Mosaico, 2-I-014

Martínez Campos, 2-I-014

GUIA

MOSAICO

Silviano Martínez Campos

LA PIEDAD, 2 de Enero.- LA TELE, ESA gran educadora, nos está moviendo el tapete y situándonos a cada quien, en su lugarcito, para no andar de pretensiosos y creer que vivimos en el ombligo del mundo. Así, desde la primaria y en todos los niveles de la enseñanza, hasta los altos estudios, se enseña que la Tierra es redonda, cómo, y por qué, y cuál es la razón por la cual “rueda”  y “rueda” alrededor del Sol, y junto con éste, alrededor de la galaxia y ésta moviéndose junto con otras muchitas (miles de millones, je je), en un un Universo que también se mueve, y se ha movido desde aquel grito inicial del gran proyecto amoroso que nos lanzó a la vida y en busca de la Vida. Digo nos lanzó, porque me incluyo, desde luego. Y de eso, según el conteo de nuestros científicos, hará  un poco más de 13,300 millones de años. Eso marea, pero es maravilloso. AHORA RESULTA QUE viene la tele y nos dice, mientras espera uno el nacimiento del año nuevo, 15 horas después, que a esa hora, las 7 de la mañana, ¡ya estaba naciendo!, 15 horas antes, en Australia. Es como cuando de niño, escuchaba uno que mirando fijamente, en la noche, una tina con agua, en el reflejo del líquido se daba cuenta uno por dónde nacía el año. En mi caso, nunca logré saberlo, por más que clavaba mi vista en el utensilio. Pero los científicos son de creer, lo mismo cuando nos dicen cuántas vueltas da la Tierra sobre sí misma, para completar una de sus andanzas alrededor del Sol, que cuando nos advierten que el cambio climático (y otras curiosidades de nuestra gran crisis), se debe, en buena parte, a la acción depredadora de nuestra especie. Y de paso nos advierten: si no arreglamos a tiempo las cosas, haremos mutis por lo menos de la maravillosa civilización que construimos.LA TELE, ES, pues, una gran educadora, cuando nos informa, con una precisión admirable, dónde ocurrió el último ataque terrorista, por qué, y cómo; dónde se registró el último quejido de la Tierra, en algún tsunami, algún terremoto imprevisible como todos, algún huracán de incontrolable furia; o cuando nos informa sobre algún ataque a la dignidad humana sea secuestro, trata de personas o sencillamente el desamor o el descuido que hace se nos mueran de hambre unas 1,200 millones de semejantes. COMO NO SOY educador, por eso mismo considero que la tele también nos educa en lo que consideramos no debe ser. Con la insistencia en el consuma esto, compre esto, con este menjurge se cura usted de todas las dolencias y un etcétera de banalidades en el espectáculo, que también abundan. Algún pensador expresó, según entendí, que lo mejor de la tele, es que no debió existir. Bueno, pero una vez que ya está con nosotros, ojalá leyes, reglamentos y usos la hagan cada vez mayor instrumento de la promoción humana. Y SIN PERDER piso, a pesar de que podamos informarnos día, a día, por qué nos está llevando la trampa, es bueno agarrar piso afirmándonos en nosotros mismos, como comunidades. Por eso da gusto presenciar cientos y cientos de piedadenses, y visitantes, llenar con su curioso y festivo caminar, los espacios del centro cívico durante los días decembrinos. Esto, fuese participando en algún espectáculo, gozando de la tranquilidad despreocupada y del descanso merecido, en algún sitio público. Fuese en una celebración en su centro de culto, como las celebraciones religiosas de La Virgen de Guadalupe, El Señor de la Piedad y escuchando las prédicas siempre aleccionadoras de sus dirigentes, caso de los católicos, de sus  presbíteros encabezados por los obispos auxiliares de Morelia, oriundos de la ciudad piedadense, Carlos Suárez Cázares y Juan Espinoza Jiménez. Y SIN PERDER el piso, las fiestas patronales en cada uno de nuestros pueblitos que reúnen a los de aquí, y los de allá, en buena convivencia, aun cuando a veces, de manera inevitable, domine la “conbebencia”. Y ya sabemos que si se hacen los “brindis” adecuados, eso contribuye a que los festejos resulten de lo más regocijante. Sabemos que los migrantes procedentes de nuestros pueblitos, contribuyen, en gran manera, a la economía de la región, aquí, y en todas partes. Pero el deseo de que vengan, no es sólo por el interés de los dólares, sino porque recuperen, en sus nostalgias, los pasos de su infancia y de su juventud por estas tierras que los vieron nacer, herencia también, compartida por quienes ahora son ramas, flores, frutos de aquellas que nacieron aquí, y que aquí dejaron sus raíces. Y NO IMPORTA que el mundo informático nos mueva el tapete, aquí estamos, de aquí somos, este es nuestro ombligo del mundo. Cada uno de nosotros, personas y comunidades, es centro de perspectiva, desde donde “ve”, en la información y en el arte, y a su manera, la gran trama, amorosa, que estamos descubriendo y de la cual formamos parte. Por eso, y por otras mil razones, Feliz Año 2014 para mis posibles lectores. (www.mitierramaravillosa.wordpress.com )

