MOSAICO, 13-III-014. Más Mi Caminar, segunda parte.

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Martínez Campos, 13/III/014

GUIA

 

                                                          MOSAICO

                                              Silviano Martínez Campos

         LA PIEDAD, 13 de Marzo.-  LA PRESIDENCIA MUNICIPAL          acaba de revelar datos estadísticos sobre La Piedad, mediante los cuales nuestra ciudad (y municipio) no quedan tan mal parados en relación con otros municipios de Michoacán y acaso del país. Cifras y estadísticas por sí solos exponen comparativamente cómo es ahora esta población por lo cual, según se ve, hemos avanzados conforme a los criterios aceptados para hacer estas comparaciones.DSCN2462 El único desequilibrio que capto a vuela pájaro, es el de la población concentrada en gran parte aquí, en la cabecera municipal, en relación con el resto de las comunidades; pero ¡Oh consuelo!, eso se da en todas partes. Me parece adecuado y revelador el enfoque, pero sólo les faltó decir que este año cumplo 25 (veinticinco años) de residir en esta querida ciudad de mi región, ambas el ombligo del mundo, por si faltara poco, je, je.DSCN2461 ME PERMITO HACER una referencia pues, a mi propia persona,  porque la mera verdad, aparte de las estadísticas, el mundo se ve además a través de la propia perspectiva, por algo somos cada uno también, el ombligo del mundo Así es que recuerdo, aun cuando un poco desteñidos en la memoria, aquellos viajes desde Ziquítaro, mi ombligo del mundo primero, allá por principios de los cuarenta, primero en La Joven Bella, luego en El Ciclón y en El Amor Chiquito, transportes de aquellos de canastilla donde “ambos tres” corrían en la brecha, a velocidades “supersónicas”, por el ruido,  pero era normal en tiempos en que aún no se aceleraba el mundo. PARA MÍ ERA un misterio al percibir desde poca distancia, aquella gran cantidad de agua que decían era del río. Llegué luego a saber que tal era la abundancia de peces, bagre y carpa que se pescaba en sus riberas y luego los pescadores, con enormes pescados al hombro, recorrían los barrios al grito  mañanero cotidiano, de ¡Ay carpas!. DSCN2460Pero ahora el Río Lerma está muerto, y no es consuelo decir que en toda su cuenca y no es consuelo decir que hay otros ríos, aquí, y en todas partes, si no muertos, agonizantes. DE TODAS MANERAS, La Piedad creció y creció, en mi experiencia. La actividad comercial organizada, era de pocos: ahora están establecidas tiendas de autoservicio de categoría, funcionan sus dos mercados. La ciudad era pequeña, un pueblito según apreciaban algunos habitantes, con pocos barrios centrales: el centro propiamente dicho, La Purísima, Perros Bravos, El Santuario, Las Colonias (El Mercadito); ahora se extiende por los cuatro puntos cardinales. Los templos del Señor de la Piedad, de Guadalupe y luego el de El Carmen y ahora capillas en diversos lugares y, desde luego, más parroquias. DSCN2459La famosa escuela secundaria Rafael Reyes, en su tiempo considerada lo mejor en estructura educativa. Continúa valiosa, pero ahora abundan preparatorias, sucursales de universidades foráneas y sus dos instituciones de nivel superior, El Instituto Tecnológico de La Piedad y la UNIVA, La Universidad del Valle de Atemajac. Una inmensa y bien entrelazada red de carreteras que comunican hacia cualquier horizonte del  país. El tren (ferrocarril) de mi infancia, a través del cual viajaba de vez en cuando, en mis años escolares hacia la ciudad de México, a las once de la noche o volvía, a las siete de la mañana, quedó en el recuerdo. Carreteras ahora que enlazan con modernas autopistas. La Piedad, pues, ha cambiado y ojalá sea para bien, en estos tiempos tan acelerados. LOS “NUMERALIA” DE los censos, dicen que 99,576 piedadenses habitan en el municipio (o sea 2.3 de cada 100 michoacanos, son piedadenses. DSCN2457 De ellos 83,323 viven en la cabecera municipal y el resto en las comunidades rurales. De todos sus habitantes, 52.3 por ciento de los piedadenses son mujeres, el resto son hombres. Esto equivale a un total de 52 mil 84 mujeres y 47 mil 492 varones. En 2010, el municipio de La Piedad contaba con 194 planteles educativos. De los cuales 71 son escuelas preescolares, 89 primarias y 22 secundarias. Además, tenía 11 bachilleratos, una escuela de profesional técnico y cinco escuelas de formación para el trabajo. Las unidades médicas en el municipio eran 16 en el año 2010. Estos centros de atención hospitalaria contaban con 226 personas como personal médico, un promedio de 14.1 doctores por unidad, el promedio estatal es de 5.6. DSCN2458HASTA AQUÍ, ALGUNOS de los datos oficiales, conforme a los censos. Naturalmente, ni aquí, ni en ninguna parte, todo es miel sobre hojuelas. Habría de verse qué nos dirían datos relativos a población flotante, emigración hacia los USA, desocupación laboral, cómo andan las cifras de la violencia, problemas sociales como delincuencia, divorcios, hogares disfuncionales por aquello de ausencia (por razones laborales en todo caso), de los jefes de familia que trabajan en el extranjero. La Piedad es conurbada con amplia zona del municipio de  Pénjamo, Guanajuato. Se visualiza ya la región como Zona Metropolitana, lo que augura otra índole de cambios, además. (www.miregionmichoacana.wordpress.com )

