MI EXCLUSIVA CON GARCÍA MÁRQUEZ. Salvador Flores LLamas

A c e n t o

Mi exclusiva con García Márquez

 

SALVADOR  FLORES  LLAMAS

 

A fines de octubre de 1988, a un mes de entregar la Presidencia, Miguel de la Madrid fue a Uruguay a una visita Estado al presidente Julio María Sanguinetti, en Montevideo y a una reunión del Grupo de los Seis (del que ambos eran partes) en el paradisíaco Punta del Este.

 

El mandatario estrenaba el actual avión presidencial TP-01, que habían escondido en el Aeropuerto Internacional de Monterrey por el escrúpulo de que tildaran a MMH de dispendioso; pero un diario local lo descubrió y desplegó la nota con profusión de fotos.

 

A partir de ahí el Presidente y su fuente informativa viajan en esa nave. Atrás quedaron los Quetzalcóatl I y II, que López Portillo compró para él y los periodistas.

 

De Punta del Este volamos a San Salvador Bahía, Brasil, y vimos un partido de un futbol tipo europeo, de pases largos, muy distintos a los cortos y los caracoleos de los cariocas.

 

De ahí fuimos a La Habana, donde MMH impuso la Condecoración el Águila Azteca, en grado de comendador (el más alto) a Fidel Castro, en el fastuoso Palacio de la Revolución, que ya quisieran muchas naciones desarrolladas, cuya población dista enormemente de padecer hambre.

 

Previo al acto llegó Gabriel García Márquez, amigo e invitado especial de Fidel, muy posesionado ya de su fama. Mis colegas quisieron entrevistarlo, sabedores de que se estableció en México como periodista colombiano y aún no se encerraba, a piedra y lodo, a escribir su obra cumbre “Cien Años de Soledad”.

 

Gabo rehusó, y ante la insistencia, dijo a los reporteros del país que le había dado albergue, que él cobraba sus entrevistas, y en dólares; por lo que mis compañeros se retiraron indignados.

 

Al enterarme, fui a saludar a Gabriel, a quien conocí en el Café “La Habana” del DF, por los años del asesinato de John F. Kennedy, cuando veíamos allí al medio día a nuestros respectivos amigos y platicamos varias veces. Aún no recibía el Premio Nobel.

 

Era la época de oro del Café “La Habana”, donde confluían “orejas” de Gobernación (que está a un paso), personajes famosos y otros que no lo éramos y estábamos muy lejos  de prever que nos codeábamos con futuras celebridades, como un Premio Nobel.  

 

(Entonces Gabriel era muy sencillo, trabajaba en una revista mexicana y se sentía miembro de nuestro gremio periodístico).

 

Unos 25 años después del Café “La Habana” volvimos a encontrarnos en la auténtica Habana.

 

Me acerqué al galardonado escritor,  me reconoció y empezamos a platicar de todo y nada; pude guiar la charla, que terminó al llegar los presidentes, y él pasó a su lugar de primera fila. Por cierto, Fidel renqueaba de la pierna derecha y lo auxiliaba un cirineo.

 

Terminado el acto, volvimos a la sala de prensa en el Hotel Intercontinental (antiguo Hilton) y mis colegas me pidieron les pasara la nota. Aduje que sólo había sido una plática de amigos.

 

Mi idea  era dejarla para el día siguiente, cuando concluía la visita de MMH y no habría mayor información, al parecer. Pero ellos creyeron que quería “chacalearlos” (llevarme la exclusiva); mas planié pasársela,  pues no había  explicado a Gabo que lo estaba entrevistando, y si la publicaba yo o con mis cuates-cuates fácilmente podría desmentirme y acusar de haberle tendido un garlito. 

 

Fue noticia principal de diarios y noticieros en México. Es de imaginar el entripado del célebre colombiano por mi travesura. Confío en que la haya perdonado, hoy que ya pasó a mejor vida y lamentamos su deceso.

AGREGADO A LA ENTREVISTA

Expresó su gratitud a México por adoptarlo como hijo suyo, a sus escritores en los que tiene muy buenos amigos, y a la generosidad de nuestro pueblo, demostrada no sólo con leer sus libros, también en el aprecio que muestra a su esposa, hijos y a él.

Recordó, jocoso, que pasó las de Caín  para que le publicaran “Cien Años de Soledad”; algún editor (rehusó dar nombres) le reconvino porque es una novela muy extensa, y ya era tiempo para narrativa corta, porque la gente cada vez lee menos.

 (Añadido mío: En lo que se equivocó rotundamente ese tal señor, por la enorme difusión que alcanzó entre nosotros, en el mundo de habla hispana y en el orbe, la obra estrella de Gabo).

Evitó hablar de política, sólo aludió a su gran amistad con Fidel Castro, sus hermanos y muchos cubanos, y a su admiración por su régimen. La charla se interrumpió con la llegada de los dignatarios.          

 

2 Responses

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