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Barrios de Ziquítaro en temporada seca, en los setenta.Entonces poco poblado, se nota el  Cerrito de la Santa Cruz y El Consejo, ahora barrios. Foto de Silviano

 

(Ziquítaro.Foto de Silviano, 1972)

AGREGADO A MOSAICO

MI CAMINAR. POR LA SEGUNDA VEREDA

La Piedad, 5 de Enero de 2014.

A pocas horas de que la manecilla del reloj de los 78, entregue su relevo a la que sigue, ¡qué momento más oportuno para recordar!, un 5 de enero, cuando se cumplen los 79 y, lo más importante, se penetra, al atardecer, como no queriendo, en el túnel enigmático de los 80s.

El calendario formal, es lo de menos. El “calendario” del soñar, es lo de más. Y por eso unas horas más, daré vuelo a mis ensueños para contar, cantar, y quien quite logre salir de mi narcisismo y de mi “egocentrismo” y así poder decir algo a propósito de mi caminar, pero a la hora del atardecer, en el crepúsculo de la ancianidad y, por qué no, en la aurora del amanecer, si las cosas han de verse con Esperanza, según se vea o se sienta, conforme a las enseñanzas del caminar, pero éste comunitario.Ziquítaro, paisaje con Cerro del Metate al fondo

         Bajo pues la escalera, hacia los sótanos del mí mismo, dijéramos, hacia mi propia subjetividad según lo prometido en MI primer CAMINAR, http://eltaller.us.es/index.php/MI_CAMINAR

 para incursionar en el país de los sueños, vale decir, del recordar. Y lo haré a manera de pinceladas, de aquí, y de allá. De aquí, como lo veo ahora. De allá, como lo presentía tal vez entonces.

Y en la mañanita del cinco,  y a las cinco cuarenta y cuatro marcada en el reloj de “pader” que me acaba de regalar GUIA (a ver si así mando más temprano mi material, digo yo) , y lo agradezco, vago por mis ensueños para contar de aquella vez en que se me apareció un monstruo. Y fue en Panindícuaro.

Siempre me han gustado las mañanitas, sobre todo campiranas. Siempre me han gustado las tardecitas, sobre todo campiranas. Y aquella mañana, no sé ni por qué, andaba por  Panindícuaro con mi papá Chon, a quien siempre me le pegaba en sus correrías de músico pueblerino, o a la hora de sembrar el trigo, o el garbanzo, en el potrero ziquitarense llamado La Ciénega, o simplemente a la hora de las cosechas del maíz, fuese en la milpa del Potrero de los Cerdas, ahora barrio, fuese en El Palo de la Llegada, o en la “pedacera” de parcelitas en El Guayabo, o en El Potrero Viejo.

Pero creo que en Panindícuro mas bien andábamos de turistas y no en planes de trabajo. Alguna encomienda de los afanes familiares, o tal vez alguno de los mandados, a los cuales era afecto el servicial de mi papá.

