El Vuelo de la Oruga. Silviano Martínez Campos

FANT.15- EL VUELO DE LA ORUGA

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EL VUELO DE LA ORUGA

Silviano Martínez Campos

LA PIEDAD, 23-26 de Diciembre, días navideños.

—Cuando más necesitaba, me abandonas. Y ahora vienes, suplicante, que escriba sobre ti: ¡Me decepcionas!

— ¿Quién abandona a quién? ¿Qué no lees GUIA? Hasta el alto funcionario de alta casa, mexicana, de muy lejano origen pontificio ha decretado, en la solemnidad de la academia azteca, que ¡Fuera el Creacionismo de estas tierras! Salgo sobrando y has de saber que pensaba comentarte, por si acaso lo crees y lo asimilas, la opinión del científico inglés, aquel que augura , como plazo irreversible de doce años, para que esto no tenga más remedio. Así que no se puede, considera.

—Académico debe ser, el mexicano, d’esos de la religión alternativa, así sean ciencias, sistemas, nuevos liberalismos, nuevas edades o algo parecido. Pero no me hagas opinar en lo que no soy competente.

—Yo menos. Y no digo me hayas desterrado de la academia, aun cuando lo pretendas, ni de las iglesias aunque lo pretendas, pero me desterraste de tu vida y allí están las consecuencias.

—Bueno, eres Musa, o qué, porque en mi atrevimiento, he entrevistado a Dios, al diablo, a duendes y a microbios, pero no a entidades nebulosas que ni siquiera existen.

—Has dado en el clavo, pues ni siquiera existo.

—¡Conque a tu pueblo engañaste por milenios, si es que pueblo tenías y tienes tiempo!, si he de basarme en anterior supuesto.

—Son cosas del lenguaje y, en el “tienes”, está tu perdición. ¡Aquí me tienes!

—Reconozco el tener, no me desdigo. Tengo poder, tengo mi ciencia. Tengo dineros en las arcas llenas. Tengo saber, conocimiento, sucedáneos que mitigan mis fatigas, tengo mucho poder, te tengo a ti, te tengo, ¡Y tengo!

—Tienes mucha razón, lo tienes todo, menos a mí muchacho presumido, que te lo expropias todo. ¡La regaste!: Guerras de religión, debates turbios, cruzadas bendecidas o en mi nombre pero yo estaba allí, aun cuando no en decretales ni en espadas ni en cañones ni en metrallas ni en las bombas (tontas o inteligentes), sino en el hombre que sufre que desangra, en sus cuerpos, en sus almas.

—Trambuluqueado estoy y no comprendo: compresto eres Musa, eres microbio. Te disfrazas de duende, hada y en ángel, y hasta de extraterrestre. Si no fuiste creador ¡Qué fuiste, entonces! Y si esto sabías iba a pasar, ¡Pa’qué me creates!

—No llores muchachito, has de guardar tus lágrimas. Acepto tus lamentos y plegarias. Pero acuérdate de Job, ¡Cómo le fue por exigirme cuentas! Contigo estoy de siempre, no me rajo. Y pido, te suplico, reproduzcas, aquella la oración que te apenaba, porque creías que no era pertinente para el Dios de las alturas que soñabas. Pero el Dios que confiesas no se raja, está contigo donde quiera existas, te acompaña en tus penas y en tus gozos y renace y renace por lo siglos.

—Me vuelves confianzudo, así ya cambia. Pero si tú lo quieres, sale y vale. ¿Resabios maniqueos, tal vez gnósticos y todo recogido a lo largo de mi historia destemplada? Los fragmentos aquellos ¡Qué atrevidos!, en el 73. Los mismos, lo aseguro, lo prometo, y de paso les doy su remozada:

PADRE NUESTRO QUE ESTAS EN EL CIELO. Padre nuestro porque creemos que lo eres. Tú generaste la explosión inmensa que según los astrofísicos fue el principio de la materia y después en espiral ascendente tejió las maravillas del cosmos, desde la micromolécula hasta el microcosmos de conciencia que es el hombre.

“Tu nos arrojaste a este remolino de vértigo que es la vida y nos lanzaste a una aventura dolorosa. Nos hiciste inmensos porque colocaste dentro nuestro tendencia insaciable de conocer, de amar y nos has dado potencialidades inmensas de amar (o de odiar) de crear (o destruir)”.