(Fotos de Silviano, del huerto de Lupita)

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MI CAMINAR. POR LA SEGUNDA VEREDA

La Piedad, 5 de Enero de 2014.

A pocas horas de que la manecilla del reloj de los 78, entregue su relevo a la que sigue, ¡qué momento más oportuno para recordar!, un 5 de enero, cuando se cumplen los 79 y, lo más importante, se penetra, al atardecer, como no queriendo, en el túnel enigmático de los 80s.

El calendario formal, es lo de menos. El “calendario” del soñar, es lo de más. Y por eso unas horas más, daré vuelo a mis ensueños para contar, cantar, y quien quite logre salir de mi narcisismo y de mi “egocentrismo” y así poder decir algo a propósito de mi caminar, pero a la hora del atardecer, en el crepúsculo de la ancianidad y, por qué no, en la aurora del amanecer, si las cosas han de verse con Esperanza, según se vea o se sienta, conforme a las enseñanzas del caminar, pero éste comunitario.

         Bajo pues la escalera, hacia los sótanos del mí mismo, dijéramos, hacia mi propia subjetividad según lo prometido en MI primer CAMINAR, http://eltaller.us.es/index.php/MI_CAMINAR

 para incursionar en el país de los sueños, vale decir, del recordar. Y lo haré a manera de pinceladas, de aquí, y de allá. De aquí, como lo veo ahora. De allá, como lo presentía tal vez entonces.DSCN1406

Y en la mañanita del cinco,  y a las cinco cuarenta y cuatro marcada en el reloj de “pader” que me acaba de regalar GUIA (a ver si así mando más temprano mi material, digo yo) , y lo agradezco, vago por mis ensueños para contar de aquella vez en que se me apareció un monstruo. Y fue en Panindícuaro.

Siempre me han gustado las mañanitas, sobre todo campiranas. Siempre me han gustado las tardecitas, sobre todo campiranas. Y aquella mañana, no sé ni por qué, andaba por  Panindícuaro con mi papá Chon, a quien siempre me le pegaba en sus correrías de músico pueblerino, o a la hora de sembrar el trigo, o el garbanzo, en el potrero ziquitarense llamado La Ciénega, o simplemente a la hora de las cosechas del maíz, fuese en la milpa del Potrero de los Cerdas, ahora barrio, fuese en El Palo de la Llegada, o en la “pedacera” de parcelitas en El Guayabo, o en El Potrero Viejo.

