EL MICHOACÁN DE LOS CÁRDENAS. Salvador Flores Llamas

A c e n t o

El Michoacán de los Cárdenas

SALVADOR  FLORES  LLAMAS

La crisis de Michoacán no es ajena al largo tiempo que estuvo bajo control cardenista, que culminó con el desgobierno del perredista Leonel Godoy, quien se alió al narcocrimen, lo dejó que se apoderara del estado y heredó un desfalco de 38 mil millones de pesos. Todo con la mayor impunidad.

Esta ha imperado desde los años 20 del siglo XX, cuando Lázaro Cárdenas llegó a gobernador, tuvo varios interinos (entre ellos su hermano Dámaso), pues venía al DF a ocupar cargos federales; impuso luego gobernadores, a Dámaso de nuevo, que con la mayor desfachatez no vivía en el estado, cada 15 días iba a Morelia y se instalaba en el Hotel Alameda, recién estrenado.

Al menos de 1928 a 1962, los gobernantes tuvieron el cuño cardenista, que rompió Arriaga Rivera, enviado por López Mateos cuando se distanció del General; pero Arriaga estuvo a punto de caer por una protesta estudiantil (manejada por Natalio Vázquez Pallares, instrumento del Tata). Lo sucedió Gálvez Betancourt, muy parecido a Lázaro y aun se dijo que era uno de sus múltiples hijos.

Muerto el Tata, su viuda doña Amalia Solórzano logró que López Portillo metiera a la política a Cuauhtémoc y lo enviara de gobernador priísta (80-86). En 2002 llegó Lázaro Cárdenas Batel, ya como perredista, y lo sucedió Godoy.

El estado soportó 4 gobernadores Cárdenas (el Tata, su hermano Dámaso, su hijo Cuauhtémoc y su nieto Lazarito) aparte de los impuestos, que hacían lo que ordenaba el gran elector y cacique michoacano; en buen gobierno no se distinguieron aquéllos.

La crisis inició con la expropiación de las grandes haciendas, unas fueron a manos de políticos, otras repartidas a campesinos, sin capacitación, dinero ni implementos, y grandes superficies quedaron improductivas.

La gente emigró al DF y Estados Unidos, sobre todo, y los pueblos quedaron con sólo mujeres, niños y ancianos y se inició el regreso navideño, que hoy disminuyó por los ataques de las mafias.

Todavía Dámaso (1950-56) expropió una gran hacienda y la vendió a William Jenkins, y el General y descendencia (Cuauhtémoc) quedaron con enormes extensiones, donde no se abrían caminos y así se aislaron muchos puntos del estado, creció el cultivo de droga, era imposible llegar por tierra y cuando se asomaban helicópteros de inspección eran venadeados.

Eso fue levadura para los cárteles, que pagan a los peones buenas sumas por atender los cultivos, se convirtieron en sostenes de familias y se fueron afianzando.

Desde el sexenio de Cuauhtémoc se notó la presencia de mafias en Morelia y ciudades importantes; hoy invaden la mayoría, controlan y ponen jueces, jefes policíacos, policías, MP, alcaldes y aun funcionarios estatales.

Al iniciar su sexenio, Calderón envió al Ejército a Michoacán contra las mafias, a instancias de Lazarito, y le sirvió a éste de camuflaje. Eso llegó al máximo con Leonel Godoy, cuyo gobierno fue penetradísimo. Lo demostró la captura de 30 funcionarios, alcaldes, procurador, secretaria de seguridad pública, que era amante de Godoy.

Este les logró amparos con el juez Efraín Cázarez López (también amparó al narco-diputado Julio César Godoy, hermano de Leonel) pero fue depuesto y anda a salto de mata.

Osorio Chong, secretario de Gobernación y encargado de seguridad pública nacional con Peña Nieto, varió la estrategia en Michoacán: redujo fuerzas federales y las dedicó a tratar de disuadir con su presencia a los criminales para no afectar sus derechos humanos. Eso los reanimó y se extendieron a placer, pues está comprobado que si se les consiente toman más vuelo.

Los ayudó también la lenidad del gobierno de Vallejo, muy enfermo y con hijos ligados a las mafias, y que Jesús Reyna, sustituto de Fausto en los permisos que pidió para atender la salud y hoy secretario de gobierno, es concuño de Servando Gómez Martínez, ”La Tuta”, líder de los Caballeros Templarios.

Creció la inseguridad, la extorsión a personas y negocios, la penetración del mundo oficial y desesperación de la gente. Eso movió al Presidente a lanzar nueva y, al parecer, enérgica estrategia.

Nombrar jefe de ella a Alfredo Castillo (del primer círculo de Peña Nieto) fue un toque para Vallejo y Osorio Chong. El designó a José Martín Godoy y Carlos Hugo Castellanos, quienes lo siguieron de la procuraduría de justicia mexiquense y Profeco, nuevo procurador y secretario de Seguridad Pública de Michoacán.

Por desgracia, se duda que la estrategia sea la atinada, si no se obliga a las autodefensas a deponer las armas y hay control eficaz para los Templarios y cárteles en general.

El P. Gregorio López, de Apatzingán (que, parece, ya sufrió un atentado, por fortuna, sin consecuencias), señaló a sicarios de los Templarios disfrazados de periodistas, al llegar Fausto Vallejo a la alcaldía de Apatzingán el pasado domingo 12, y denunció a policías, militares, alcaldes, jueces coludidos con ellos.

El sistema de seguridad federal no puede ignorar estos hechos, clave en el fracaso  de los esfuerzos del ex presidente Calderón. Ojalá no se repita la historia.

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