Padre eres de la madeja aún no desecha del microcosmos del átomo y eres padre también de la célula que lleva en sí la vida y engendra vida. Padre eres, porque no tienes prisa, de los primeros microorganismos que despertaron azorados a la vida en la inmensidad de los océanos vírgenes allá en aquellos tiempos para nosotros lejanísimos. Padre eres de los peces que salieron a tierra firme y transformaron sus aletas en patas y sus branquias en pulmones para respirar el aire aún no contaminado por la creatividad del hombre.

Padre eres de aquellos monstruos biológicos que llamamos dinosaurios y padre eres de los cuadrumanos de los cuales nosotros dependemos por parentesco en millonésima generación. Padre eres también de las plantas y de las piedras, de los metales y de las montañas, del agua y del fuego, de las estrellas y de sus planetas y sus posibles habitantes, y de las galaxias y sus posibles confederaciones de sociedades inteligentes.

Como padre te manifiesta en todo proceso viviente o no viviente; en todo fenómeno social. Como padre te manifiestas en toda convulsión humana desde los tiempos de la vida de las cavernas hasta la edad en que el hombre ha amasado el uranio y el hidrógeno respondiendo a esa tendencia que le diste de crear (o destruir).

Padre te manifiestas en este tiempo doloroso para nosotros en que nos agitamos presas de la desorientación y muchos hemos perdido la fe en la vida pero otros muchos nos renovamos y reorientamos nuestra mirada hacia el nuevo hombre, el hombre cósmico.

Padre nuestro eres (pues nos has dado como herencia todo un cosmos donde habitas) PADRE NUESTRO QUE ESTAS EN LOS CIELOS.

Estás en los cielos, en el cosmos poblado de galaxias, desde el centro a la periferia del Universo, rumbo a los cuatro puntos cardinales del Universo.

Nuestro cielo comienza en la tierra, en este pequeño planeta al que bautizamos con el nombre de Tierra; pero tu cosmos no tiene “fin” aunque tuvo principio. No tiene fin para nuestras miradas porque los juguetes para escudriñarlo que hemos inventado están a la medida de nuestra miopía. Pero medimos su esfera con el metro de la poesía y del arte Llenas el Universo, como se ha dicho. Llenas nuestro globo y te manifiestas en cada pedazo de materia inorgánica u orgánica. En los mares y en las altas montañas, en los desiertos, en las selvas, en las llanuras, en las pequeñas poblaciones primitivas, en las grandes concentraciones urbanas y ultramodernas de lo que nosotros llamamos Europa, América, Asia, Oceanía o Africa.

Permaneces entronizado en las demás estrellas, que por millones se organizan en torno a nuestra Vía Láctea y tu cosmos se extiende más allá, a distancias que nosotros medimos en millones de años luz pero que tu las ves y las percibes fuera de nuestro tiempo y de nuestro espacio, porque trasciendes tiempo y espacio.

“Eres el Señor en la Nebulosa de Andrómeda, en la Nube de Magallanes y en las galaxias alfa, beta, gama y omega. Eres el alfa y el omega porque eres el principio de todo y eres el fin de todo. Los cielos con sus astros proclaman tu gloria. Nosotros te glorificamos, y por eso aspiramos a que sea SANTIFICADO TU NOMBRE

Nombre indefinible. Absoluto porque no alcanzamos a percibir lo infinito por nuestras miradas limitadas; y te llamamos el Altísimo, porque te consideramos lejos, muy lejos de nosotros, porque nos falta la fe y no reparamos en que estás dentro de nosotros porque tu Espíritu nos alimenta y dentro de ti vivimos, nos movemos y existimos, según dice de ti s preclaro mensajero. También te llamamos el Señor y Dios y el Eterno y Motor Primero, la Materia. Te buscamos.

Tu nombre ha tomado diversas denominaciones dentro de la memoria mágica de generaciones y generaciones que te han temido o te han amado. Y eres Alá, Hitzilopoztli, Ahrimá, Astarté, Jehová o Quetalcóatl, Materia, Cosmos, Indefinido. En todos tus nombres se encuentra la angustia y el interrogante del ser que sufre y pide compasión o del ser que goza y se proyecta (en sublimación).