Pero creo que en Panindícuro mas bien andábamos de turistas y no en planes de trabajo. Alguna encomienda de los afanes familiares, o tal vez alguno de los mandados, a los cuales era afecto el servicial de mi papá.DSCN1405

El caso es que sentí algo como escalofrío al oír con su gran intensidad los resoplidos del monstruo y quedé paralizado por el no saber y el no  poder, aun cuando quedaba en mí un dejo de confianza, porque en ese trance no estaba solo, sino bajo la protección de mi padre.

No alcanza mi imaginación para describir aquel monstruo de fauces indefinidas, rasgando con su presencia y lo blanquizco de su vaho, la oscuridad todavía de la naciente mañana.

Decían que esa bestia, ese monstruo, pasaba todos los días, y que brotaba de las tierras de Guanajuato para caminar asustando chiquillos por todo un trayecto que pasaba por donde dije, recorría en su chacachaca rodar pasando por Ajuno, cerca de Zirahuén, y no sé si llegaba hasta Uruapan.

Debió llegar, porque una vez, según decían, ya en las entrañas del monstruo, hubo necesidad de recorrer sus corredores intestinos para buscar dónde, el niño tragón, hiciera de la popo, lo que no logró por cierto, según decían, porque se  hizo antes y alcanzó por ello enérgico reproche. Y según decires chistosos de Trinillo, el sonriente vecino de parcela paterna, el dicho defensivo del niño aquel, era simplemente: nomás no me legañes Cana (mi papá). Es que en tal aprieto y al intentar pasar de un carro al otro, hubo el riesgo de que ahora me fuera imposible contar aquello, y no tanto porque me hubiera hecho antes de tiempo.

De todas maneras, guardo gratos recuerdos de aquello que me pareció bestia. Fue el primer medio de transporte que me llevó a México, cuando mi abuelo Vicente nos trasladó a Ramiro, Ramón y a mí, a Puebla, donde comencé, por no sé qué designios, mi internado educativo de seis años, para completar poco a poco la información que había captado en el librito que me regaló en Penjamillo la bendita madre Francisca, según dije.

De ese año en adelante, hasta bien entrados los cincuenta y creo que aún después, aquello que consideré bestia me trasladó también, en su seno, a recorrer mundo, las muchas veces que viajaba a la capital, desde la antigua estación de Santa Ana (le decíamos estación de La Piedad), o a Mexicali, la primera vez, ya de joven, con mi papá, ida y vuelta, pero el regreso en un trayecto que duró tres días, en asientos de madera. O al regreso de Morelia, ya con críos, en un recorrido de casi un día, hacia la ciudad de México, toda una excursión que nos permitió disfrutar de cuanta golosina se nos puso por delante por afanosos vendedores durante cada estación pueblerina, o  atisbar el misterio de por qué muchachos, en la noche oscura, por las inmediaciones de Tacuba, agarraban al tren a pedradas, antes de  éste llegar a la entonces nueva estación de Buena Vista.

Pero ¡Oh decepción!, se acabó el encanto de los trenes populares, luego que los afanes privatizadores los vendieron al negocio privado. Pero en el pecado llevamos la penitencia: ahora se considera que el ferroviario es un transporte ecológico, y se piensa volver a ellos, como en la vieja Europa, donde bien que funcionan. Aunque sea sin el chacachaca monótono durante los interminables recorridos contemplando desde la ventanilla el variopinto paisaje mexicano, con la tracción silenciosa del diesel o más aún, de la energía eléctrica.DSCN1373

Ahora me divierte, también por las mañanitas, el grito sonoro del tren que en su caminar bien hacia Guadalajara y más allá, o a Colima, grita, a todo pulmón, durante las silenciosas mañanas, al pasar por San Juan del Fuerte, como si dijera: mira, aquí estoy, todavía vamos juntos en el atardecer de la vida.

Cambio de frecuencia para decir que aquel día, o aquella tarde, no estoy seguro, y bajo el añoso mezquite de la casa que fuera de papá Vicente y mamá Petrita y luego de papá Chon y Mamá Benita, la casa del sufrimiento, jugaban los niños sus rondas infantiles, pero echando mano de las estrofas que, según voz familiar, eran de la autoría del cuando niño,“poeta” Silviano.

