LOS CORRUPTOS NO DEJAN FACTURA. Salvador Flores Llamas

A c e n t o

Los corruptos no dejan factura

SALVADOR  FLORES  LLAMAS

Frecuentemente el gobierno  promete que rendirá cuentas del manejo del erario, máxime cuando trata de aumentar los impuestos en el presupuesto anual, como ocurrió con la reforma fiscal, que trajo más gravámenes para los causantes cautivos.

Eso sólo puede creerse el Día de los Inocentes, pues empezamos por ver que los diputados, los encargados de aprobar impuestos, se despachan con la cuchara grande: dietas, partidas para asesores, premios por asistir a las  sesiones (o sea, por trabajar) y figurar en las comisiones legislativas (que aumentan cada día para sacarle más tajadas al pastel).

Además, seguros de vida y gastos médicos mayores para ellos y parentela, viajes frecuentes al extranjero y prebendas, como el moche que exigen a alcaldes, gobernadores y funcionarios por lograrles tajadas presupuestales.

Por si fuera poco, las fracciones legislativas reciben sus partidas, sus líderes las reparten a sus ovejas según se porten, se embolsan buen parte, y prorratean los sobrantes anuales, en vez de devolverlos a la Tesorería de la Federación, como deberían.

Los líderes camerales disponen de partidas fuertes: premian a legisladores, si siguen sus consignas, a colaboradores inmediatos y también a su propio peculio.

Todo libre de impuestos, pues para algo ellos aprueban las leyes. Y todavía cada diputado recibió 45 mil 522 pesos de retribución por piocha por los impuestos que pagaron en 2012 por su fondo de ahorro.

 

Por eso nunca prosperará la demanda de eliminar diputados plurinominales y senadores de lista o al menos reducirlos. Con lo primero aquéllos bajarían a 300 y los segundos a 96, en beneficio de los causantes.

Otro exceso del gasto corriente son los altísimos sueldos de funcionarios, que burlan la orden de la Carta Magna de ser inferiores al del Presidente de la República: ministros y aun empleados de la Suprema Corte y el Consejo de la Judicatura Federal tienen ingresos y aguinaldos fabulosos, seguros de vida, de gastos médicos mayores y jubilación con sueldo completo.

Ni hablar de las percepciones de los magistrados del Tribunal Federal Electoral y consejeros del IFE. También se reparten los sobrantes anuales y son otra alta burocracia privilegiada. 

Los magistrados del Tribunal Superior de Justicia del DF se duplicaron el aguinaldo y recibieron sólo en diciembre casi medio millón.

Los gobernadores no cantan mal las rancheras, además de no aplicar las partidas etiquetadas a sus fines concretos, hacer transferencias de fondos para desviarlos y obras con contratos amañados para obtener tajadas; de ahí su refrán favorito: entre más obras (hagas) más cobras.

Y aún hay más: consiguen créditos bancarios sin los debidos requisitos y se los embolsan. Que lo digan Humberto Moreira, Fidel Herrera, Armando Reynoso Femat, Marcelo de los Santos o Leonel  Godoy, ex de Coahuila, Veracruz, Aguascalientes, San Luis Potosí y Michoacán.

O que nos ilustren sobre lo que les dejaron sus nexos con las mafias. Y podría hablarse de jueces, ministerios públicos, alcaldes y jefes policíacos uncidos a ellas; detalle que no tomó en cuenta el expresidente Calderón e hizo fracasar su campaña anticrimen.

Manuel Velasco Coello y Rafael Moreno Valle, de Chiapas y Puebla, podrían darnos lecciones de cómo efectuar publicidad en espectaculares por todo el país, dizque gratuitos, pues tienen grandes amigos que los proyectan desde ahora para presidentes de la República.

Y en el DF cuántas quejas por pillerías de delegados, como los de Coyoacán, Tlalpan y San Ángel, que no prosperan porque los protegen capos políticos: Bejarano, Ebrard, el Peje o los Chuchos, y el jefe de gobierno no se echa esos trompos a la uña.

Con recordar lo archisabido: las mafias perredistas que privatizan el suelo del DF, exaccionan a los vendedores ambulantes y pasan corriente hacia arriba. Y algo muy navideño: el 14 de diciembre una marcha de payasitos, ambulantes y estatuas vivientes que trabajan en vías peatonales del Centro Histórico denunciaron que Leticia Barrios les quita 100 pesos diarios y aún más en esa temporada, por dejarlos operar, si no les echa la policía.

Aprendió demasiado de su madre, Alejandra Barrios, dizque ya retirada.

Toditito eso contrasta con el misérrimo aumento del 2.5% anual al salario mínimo de los obreros.

Ya dijo el orador pueblerino: si es mucho lo que digo, es más lo que callo. No vaya a ser que la chota se me eche encima, porque los corruptos no dejan factura para que no les caiga el SAT, porque no son tondejos, como dijo el general Obregón.

Punta final: ¿Imitará algún político nuestro a Michael Bloomberg, quien acaba de terminar como alcalde de Nueva York y cobraba un dólar por año y los gastos de representación y arreglo de su oficina salían de su bolsillo?

 

 

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