Santificado sea tu nombre, tu mismo, ahora y hace miles de años y dentro de miles de años más mientras haya hombres y dentro de millones de años mientras haya aún seres inteligentes en el cosmos pasando por su definitiva creación; y millones de millones de años multiplicados hasta el infinito sin límite ninguno, cuando ya no haya hombres sobre la Tierra como los conocemos y cuando ya sobre ningún planeta ni estrella ni constelación ni galaxia haya seres en proceso de perfección, sino todo se haya consumado en ti, para que seas todo en todos, como dice tu mensajero, cuando HAYA VENIDO SOBRE NOSOTROS TU REINO.

Reino ciertamente aún lejano, pero que comenzamos nosotros mismos a construir, con tu ayuda, sobre la tierra. Pero ves cómo nos resistimos a construir tu reino. Tu en la persona de tu hijo Jesús te manifestaste a nosotros y nos enseñaste lo que es tu reino, “donde hay muchas moradas” para todos.

Pero hay entre nosotros resistencias no sólo a construir el reino, sino también a considerar factible que ese reino pueda construirse y aún, que pueda existir. Hay pánicas resistencias a construir tu reino entre quienes creen que la verdad absoluta se ha descubierto ya y que son los poseedores de la misma. Otros nos resistimos a construir tu reino de justicia, aun cuando nos confesemos seguidores y la Tierra está llena de injusticia.

En cambio, ves qué lejos está de venir tu reino de justicia: el hambre amenaza a millones de hombres a quienes se ha dicho no se preocupen del alimento, porque los pájaros no trabajan y bien que friegan en siembras y cosechas hasta invadiendo la propiedad privada, y bien que comen y beben.

Cuántos millones vegetan sin porvenir, sin alimento ni vivienda, víctimas del despotismo, tratados como cosas cuando debieran verse como centros de conciencia que de alguna manera te refleja en tu imagen.

A pesar de todo necesitamos, sin embargo, acelerar la construcción de tu reino que es don. Aún así, en el aquí y ahora, que las estructuras de poder, y esto parece una utopía, se pongan al servicio de todos pero no sólo en servicio de clanes, castas, mafias y grupos del poder o el del dinero, manejados tal vez por los imperios que ahora se disputan la Tierra.

Aspiramos también a que líderes de la política conciban al mundo con visión planetaria de promoción humana, pero no experimento para sus pretensiones de poder y de dominio. Y queden en los archivos de la historia las pretensiones de imperios únicos y llegue el imperio planetario, el de todos, pero sin hegemonías ni ejércitos privados, sin bancos del dinero usurpadores de los bienes comunes ni bancos de datos que niegan el saber y fomentan las ambiciones de poder y dominio y ven al hombre de carne y hueso como ficha, cifra, referente estadístico y no corazón que al amor aspira.

Que se vea al cuerpo como recipiente del amor y de la ciencia que articula al Cosmos, y no esclavo de rufianes que lo insultan con sus manejos violentos y artilugios que lo instrumentan para ganar dinero.

Que tu reino empiece a establecerse en cada uno de los países que conforman la Tierra, los desarrollados o no, los ricos y los pobres, los que hoy por hoy se organizan conforme al sistema capitalista o su tendencia se llama socialista. Los que hablan en griego, hebreo, o latín transformados una vez que el Espíritu sopló tanto en el Hebreo como en el Griego, o en el país del Lacio, en lo que hubo y hay en todos, de humanismo.

Lo sabemos, Señor, que el implante de tu reino en estos términos y tierras, es difícil y lento. De todas maneras, que venga tu reino a través de la ciencia y de la técnica, en los avances cada vez más acelerados en sus descubrimientos, hasta que no quede rincón de la Tierra que no haya penetrado el ojo, oído, el tacto, el olfato y el gusto de la curiosidad humana.

Que no quede partícula desconocida por nosotros y tampoco rincón alguno inexplorado dentro de la entraña de la Tierra y dentro de la entraña del mar y sobre la superficie de la Tierra en sus montañas, sus praderas, sus desiertos y en sus lagos y ríos y en sus superficies desoladas por el hielo, o las arenas.