Miry, Flavia, Gabrielita y otros de la ronda familiar, danzaban va y viene, a la manera del Matarili, pero entonando el Cabudedos, Cabudedos, Cabuderos; Los Mecates, Los Mecates, Los Mecates; Sani Sani, Sani Sani, Sanisantes. Era tal el alborozo infantil que Chon les llamó la atención considerando tal vez que era una especie de profanación al estro del susodicho poeta. A mi desde luego me parecía toda aquella inventiva infantil de la chiquillada, una feliz ocurrencia.

No tan feliz, ni tan infeliz, aquella versificación habría de retomar otras dimensiones, al casi engarzarla con el cantar de altura del músico Rossini, en su crescendo de la obertura El Barbero de Sevilla.

Decían las crónicas familiares que al niño Silviano le dio por cantar, en los albores del despertar a la vida social, unas estrofas tan “originales” y tan “extensas”, como lo arriba mencionado. A uno de los muchachos de la buena, servicial, alegre familia Duarte, vecinos en la casita del Llano, se le ocurrió dotar al referido “músico-poeta” del instrumental necesario para su desempeño, y fue como le improvisó con un leño largo, un tololoche, y con cordeles de lazo, las cuerdas. Y así, con su gabán bien puesto y su flamante tololoche, cantaba y cantaba el  Cabudedos, cabudedos. Así decían.

Días vendrían cuando durante una postración de esas que hacen mella, el tal cantito recobrara vida y luego se le colgara al más profesional y desde luego mejor articulado del crescendo referido, para expresar indecibles mociones que también, por sublimes, marcan vidas y despiertan añoranzas.

Fantasías posteriores en busca de explicaciones, habrían de jugar con los números de la aritmética, al recurrir al cuatro del ritmo dominante, que mitologema, en determinadas tradiciones significa ni más ni menos, que lo universal existente. La mente intelectualizada inventando conclusiones que en el sentir de un niño era simplemente divertido “cantar”.

Cambio de frecuencia para decir que durante las correrías infantiles de vaquerillo, no había más quehacer que atajar las reses para contenerlas en el pastizal que uno considerara mejor; y en el interin, usar los paredones a manera de resbaladillas, dizque nadar en la tinaja del tiempo de aguas, improvisar la fogata con leña de tepame, palodulce o de perdida del modesto casahuate, cantar o componer versos.

Esto del cantar y componer versos, es relativo, porque de recordarlo, sólo intenté  hacerlo una vez, con  una “composición”, tan original, tan original, que la bauticé como La Guaracha y no sé por qué, sería con el afán de darle compañía al guarache. El caso es que en mis ratos libres, cante y cante, camine y camine por los campos que duraron días, hice la referida “composición”, cuyo texto quedó en los archivos de la memoria, pero ¡Oh Curiosidad!, al tratar de desentrañar después los intríngulis de aquello, resultó cifrado, con el 4 como referencia del universal existente y el total diez, como la plenitud de plenitudes, según determinadas tradiciones, de reminiscencias apocalípticas.

Ganas de hacerse tarugo, porque si a esas vamos, especulando sobre eso, todo está cifrado para enseñarnos a caminar según los diseños de la vida realmente existente, a fin de completar la plenitud que vendrá, pero ese, en realidad, es el verdadero cantar, el cantar de los cantares. Y cualquiera lo puede percibir, si se abre al gran libro de la naturaleza, ahora amenazada por nosotros mismos, que somos también de la familia de los vivientes, o dicho de otra manera, de la familia de lo realmente existente.

Pero aquello de las mociones, u ondas que interrumpían mi discurrir de niño, y que se dieron durante algunas temporadas, no pasaban de ser elucubraciones infantiles, que mi persona vaqueril interpretaba simplemente como “otra figura”. Pero eso nos sucede a todos cuando hacemos paréntesis en el mundanal ruido y nos dejamos llevar por las mociones (o susurros imaginativos) que nos regalan el amor, o el afecto, la admiración o el respeto,  sea a una persona, a una planta, o a un animalito.