El caso es que sentí algo como escalofrío al oír con su gran intensidad los resoplidos del monstruo y quedé paralizado por el no saber y el no  poder, aun cuando quedaba en mí un dejo de confianza, porque en ese trance no estaba solo, sino bajo la protección de mi padre.

No alcanza mi imaginación para describir aquel monstruo de fauces indefinidas, rasgando con su presencia y lo blanquizco de su vaho, la oscuridad todavía de la naciente mañana.

Decían que esa bestia, ese monstruo, pasaba todos los días, y que brotaba de las tierras de Guanajuato para caminar asustando chiquillos por todo un trayecto que pasaba por donde dije, recorría en su chacachaca rodar pasando por Ajuno, cerca de Zirahuén, y no sé si llegaba hasta Uruapan.

Debió llegar, porque una vez, según decían, ya en las entrañas del monstruo, hubo necesidad de recorrer sus corredores intestinos para buscar dónde, el niño tragón, hiciera de la popo, lo que no logró por cierto, según decían, porque se  hizo antes y alcanzó por ello enérgico reproche. Y según decires chistosos de Trinillo, el sonriente vecino de parcela paterna, el dicho defensivo del niño aquel, era simplemente: nomás no me legañes Cana (mi papá). Es que en tal aprieto y al intentar pasar de un carro al otro, hubo el riesgo de que ahora me fuera imposible contar aquello, y no tanto porque me hubiera hecho antes de tiempo.

De todas maneras, guardo gratos recuerdos de aquello que me pareció bestia. Fue el primer medio de transporte que me llevó a México, cuando mi abuelo Vicente nos trasladó a Ramiro, Ramón y a mí, a Puebla, donde comencé, por no sé qué designios, mi internado educativo de seis años, para completar poco a poco la información que había captado en el librito que me regaló en Penjamillo la bendita madre Francisca, según dije.

De ese año en adelante, hasta bien entrados los cincuenta y creo que aún después, aquello que consideré bestia me trasladó también, en su seno, a recorrer mundo, las muchas veces que viajaba a la capital, desde la antigua estación de Santa Ana (le decíamos estación de La Piedad), o a Mexicali, la primera vez, ya de joven, con mi papá, ida y vuelta, pero el regreso en un trayecto que duró tres días, en asientos de madera. O al regreso de Morelia, ya con críos, en un recorrido de casi un día, hacia la ciudad de México, toda una excursión que nos permitió disfrutar de cuanta golosina se nos puso por delante por afanosos vendedores durante cada estación pueblerina, o  atisbar el misterio de por qué muchachos, en la noche oscura, por las inmediaciones de Tacuba, agarraban al tren a pedradas, antes de  éste llegar a la entonces nueva estación de Buena Vista.

Pero ¡Oh decepción!, se acabó el encanto de los trenes populares, luego que los afanes privatizadores los vendieron al negocio privado. Pero en el pecado llevamos la penitencia: ahora se considera que el ferroviario es un transporte ecológico, y se piensa volver a ellos, como en la vieja Europa, donde bien que funcionan. Aunque sea sin el chacachaca monótono durante los interminables recorridos contemplando desde la ventanilla el variopinto paisaje mexicano, con la tracción silenciosa del diesel o más aún, de la energía eléctrica.

Ahora me divierte, también por las mañanitas, el grito sonoro del tren que en su caminar bien hacia Guadalajara y más allá, o a Colima, grita, a todo pulmón, durante las silenciosas mañanas, al pasar por San Juan del Fuerte, como si dijera: mira, aquí estoy, todavía vamos juntos en el atardecer de la vida.

Cambio de frecuencia para decir que aquel día, o aquella tarde, no estoy seguro, y bajo el añoso mezquite de la casa que fuera de papá Vicente y mamá Petrita y luego de papá Chon y Mamá Benita, la casa del sufrimiento, jugaban los niños sus rondas infantiles, pero echando mano de las estrofas que, según voz familiar, eran de la autoría del cuando niño,“poeta” Silviano.

