CORRUPCIÓN DE LA DEMOCRACIA. Salvador Flores LLmas

A c e n t o

Corrupción de la democracia

SALVADOR  FLORES  LLAMAS

El avance de los medios de comunicación, aprovechado por la propaganda política, ha creado personajes mediáticos famosos que, sin sustento real, sorprenden y engañan a los ciudadanos y al pueblo en general.

Candidatos, presidentes, gobernadores y legisladores destacan mediante ese ardid, con empleo de recursos públicos que pagan los causantes, a los que se  deslumbra y sorprende.

Mucho se habla de carisma, cuando en realidad se trata de una fama creada por esa vía, no por cualidades de los personajes sino por el machaqueo de sus dichos, hechos y poses, que les dan una celebridad ficticia y redituable políticamente.

Algo parecido ocurre con los miembros del espectáculo, que siempre se han desvivido por ganar espacios en los medios escritos y electrónicos, que les reditúan fama, contratos y dinero.

Tal vez disguste a los políticos la táctica del “que hablen de mí, aunque sea mal, pero que hablen”, usual en los faranduleros, porque les enfadan las maledicencias en su contra; aunque a veces les favorecen y acrecientan su fama.

Este renglón se convirtió ya en una industria con una serie de operadores: comunicadores, publicistas, publirrelacionistas y cabilderos; unos cumplen su cometido, otros son meros simuladores o expoliadores de los personajes en cuestión.

En las campañas políticas se logra proyectar a gentes con contenido nulo y aun negativo, para asaltar democráticamente los cargos de elección, y eso se traduce en que dichas personas llegan sin la preparación y capacidad adecuadas y pueden resultar un peligro para la sociedad.

El imaginativo social tiene presentes estos casos, si bien no denunciados, sí deplorados y de pésimas consecuencias para la comunidad, pues siembran desconfianza en la democracia, no porque ésta sea mala en sí, sino porque se le aprovecha perversamente.

La ley electoral prohíbe usar dinero público en publicidad electoral y que candidatos y partidos contraten publicidad electoral directamente, y ordena a la autoridad respectiva asignar las pautas publicitarias y echar mano del tiempo oficial de que se dispone en los medios, para ello.

Hay gente muy ducha en burlar tal disposición, y a veces por incapacidad y aun complicidad, se hace de la vista gorda, pero no es imposible descubrir las tretas usuales, por más ingeniosas o novedosas que sean.

Esto se debe a la partidocracia que padecemos, donde los partidos son juez y parte de esos hechos, se protegen a sí mismo y no permiten los sancionen

Estos y más hechos empujan al abstencionismo, que favorece a los partidos, al disminuir los votos necesarios para el porcentaje que deben lograr para conservar el registro, el subsidio y prorrogativas, que hacen de esos núcleos auténticos negocios, personales o familiares.

Constructivo será cobrar a partidos y candidatos las jugarretas que cometen contra el pueblo mediante el voto, papel básico de la democracia, pues se les obligaría a gobernar en beneficio del pueblo, lo que siempre prometen, no de sus intereses particulares.

Sólo así daremos sentido a la alternancia política y habrá transparencia en el manejo del erario, y la rendición de cuentas será real, no una más de las promesas incumplidas que hacen los políticos para seguir enriqueciéndose, ante un pueblo cada vez más pobre y desesperanzado.