Lo que sí digo, y esto sin cambiar de frecuencia, es  aquello de la estrellita y el grillo, que de alguna manera he contado en otras oportunidades de mi modesto escribir. Pero, por lo demás, no es cosa de buscarle rebuscadas explicaciones a lo que puede ser común en el ambiente campirano en un niño que contempla el firmamento y sus estrellas. Y no son deseables los apagones, pero durante ellos, el hombre urbano bien podría contemplar el cielo y remembrar sus nostalgias del paraíso perdido.

HPIM1859El caso es que serían los seis o siete años cuando aquella noche vi las estrellas, en particular alguna de ellas que me llamó…la atención, pero al mismo tiempo escuchaba un grillo cantador. En mi mente infantil, no disocié al grillito por aquí, a la estrellita por allá, aun cuando creo le daba su lugar a cada una de las criaturas mencionadas.

Porque en un momento, creí que grillito y estrella cantaban y brillaban (tintileaban) al unísono. O más bien dicho, la estrellita en su intermitente tintilear, expresaba, al grillito, en su intermitente canturrear.

Será cosa de aprender a leer, en nuestro caso el homo sapiens civilizado, releer, a la naturaleza. Los científicos nos dicen ahora que no hay ser aislado en este Universo mundo. Ni átomos, ni estrellas, ni grillos. Nuestra edad es la misma para todos, unos 13,300 millones de años, poco más o menos; somos una familia (la Creación) y a ella pertenecemos y nuestro destino es compartido.

También se dirá que la raza humana, la única, con sus admirables matices,  tiende a su unidad; pero si no se une realmente, se destruye y esto no es juego, ni mucho menos retórico.

En eso del bailar, lo digo con franqueza, no soy modelo, ni me considero serlo en nada. Los internados de antes, en eso y en algo más copaban, pero además condicionan los propios temperamentos. No es desdeñable, sin embargo, que de todas maneras lleva uno la música por dentro, porque eso le fue dado y no hay castraciones ideológicas que lo quiten.

Recuerdo bien que yo seguía, a Chon, músico pueblerino, en algunas de sus “tocadas”, en sus fiestas, y bien que se desempeñaba con el trombón. Y era cosa de ver y oír aquellos jarabes, del uso campirano entonces, como aquella vez en San Antonio Carupo, donde la chusma infantil se entremezclaba entre los adultos para vibrar al ritmo zapateado.

Y no era ni es  desdeñable aquella costumbre, en fiestas pueblerinas, de acompañar a la banda de música tradicional, aun cuando a veces sea un “privilegio” de alumbrados, o sea cuando a  uno se le han pasado las cucharadas, zapateando y al son que le toquen baila.

Son de recordar expresiones recientes, en otras latitudes, cómo todo un pueblo despidió a su líder (Mandela) con cantos y baile. Aquí, nosotros, disponemos según se cree de cientos y cientos de danzas. Somos, pues, un pueblo de artistas. Vale una especulación: ¿Sería el mismo México si hubiésemos recibido con danzas a los Papas, no sólo con discursos, y sintonizando con ellos en el mensaje que ahora se dice, es de alegría?.

El cambio de frecuencia me permite decir lo que llegó a decirse, en aquellos tiempos un poco turbulentos, a nivel  de pueblito, que un día llegó por los cerros de Ziquítaro un padre, posiblemente misionero, procedente posiblemente de Zamora, cabecera de la diócesis. No era raro que las misiones tanto de religiosas como de sacerdotes, fueran complementarias de acciones rutinarias dentro del esquema usual en estos menesteres de fe. Lo que me impresionó fue el hecho del caminar del misionero, quien según se decía, se regresó también, a campo traviesa, a pie, rumbo al lugar de donde había venido.

