos del PRI, senador, titular de la Dirección Federal de Seguridad, subsecretario de Gobernación, con Reyes Heroles (encargado de las relaciones con Margarita López Portillo, hermana predilecta del Presidente), secretario de la Reforma Agraria, presidente nacional del PRI, precandidato presidencial y secretario del Trabajo.
De fama legendaria y trato aterciopelado con sus amigos, pero férreo con los malosos, entendió su tiempo y su sitio en la política.
Al acudir a la primera gira de López Portillo (JLP) como secretario de la Reforma Agraria, lo encontré muy temprano en el hangar presidencial, acompañado por su paisano y subsecretario Guillermo Cosío Vidaurri, mi amigo, que me presentó con él como miembro de la fuente informativa de la Presidencia.
Por creer que trataban asuntos suyos, intenté retirarme, pero Memo me invitó a platicar con ellos. Apenas íbamos a hacerlo cuando se acercó a D. Javier un compañero reportero y trató de entrevistarlo, pues creyó que yo pretendía “chacalear” a mis compañeros (en el argot periodístico significa querer llevarse una entrevista exclusiva”).
Muy atentamente, Javier nos explicó a mi colega y a mí que él iba a la gira invitado por el Presidente, quien era el dueño de la fiesta y él jamás trataría de robarle cámara. Por tanto, no haría ninguna declaración, sólo si su jefe se lo ordenaba. En ese caso, él nos buscaría.
Tal sería la conducta que observaría cuantas veces le ordenara el Presidente que lo acompañara a sus giras.
Más tarde, mientras JLP inauguraba un orquidiario en la Avenida Ventura Puente de Morelia (el gobernador de Michoacán era Carlos Torres Manzo, originario de Coalcomán de Vázquez Pallares, en honor de Natalio, político cardenista de esos apellidos, nativo del lugar) quisieron entrevistarlo otros reporteros y les reiteró la aclaración citada.
Que era acertada, pues García Paniagua asumía su papel de subordinado y daba el lugar a su superior, y se libró del asedio reporteril que sufrían otros secretarios, que sí usaban las giras presidenciales para ganar reflectores.
Unas giras más, cuando habíamos charlado repetidamente, por la confianza que en mí le inspiró Cosío Vidaurri, Javier empezó a desgranar algunas de tantas anécdotas de su devenir público.
Y la siguiente me pareció muy interesante y con gran mensaje:
Cuando su padre era secretario de la Defensa y él su secretario particular, el general enfermó por más de una semana. En eso llegó la fecha del acuerdo presidencial, que no podía posponerse, el subsecretario pidió a Javier ayuda para preparar los asuntos a exponer al presidente Díaz Ordaz (GDO).
El acuerdo se dividía en tres partes: 1) se informaba al Presidente cómo se había cumplido lo que ordenó en el acuerdo anterior; 2) se le sometían asuntos, 3) se recibían instrucciones a cumplir para el acuerdo siguiente.
El subsecretario solicitó a García Paniagua que lo acompañara al acuerdo.
En el primer punto, se informó a GDO sobre su mandato de capturar a una banda que había asaltado un autobús que iba de Pénjamo, Guanajuato, a La Piedad, Michoacán, y asesinado a 6 pasajeros.
GDO había dispuesto castigar con toda severidad a los criminales, para que el ejemplo frenara la ola de asesinatos, desatada en la zona. Como habían sido detenidos, el subsecretario le dijo que sólo esperaba su orden superior para pasarlos por las armas.
Ante esto, GDO dio un manotazo en la mesa, y su voz fuerte retumbó: “Eso nunca se le pregunta al Presidente, sólo se le dan hechos consumados”.
(El que tenga cacumen, que entienda).
De García Paniagua llegó a contarse que cacheteó a López Portillo porque no lo nominó candidato presidencial del PRI, o sea su sucesor; lo que, según los decires, ocurrió así:
Tras el destape de Miguel de la Madrid, Javier pidió ser recibido por JLP, y al entrar al despacho del mandatario, le lanzó un grito estentóreo, se fue sobre él y le propinó soberana cachetada.
Versión del todo imposible, fruto de mentes calenturientas, que ignoran los intríngulis del poder, pero sueltan chismes y rumores para denostar a los políticos, y encuentran eco entre la gente y ahora en las redes sociales.
Es imposible un hecho como ése, por la sencilla razón de que el Presidente tiene siempre en su oficina a un ayudante del Estado Mayor Presidencial, adiestrado y decidido a protegerlo de cualquier intento de agresión, aun a costa de su vida.
Con decir que es tradición que por la noche el asistente está afuera de la recámara, por lo que pudiera ofrecerse.
(Por eso extrañó mucho que Colosio fuera asesinado en Lomas Taurinas, y que, según se vio, el general Domiro García, su jefe de seguridad y su futuro jefe del Estado Mayor Presidencial, dejara vía franca a la mano criminal; cuando normalmente, habría dado su existencia por defender al candidato.
(Lo que lleva a concluir que Domiro se hizo a un lado por orden superior).
Y García Paniagua, hombre institucional y respetuoso del superior por su educación y tradición militar, jamás habría incurrido en tal falta. Por tanto, es absurdo pensar que consumara ese atentado.
Mas la vida seguirá deparándonos chismes, rumores y falsedades sobre los poderosos, y más contra los presidentes.

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