Que el globo terráqueo sea tan transparente para el hombre como lo es un cristal. Y que no quede, después, ningún rincón ignoto para el hombre en torno a su Sol y sus planetas y tampoco enigmas en torno a su Universo, las estrellas próximas y lejanas, las nebulosas cercanas y lejanas.

Que conozcamos si definitivamente, como lo creemos algunos, tu Universo está poblado también, en todos sus rincones, por seres vivos e inteligentes, en mayor o menor proceso de crecimiento, vale decir, de su creación definitiva, porque evolución y creacionismo, teorías siempre de aproximación a lo que creaste, nunca, nunca ni ahora, serán definitivas.

Porque el miedo, el temor y el asombro ante lo que tu creaste, nos hicieron sembrar de inquisiciones y pesquisas para causar también miedo y temblor entre tu pueblo. Pero ahora también los miedos, no a la ciencia, hacen temer que sí, que eso era cierto, sí tuvo principio, sí fue creado y ciencia y fe no son adversas porque los big-bang, los agujeros negros, innumeras galaxias y a lo mejor innumeras creaciones, signos todos lo son de que tú Existes.

Que dominemos, pues sí, sin trastocar designios, a todo tu Universo aun cuando deban pasar años por millones y millones y la naturaleza que nos diste, por obra tuya y fidelidad nuestra, se encuentre mucho, mucho transformada y las formas humanas conocidas en este siglo XX, y en el XXI, ni rastros de ellas haya y entonces pululen por el Cosmos seres cuyos ancestros nacieran aquí, en este vivero de los hombres libres, por cuanto herederos del universo mundo.

Y entonces, Señor, aun cuando habrán pasado millones de millones multiplicados al infinito, habrá venido tu reino. Mientras tanto, desde ahora, construyéndolo, contribuyendo contigo a construirlo, deseamos que venga a nosotros tu reino, pero no, no la nuestra sino que HAGASE, SEÑOR, TU VOLUNTAD, ASI EN LA TIERRA COMO EN EL CIELO.

Prendiste en nosotros un foco de conciencia que no podrá apagar nadie. Muchos consideramos, sin embargo, a tu obra como absurdo. Pero diste conciencia a los humanos, aspiraciones que cultivan la utopía, pero la fragilidad impide realizarlas.

Qué es la Tierra, y suena a bíblico, sino una pequeña cárcel dentro de nuestro Universo inmenso. Hacemos apenas intentos para sobrepasar la placenta de nuestra Tierra y hemos logrado un poco, acercarnos apenas a la ventana de tu Cosmos.

Nuestro cuerpo es sacudido por la llamada a la unión, pero es copada por la limitación propia y del otro. Imbuiste en nuestro corazón (así expresamos nosotros nuestra emotividad y sentimientos), una inclinación irresistible a amar y ser amados, pero ya ves, qué dividido tu mundo. Nos desgarramos unos y otros, en la guerra desde que éramos tribus nómadas, en las selvas o en la arena, hasta que somos naciones; desde el pedernal, la flecha, el arco, hasta el cañón, el fusil o la bomba “inteligente”.

Nuestra sed infinita de amar o ser amado, no logra, a veces, traspasar el narcisismo, el clan o hasta la etnia, porque estamos divididos en sectores, en gremios o en clases. Tú trazaste las leyes de la marcha del mundo, pero nos hiciste libres de tal modo, que nosotros nos ajustamos, o no a ellas.

Si nos ajustamos, creamos ambientes llevaderos para gozo de todos. Si no, creamos, diseñamos, proyectamos y hacemos la guerra, usamos o abusamos de tus bienes y si el caso amerita, nosotros mismos podremos inmolarnos, mediante la fuerza del átomo, mediante el suicidio social o transmutar con nuestra química el mismo clima, ahora mediante su cambio drástico, por terrible reacción defensiva de la madre Tierra.

Por todo esto y más y porque permites que la historia humana se vaya gestando, con auxilio de participación directa del hombre, con suma lentitud y en medio de dolores, hágase pues tu voluntad en la Tierra. Y aunque muchas cosas nos parecen incomprensibles y absurdas, y no las entendemos, hágase, sin embargo, tu voluntad en la Tierra.