Eso debió impresionarme, porque muchos años después, luego que me llevaron de la plancha de operaciones a la cama de reposo, y ante la preocupada concurrencia de médicos y directivos del internado, se me ocurrió decir que sería misionero. Lo chistoso del caso, es que pretendía llevarme a la enfermera de compañera, a mi empresa misional, je je. El caso quirúrgico debió ser delicado, porque supe que un año después un compañero del internado, no sobrevivió a la apendicitis aguda. No me tocaba, si no, de seguro ni lo mencionaría ahora.HPIM1860

Es de dudarse si en la adolescencia los afanes misioneros no serán sino el deseo de aventura por países exóticos, antes que debidos afanes evangélicos.

 Ahora pienso que hay muchas maneras de ser misioneros, aún laicos. El caso es que abundan: misioneros que expresen algo, en pequeño, o en grande, en favor de la vida, amenazada por nosotros mismos. En todo caso, serán siempre biofílicos los designios de la Vida.

http://eltaller.us.es/index.php/FANT.13-_A2K_O_EL_ERROR_DEL_MILENIO

Cambio radicalmente de frecuencia para relatar lo que considero una experiencia subjetiva (y espero no sea redundancia entre los dos términos), la cual podrá interpretarse como se pueda o como se quiera, según enfoques, pero que la presento solamente como un acontecimiento síquico, en sus líneas generales  no borrado de la mente, a través del tiempo.

HPIM1877Soy consciente de que esto es un atrevimiento, pero va como lo sentí, lo viví, lo experimenté. En todo caso, no me siento, en torno a ello, ni único, ni exclusivo y caigo en la cuenta que, a pesar de todo, cada uno de nosotros, y todo lo existente, es un enigma siempre abordable, y desde la perspectiva creyente, un misterio de la vida.

Es un asunto para consignarse en libro, me expresó  alguna vez una persona autorizada; una especie de incursión en el inconsciente colectivo, acaso, le escuché a otra; y sé ahora, que en determinados asuntos, no se le pueden poner condiciones a Quien decide ofrecer un regalo…compartido. Al fin y al cabo, “nadie se vuelve loco por recibir un mensaje de  paz”.

Son, en todo caso, meras opiniones subjetivas en el fondo y,  en la forma, expresiones literarias si acaso, sin que de ninguna manera, y en ambas modalidades, me atribuya en ello competencia ni académica, ni autoridad en ninguna clase de investidura.HPIM1890

El no haberse borrado en lo fundamental, aquellas experiencias a través de las décadas, 39, 40 años, y al ser apreciado su contenido como algo bueno y por lo tanto con indicios de verdadero, es por lo que considero, he considerado, abordarlo por escrito (exclusivamente por escrito) de diversas maneras.

Admitiendo, como admito ser diletante, en las diversas cuestiones que abordo, y sin que tenga para mi ningún sentido referirme a circunstancias objetivas que hayan rodeado mi entorno de entonces, reconozco mis limitaciones de expresión y, al mismo tiempo, considero que todo aquello podrá decir algo a mis posibles lectores. Nada más. http://silviano.wordpress.com/2011/04/29/suenos-guajiros-rusticos-vi-silviano-martinez-campos/

Y si bien las experiencias comenzaron en el 74 y se prolongaron el 75, relato aquí el que considero episodio central de mis vivencias. Sueños Guajiros, pues, dicho a la manera festiva, reduciendo todo a lo que, a fin de cuentas, podría ser un episodio más de lo que miríadas de personas han aportado para la buena marcha de las cosas, en lo pequeño y en lo grande.

HPIM1891Ni qué decir que como ciudadano me inclino porque nuestro entorno social se oriente, en todos los niveles, por la justicia y la unificación humana. Y como católico, que el mensaje del Señor Jesús sea una aportación vigorosa en todas partes, para que se reoriente nuestra vida comunitaria igual en justicia y en la paz constructiva que salvaguarde la vida, tan amenazada hoy  por hoy, en todas sus expresiones.

