MARCOS, EL GRAN MITO. Salvador Flores LLamas

A c e n t o

Marcos, el gran mito

SALVADOR  FLORES  LLAMAS

El 1 de enero se cumplieron 20 años que surgió el subcomandante Marcos y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, uno de los mitos de la izquierda que proyectó a aquél a una celebridad que tardó en declinar.

Marcos se rebeló contra el gobierno federal y amenazó con derrocarlo, y lo celebraron muchos fanáticos, que fueron disminuyendo hasta quedar unos despistados, que no dan su brazo a torcer por no confesar su equivocación.

El pretexto fue protestar por el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica. 

Poco a poco permea la versión de que fue un puñado de rebeldes, atraídos por Marcos, quien nombró comandantes y se adueñó de municipios de Chiapas, donde creó un área autónoma y prometió sacarlos de la pobreza, pero 20 años después se debaten en la miseria.

Una atinada estrategia propagandística dio a sus mensajes enorme difusión internacional; los medios nacionales peleaban por apoyarlo y ayudó a que   La Jornada, casi al nacer, alcanzara grandes tirajes y  un sitio envidiable en nuestro entorno periodístico.

No fue casual que Manuel Camacho Solís al acabar de perder la candidatura presidencial en manos de Colosio, fuera intermediario entre el gobierno y el EZLN, con el gran ascendiente local que tenía como yerno del exgobernador Manuel Velasco Suárez.

 Supuestamente arregló el conflicto, con mediación del Samuel Ruiz, obispo de San Cristóbal las Casas, pues algunos de los comandantes habían sido acólitos de éste.

De inmediato iniciaron las pláticas con sobrada demagogia, el conflicto se prolongó y Camacho lo dejó entrampado al irse de secretario de Relaciones Exteriores, y sobre todo a torpedear la campaña de Colosio, hasta que éste fue victimado en Lomas Taurinas.

Datos ciertos dicen que en marzo anterior el general Miguel Ángel Godínez, jefe de la Región Militar de Chiapas y otros estados sureños, cercó en un pueblito a un grupo de 30 levantados, con carabinas guiloteras y rifles de madera, resorteras y hondas y avisó al secretario de la Defensa, general Antonio Riviello Bazán, quien le había ordenado que lo hiciera con premura y le informara cuando antes.

Mayúsculo fue el desconcierto de Godínez cuando el titular de la Sedena le ordenó  liberar a los alzados, y al preguntarle quién lo había dispuesto así, supo que fue el Jefe Supremo del Ejército, el presidente Salinas de Gortari.

Es más, el secretario de Gobernación, Patrocinio González Garrido, que dejó la gubernatura de Chiapas al venirse a Bucareli, informó a detalle a Salinas de Gortari (su primo hermano político) sobre Marcos, y Salinas  le ordenó desentenderse del asunto.

Esto lleva a concluir que el alzamiento de Marcos el 1 de enero de 1984, día en que entró en vigor el TLC, fue un montaje de Salinas ante las críticas que recibió por negociar y firmar el tratado y le ayudó para que los gringos no vieran que podían hacer con México lo que les viniera en gana.

El artificio se prolongó años para algarabía de  los izquierdistas, hubo ires y venires, acuerdos y desacuerdos, y ayudó a que el EZLN se adueñara de unos municipios y diera pretexto a los gobernadores de Chiapas para exigir al gobierno federal millonadas, dizque para atender los problemas, gran parte de las cuales se fue a parar a sus bolsillos.

Como Javier López Moreno, Julio César Ruiz Ferro, Eduardo Robledo Rincón, Roberto Albores Guillén, y sobre todo Pablo Salazar Menduguchía y Juan Sabines Guerrero (sobrino del exgobernador Juan Sabines Gutiérrez) que amasaron grandes fortunas; uno estuvo preso, el otro escapó a Estados Unidos.

El actual, Manuel Velasco Coello montó tremenda campaña publicitaria  en Chiapas, el DF y gran parte del país, no sólo en medios informativos, sino en espectaculares y redes sociales, asesorado por Manuel Camacho Solís, su tío, quien le hizo creer el mito de que puede ser Presidente de la República, aunque desatiende los problemas de su entidad.

Marcos recibió también carretadas de ayuda internacional de personajes que lo admiraban -–como Danielle Miterrand, viuda del ex presidente galo Francois Miterrand– y alzaron la voz en diversos foros en favor suyo.

Ya la izquierda nos había endilgado el mito del 2 de octubre, que capitalizó de maravilla; los líderes ganaron cargos y canonjías del gobierno y gran celebridad entre fans e ingenuos, que perdura en cierto modo.

Como el montaje de los bloqueos contra la reforma energética, que López Obrador debilitó y partidarios extremistas insisten en revivir con protestas callejeras, una consulta popular y aun una controversia constitucional, que saben bien que legalmente no procederán, pero hay que prolongar el mito. 

Enumerar mitos izquierdistas sería prolijo, baste recordar que su cantaleta de luchar por los pobres cae a diario por los suelos, pues sus líderes viven a cuerpo de rey y sólo utilizan a los desvalidos como carne de mitin y para ordeñar presupuestos y alcanzar más prebendas.

Tal vez piensen que si se acaban los pobres, después que venden.

Eso es corrupción, aquí y en China, como la que se ha cansado de practicar uno de sus grandes líderes, René Bejarano, de quien  millones de mexicanos aún guardan la imagen de cuando se retacó el portafolios y los bolsillos con miles de dólares que le esquilmó a Carlos Ahumada.

Y “aún hay más”.

Ahí está el mito de la salida del PRD del Pacto por México, que recalcan los Chuchos, mientras los Jesuses Ortega y Zambrano y José Guadalupe Acosta Naranjo, mandamases del sol azteca, hablan diariamente con miembros del gabinete presidencial y les anuncian esperar sólo a que amaine la tormenta en la izquierda para regresar al famoso pacto.

Es que no desean perder ese filón de fama y oro ni cercanía con Peña Nieto.

Así es que a otro perro con ese hueso.

(Este apunte es sólo pálido reflejo de tantos otros que muchos mexicanos han detectado, pero carecen de oportunidad de expresar, pues les vedan espacio en los medios).

Sea esta primera colaboración en el nuevo año, la ocasión para desear a los amables lectores un 2014 pleno de bienestar con las mejores satisfacciones.

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