Y en los cielos: los astros, las estrellas con sus planetas y lunas, las galaxias y nebulosas, los hoyos negros que remiten a lo incomprensible, los universos paralelos y los reinos de los seres que en inconmensurable número pueblan lo creado. Ya sean lo que llamamos ángeles, ya sean los que llamamos alienígenas, ya sean universos de robots o máquinas o ya sean universos biológicos donde se siente, se ama, se goza, se canta, aunque de momento también se llore.

Que en todo el Universo, que surgió de la “Nada”, para nosotros oscura y que ahora ciframos en la matemática, en la ciencia, pero también en la intuición y en el canto, se cante la grandiosa, inconmensurable, admirable y bella explosión del Big-Bang. Y ya sea que tu Cosmos se extienda y se contraiga para cada vez en miríadas de millones de años y en cada eón hacer surgir nuevas, innumeras especies de ángeles, de hombres, que todos los seres, como en el cuadro de los cuatro Vivientes, te digan Alabado y que seas por siempre, siempre, el Santo, Santo, Santo. O sea por el contrario que el Universo haya nacido, crezca, se reproduzca y muera, de frío, o de calor, pero después de haber “expulsado”, en el acto creador supremo por tu Nombre, a miríadas y miríadas de vivientes para ponerlos frente a tu insondable misterio y sean plenificados así en, en el gozo y la acción permanente.

Porque serían visitantes, turistas de todos los cuatro puntos cardinales de lo creado y serían hechos así también el corazón del cielo, en contraste, y además, con universos robóticos, cibernéticos y automatizados, reales o imaginarios, por lo demás virtuales. Pero aún así, que todos los seres, como en el cuadro de los cuatro Vivientes, todos te digan bendiciendo por siempre, el Santo, Santo, Santo. Y entonces tu Tierrita, como lo dices en las tradiciones, habrá recibido el don de transparencia, y si ahora, obediente al “crece y multiplícate”, también se vuelva dócil al “obra la justicia”, y el pan a ti solicitado sea debidamente agradecido y por eso mismo se comparta, habrá recibido entonces para siempre el prometido Pan del Cielo.

—Allí está, mi Musita misteriosa de los vientos y pregunto, si ha de merecer mi comentario alguna opinión profesional desde tu esfera.

—Megalómano, sí, también Narciso. Navegas demasiado en las alturas y así te desentiendes lo inmediato. Crees que si traspasas universos, sofocas con palabras y con frases tu real acontecer y tu miseria. Opinas que las cosas de tu vida se extienden hacia esferas planetarias.

Proyectas hacia tiempos infinitos tu finitud tan dolorosa y triste.

Expresas en liturgias luminosas la oscuridad de tu conducta tibia.Remites al Big-Bang evolutivo tus rechazos a tesis creacionistas. Exaltas la creación evolutiva, para eludir plegaria y compromiso. Adoras los esquemas de tu ciencia, para copar pasión y sentimientos. Exaltas discurrir en positivo, para eludir la exultación y el arte. Te afianzas en la sombra de tu Padre, para negar el regazo de tu Madre. Te asomas a fronteras invisibles, y luego renegar de lo visible. Espero que segunda parte, mantenga tu atención en lo concreto: si de veras compartes pan que pides y perdonas de veras las ofensas, si has sorteado el sinfín de tentaciones y si aceptas en verdad al Bien que te libera.

Como digo una cosa, digo la otra y no lo publicites: el afecto que nace, nunca muere; haré realidad tus sueños nobles; si quieres ser creador, creador eres; navegante serás si así lo quieres, por insondables mundos misteriosos; si apeteces amar, serás amado; si quieres poseer, el todo es tuyo. ¿Rey quieres ser?, tendrás tu reino. Vida quieres tener, la vida es tuya. ¿Inmortal?, por supuesto, no menos de’eso. Pero está con cuidado: desde aquí, más no del todo en esta esfera. Pobre sería la oruga si volara, antes de que fuera mariposa. Después de Navidad vienen las cruces, después viene la Pascua de la Vida. Nada es tan fácil. Los dones se regalan pero no “gratis”. Los dones caen del cielo, pero para apararlos, de veras, te lo digo, no se vale el estar adormilado pero sí vigilante, despertado.
(Publicado en GUIA, Semanario Regional Independiente, Zamora, Mich., México, VENTANAS, 2—3 B, 1 de Enero del 2006)

Reproducido en Mi Ziquítaro, Silviano’s Web 2

 

 

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