Va pues mi relato (relato, dije, no crónica):

Era un día de octubre, media mañana. Bajé la escalera de mi pequeño departamento, en un cuarto piso y en uno de los recovecos vi un paquetito de Sal. Lo digo, para ubicarme. Había suspendido mis clases que daba sobre una materia quizás de título rimbombante como geopolítica de la información (agencias noticiosas y organizaciones relativas al periodismo en niveles no nacionales) y mis alumnos eran, sobre todo, muchachas, lindas por cierto.

Había dejado las clases por una especie de obnubilación que pude entender vagamente como enfermedad y los médicos tal vez sin vaguedades, la calificaban así.HPIM1899

Caminé por la calle de Edison, rumbo al centro de aquella desde entonces gigantesca ciudad de México. Poco antes de la alameda central vi los cristalitos del piso, activados en su reluciente esplendor, por el sol mañanero. Mi subjetividad transtornada los interpretó como estrellitas, estrellas reales de esas del firmamento, y luego como una proyección hacia lindas muchachas.

Aturdido como andaba, llegué a la Alameda central, la crucé por el lado frontal del Palacio de Bellas Artes, crucé la avenida Eje Lázaro Cárdenas, o Niño Perdido, sobre lo cual no me ha interesado precisar cuál era el nombre de entonces.

Tomé, en mi caminata, la avenida Madero, que comienza según creo recordar con La Torre Latinoamericana y sigue el templo de San Francisco. No recuerdo haber pasado al templo, el cual era de mi predilección  porque admiraba su interior, sobre todo aquellos grandes cuadros con motivos franciscanos. El templo, pues, dedicado a San Francisco, no me atrevería a decir santo de mi devoción porque en aquellos tiempos no me consideraba muy devoto, pero sí santo de mi admiración, entonces y ahora.

Continué mi caminata rumbo a Bolívar, obvio, por la banqueta, puesto que la calle no se abrió al peatón sino décadas después.HPIM1907

Poco antes de aquella calle mencionada, me sentí transformado en un ser bellísimo, cuerpo reluciente con los colores del oro, tornasol el cuerpo, tachonada la frente con diminutas joyas a través de las cuales y de la diadema que coronaba la cabeza, recibía mensajes luminiscentes de lo alto, o de lo profundo.

Creí no perder el juicio, porque no me atreví a cruzar la calle antes de que se pusiera la luz verde del semáforo. El de la voz me había “dicho”, respeto sus reglamentos.

Todo atolondrado giré hacia la izquierda y luego también a la izquierda por la calle de Tacuba, creo que así se llama. Y frente a la casa perfumada (una aromática perfumería) mirando al Norte, sobre aquellas edificaciones, llegué a creer que el mensaje también era para quienes destruyen la Tierra.

HPIM1912Seguí rumbo a la Alameda, me senté en una banca que miraba hacia un conjunto colonial de dos templos, plazoleta de por medio y, en el centro de la edificación, plazoleta de  por medio, uno como museo, o palacio artesanal, del cual provenían bellas piezas del folclore mexicano, algunas tal vez con temas de la revolución mexicana. En el momento en que escuchaba la música de mi tierra, de mi México, me invadía una tranquilidad, una paz indecible, con dejos de suave melancolía.

Me levanté de la banca, me dirigí hacia el Poniente y en las cercanías del templo de San Hipólito, pero todavía en la Alameda, me encontré a un colega zamorano, periodista muy activo entonces, de trato amable siempre conmigo, que interpreto como una característica de su talante y una simpatía innata en él, por el paisanaje. Me preguntó en torno de un accidente ocurrido tal vez el día anterior, en una de las estaciones del Metro. No se me ocurrió ni entonces ni después, averiguar en la prensa los pormenores de tal accidente, así es de que no logré contestarle con precisión, y no llegué a detectar si él detectó mi perturbación.

Allí había terminado mi vivencia, regresé a casa y de lo demás de ese día, de plano nada recuerdo. http://eltaller.us.es/index.php/FANT.3-_ENCUENTROS_CERCANOS

HPIM2017

          (Fotos de Silviano. La Piedad, inmediaciones)

 

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