ANÁLISIS A FONDO. J. Francisco Gómez Maza. UNA LIMOSNITA, POR PIEDAD

Lun 17-03-14 

Francisco Gómez Maza
Análisis a Fondo: Una limosnita, por piedad
 
 
·         Seguro, el seguro de desempleo
 
·         Ah, y también la pensión universal
 
 
Los mexicanos somos regateros. Todo, en México, se hace a medias. La morcilla la hicimos moronga. y los políticos, la “representación nacional” que sólo se representa a ellos mismos, son los más barateros de esta rusticatio mexicana.
El más reciente caso es la dádiva que están a punto de legalizar para los trabajadores que son echados de su fuente de empleo. Que se quedan en calzones y a mitad del arroyo. Quieren imitar a los epulones que riegan migajas en el suelo para sus perritos.
Cuántos mexicanos se debaten entre la pobreza y el desempleo, o entre el empleo injusto y la pobreza. Sólo hay que dar un vistazo a las legiones de seres humanos inconexos, de ojos de perrito muerto de hambre, que se montan en los carros del ferrocarril urbano, que por cierto está haciendo agua con la transa de constructores y gobernantes de la Línea 12 del metropolitano. Acá le llamamos Metro.
Pinchurriento salario mínimo que aprobarán, quizá este martes 18, los diputados de la LXII Legislatura. Y se cubrirán de gloria porque, hasta ahora, gobiernos iban y venían, y los desempleados subsistían (subsisten) de puro milagro. Ese pinchurriento salario mínimo seguramente les servirá para vivir. Tiene que ajustarles. No hay de otra sopa. Desempleados, sólo están al arbitrio de quien, entre los parientes, se compadezca de ellos. Ahora, por lo menos, tendrán alguito. Menos empleo, porque la situación económica del país no da para más. Bueno, sí da para los más ricos. Para los ricachones. Y para los políticos, por supuesto.
Según la contabilidad oficial del Instituto Nacional de Geografía y Estadística, El desempleo alcanzó casi los 3 millones de personas, en el tercer trimestre del año pasado. No hay cifras oficiales del año que está corriendo a la velocidad de la luz.
Pero tan grave es la situación de la economía llamada formal, la que paga impuestos al Sistema de Administración Tributaria, que legiones de trabajadores desempleados se han tenido que refugiar en la economía subterránea, la que no paga impuestos. El año pasado, y mejor dicho en los primeros nueve meses, todas las modalidades de empleo informal sumaron unos 30 millones de personas. O sea, el 60 por ciento de la población ocupada. también según la poco creíble contabilidad del INEGI. No sé por qué no le creo a los medidores oficiales. Por qué será…
Pero bueno, esos 30 millones de desempleados y que ganan una piscacha en la economía informal, no están inscritos en el seguro social, no tienen servicio médico y menos las otras pinchurrientas prestaciones, y menos derecho a la jubilación. Por lo tanto, no serán sujetos del seguro de desempleo. En el seguro hay inscritos unos 14 millones nada más. Digamos que están asegurados.
En fin, que los diputados ya decidieron, no obstante que, como ocurre siempre, hay descontento entre patrones y trabajadores con el seguro de desempleo. “Sale Beltrones en defensa del seguro de desempleo”, es el titular de Análisis a Fondo Diario. Asegura Manlio Fabio Beltrones que la pensión universal y el seguro de desempleo “son las medidas de mayor trascendencia social en lo que va de la presente Legislatura.” Y no dudo de que el sonorense esté convencido totalmente de que sus diputados están haciendo lo que deben hacer para mover a México, para que México ingrese de lleno en el club de los países de economía boyante, de pleno empleo. No lo dudo. Pero…
Siempre hay un pero que nubla la vista de los periodistas que cubren las sesiones de la Cámara de Diputados y del Senado de la República.
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ANÁLISIS A FONDO. J. Francisco Gómez Maza. ¿LA CORRUPCIÓN SOMOS TODOS?

La corrupsión, 1La corrupción, 2

Dom 16-03-14

Francisco Gómez Maza

Análisis a Fondo: ¿La corrupción somos todos?

·         ¿Y qué pasa con la Comisión Nacional contra la Corrupción?

·         La corrupción se inocula en el momento de la concepción

 

En tiempos de los gobiernos de la revolución, la filosofía del mexicano era la corrupción. Y es posible que haya sido desde que los españoles embarazaron a las indias. No eran, ciertamente, los conquistadores un dechado de virtudes.

