FESTEJOS Y UTOPÍAS. José Antonio Aspiros Villagómez

(Proporcionado por Salvador Flores LLamas)
Textos en libertad

Festejos y utopías

José Antonio Aspiros Villagómez

 

Tan fiesteros como somos, los mexicanos acabamos de celebrar el Día del niño y ya se avecinan el Día de las madres y el Día del maestro, referentes a tres núcleos que forman una simbiosis porque, en la educación de la infancia, madres y profesores son fundamentales.

            Este tecleador supo de la existencia de esos festejos en su remoto primer año de primaria, cuando en el Instituto Luis Vives un 30 de abril formaron temprano a los alumnos, les dieron bolsas con dulces y sin más ceremonias los subieron a los autobuses escolares y los regresaron a sus casas. Y luego, el 10 y el 15 de mayo siguientes, hubo los mismos bailables folclóricos de siempre, a cargo de los niños. No existía el Día del padre.

En esos años no se sabía tanto sobre deserción escolar, ni de chicos que trabajaran en lugar de ir a la escuela, o de maestros huelguistas; a los profes se les veía satisfechos y hasta orgullosos. Y las mamás, sólo como excepción salían a trabajar y su prioridad era el hogar, por añejas costumbres o porque tenían menos oportunidades de formación profesional y laborales.

Ya había desayunos escolares (con hormigas en las cajitas), se cantaba el Himno Nacional completo, comenzaban a desaparecer el tintero y el secante para dar paso a la pluma atómica o bolígrafo, aún se aprendía caligrafía para tener buena letra (el tecleador reprobó esa materia) y se adquiría desde muy pronto el hábito y gusto por la lectura y la escritura, y con buena ortografía.

La disyuntiva era tener inclinación por los números o por las letras, y a juzgar por nuestros lentos avances en ciencia y tecnología, parece que en el primer caso hubo pocos adeptos, si bien la culpa de esa situación está en el escaso impulso dado por parte de la industria privada y el poder público.

Ahora se percibe otra realidad. La vocación magisterial está subordinada a intereses distintos al apostolado de las aulas; en el caso de los huelguistas hay ausentismo prolongado e impune; los normalistas exigen con violencia plazas automáticas; miles buscan comisiones sindicales, cargos políticos o cobran como si dieran clases las 24 horas del día, y la autoridad no parece estar resolviendo tantas anomalías.

¿Y saben qué? Según las encuestas los maestros leen 2.6 libros al año cuando el promedio nacional -pobrísimo también- es de 2.8. Pero habrá, eso sí, homenajes y aumento salarial el próximo Día del maestro.

Ya pasó el Día del niño pero siempre será oportuno insistir en que los adultos no les estamos dejando un mundo mejor. Ya lo contaminamos de manera irreversible sin que los gobiernos hayan hecho nada por evitarlo, y lo arruinamos con el empeño de sostener tendencias socioeconómicas que están agrandando la brecha entre poderosos y menesterosos.

En México existen arriba de 40 millones de infantes y, pese a los varios esfuerzos públicos y privados en su favor, aún vemos a tantos en las esquinas con su mercancía, en pandillas de delincuentes y hasta convertidos -no por su voluntad, seguramente- en sicarios.

            Dirán lo que quieran las organizaciones de derechos humanos, pero el gran pendiente -otra utopía- es reconocer y respetar los derechos de los pequeños y acabar con el maltrato infantil y la violencia sexual, con la inasistencia a planteles educativos que según el Inegi se debe principalmente a falta de interés o aptitud para el estudio, y con la creciente suma de menores infractores recluidos.

Pero todas las propuestas al respecto, han llegado a oídos sordos o a instancias plagadas de burocracia.

También habrá festejos el 10 de mayo, con más méritos porque las mamás no se ponen en huelga ni esperan aumentos; más bien, hacen milagros. No importa que ese día comerciantes y restauranteros llenen sus arcas, sino que las progenitoras sean festejadas con flores, comidas y regalos. Y mucho cariño.

Ojalá que recordemos también a las madres que ya partieron -tantas de ellas, víctimas de feminicidios-, y consolemos a las que sufren por diversos motivos; las que debieron parir en las calles de Oaxaca porque en los hospitales las rechazaron, las desaparecidas, las migrantes que buscan cruzar al norte cargando a su cría y, por qué no, las madres a la fuerza porque, víctimas de violaciones, debido a leyes locales puritanas les negaron el derecho de abortar.


José Antonio Aspiros Villagómez
Licenciado en Periodismo
 

2 Responses

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