Más acá, en tiempos de las dictaduras militares en América del Sur, la filosofía de los del sur era la hipocresía, sobre todo en Brasil, Uruguay y Argentina.

Los revolucionarios, los subversivos, tenían que fingir, simular. En el día eran ciudadanos “normales” – empleados de banco, profesores de la universidad, burócratas – y en la noche cogían el fusil para luchar contra las fuerzas de seguridad.

Cayeron las dictaduras y los brasileños o argentinos dejaron a un lado la simulación como inspiración de vida.

La corrupción continuó siendo la filosofía del mexicano. La corrupción somos todos, decíamos todos en aquellos tiempos en que el presidente Miguel de la Madrid puso en marcha su Renovación Moral.

Y pasan los años, y trascurren los sexenios; gobiernos van, gobiernos vienen; se quiebra el PRI y arriban los panistas – no les gusta que se les diga que son de derecha y menos que son corruptos; pues son de derecha porque les importa un pito la suerte de los trabajadores; el presente y el futuro de los más de 60 millones de pobres; y ahora están embarrados del estercolero de Oceanografía – y la corrupción continúa siendo la filosofía de vida de los mexicanos. El cañonazo de 50 mil pesos de aquel preclaro prócer, Álvaro Obregón. se ha abultado y ahora es de miles de millones de dólares.

Los más recientes ejemplos, producto de la mala educación – ¿somos corruptos desde que nos conciben nuestros padres? – son Oceanografía y Mexicana de Aviación. Pemex, la empresa de México, tiene la fama. Los líderes de los trabajadores petroleros gozan de ese indigno prestigio; los dirigentes del magisterio, igual; los líderes sindicales, todos; los gobernantes, los diputados, los senadores, los agentes del ministerio público; los jueces.

De vez en cuando, algún presidente dice que luchará contra la corrupción. Y deja La Silla, después de seis opíparos años, hinchado de billetes. El más directo fue Miguel de la Madrid Hurtado, cuya divisa fue aquella frase, convertida en burla, de “la renovación moral de la sociedad”. La corrupción somos todos…

Y es que los mexicanos somos corrompidos por nuestros propios padres, desde antes de que uno entre millones de espermatozoides fecunde un mínimo óvulo de la que va a ser nuestra madre. Los premios y los castigos. Si te portas bien, te doy. Te lo doy, pero no se lo digas a nadie; menos a tu padre.  

Y todo el mundo habla de que hay que acabar con la corrupción. Lo he oído desde que me inauguré de reportero, allá por la mitad de la década de los 60, Ya llovió. Y continúan hablando contra ella. Pero se ataca la corrupción de labios para afuera, y los corruptos continúan siendo corruptos y, lo más grave, son premiados; siguen viviendo en la total impunidad. Si acaso los meten en la cárcel unos cuantos años y salen limpios. El Ministerio Público, que tampoco se salva de ser calificado der corrupto, no sabe cómo sostener las pruebas que le presenta al juez, que tampoco se salva de ser tildado de corrupto.

En el fondo, más que la falta de rendición de cuentas y de transparencia, lo que está es la mala educación. Se nos educa para la corrupción. Hasta los resultados de los exámenes escolares, para copiarlos, son vendidos. Y no falta el cochupo al profesor para pasar la prueba incólumes.  

El problema de corrupción podría afectar las expectativas e impactos de las reformas estructurales, dicen los analistas del Centro de Estudios Económicos del Sector Privado. Y vaya que sí. En México, el país más subrrealista del mundo, todo ocurre. Hasta que haya ciudadanos honestos, o gobernantes honestos, o policías incorruptibles.

Los diputados no quieren hablar de la corrupción. Desde que el presidente Peña Nieto tomó posesión, está en la agenda la creación de la Comisión Nacional contra la Corrupción. ¿Otra renovación moral, al estilo delamadridista? Y en los corrillos legislativos nadie sabe qué pasará con ese asunto.

Mientras tanto, la corrupción continúa siendo la filosofía de vida de los mexicanos.

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