Miry, Flavia, Gabrielita y otros de la ronda familiar, danzaban va y viene, a la manera del Matarili, pero entonando el Cabudedos, Cabudedos, Cabuderos; Los Mecates, Los Mecates, Los Mecates; Sani Sani, Sani Sani, Sanisantes. Era tal el alborozo infantil que Chon les llamó la atención considerando tal vez que era una especie de profanación al estro del susodicho poeta. A mi desde luego me parecía toda aquella inventiva infantil de la chiquillada, una feliz ocurrencia.

No tan feliz, ni tan infeliz, aquella versificación habría de retomar otras dimensiones, al casi engarzarla con el cantar de altura del músico Rossini, en su crescendo de la obertura El Barbero de Sevilla.

Decían las crónicas familiares que al niño Silviano le dio por cantar, en los albores del despertar a la vida social, unas estrofas tan “originales” y tan “extensas”, como lo arriba mencionado. A uno de los muchachos de la buena, servicial, alegre familia Duarte, vecinos en la casita del Llano, se le ocurrió dotar al referido “músico-poeta” del instrumental necesario para su desempeño, y fue como le improvisó con un leño largo, un tololoche, y con cordeles de lazo, las cuerdas. Y así, con su gabán bien puesto y su flamante tololoche, cantaba y cantaba el  Cabudedos, cabudedos. Así decían.

HPIM2338Días vendrían cuando durante una postración de esas que hacen mella, el tal cantito recobrara vida y luego se le colgara al más profesional y desde luego mejor articulado del crescendo referido, para expresar indecibles mociones que también, por sublimes, marcan vidas y despiertan añoranzas.

Fantasías posteriores en busca de explicaciones, habrían de jugar con los números de la aritmética, al recurrir al cuatro del ritmo dominante, que mitologema, en determinadas tradiciones significa ni más ni menos, que lo universal existente. La mente intelectualizada inventando conclusiones que en el sentir de un niño era simplemente divertido “cantar”.

Cambio de frecuencia para decir que durante las correrías infantiles de vaquerillo, no había más quehacer que atajar las reses para contenerlas en el pastizal que uno considerara mejor; y en el interin, usar los paredones a manera de resbaladillas, dizque nadar en la tinaja del tiempo de aguas, improvisar la fogata con leña de tepame, palodulce o de perdida del modesto casahuate, cantar o componer versos.HPIM2337

Esto del cantar y componer versos, es relativo, porque de recordarlo, sólo intenté  hacerlo una vez, con  una “composición”, tan original, tan original, que la bauticé como La Guaracha y no sé por qué, sería con el afán de darle compañía al guarache. El caso es que en mis ratos libres, cante y cante, camine y camine por los campos que duraron días, hice la referida “composición”, cuyo texto quedó en los archivos de la memoria, pero ¡Oh Curiosidad!, al tratar de desentrañar después los intríngulis de aquello, resultó cifrado, con el 4 como referencia del universal existente y el total diez, como la plenitud de plenitudes, según determinadas tradiciones, de HPIM2336reminiscencias apocalípticas.

Ganas de hacerse tarugo, porque si a esas vamos, especulando sobre eso, todo está cifrado para enseñarnos a caminar según los diseños de la vida realmente existente, a fin de completar la plenitud que vendrá, pero ese, en realidad, es el verdadero cantar, el cantar de los cantares. Y cualquiera lo puede percibir, si se abre al gran libro de la naturaleza, ahora amenazada por nosotros mismos, que somos también de la familia de los vivientes, o dicho de otra manera, de la familia de lo realmente existente.

Pero aquello de las mociones, u ondas que interrumpían mi discurrir de niño, y que se dieron durante algunas temporadas, no pasaban de ser elucubraciones infantiles, que mi persona vaqueril interpretaba simplemente como “otra figura”. Pero eso nos sucede a todos cuando hacemos paréntesis en el mundanal ruido y nos dejamos llevar por las mociones (o susurros imaginativos) que nos regalan el amor, o el afecto, la admiración o el respeto,  sea a una persona, a una planta, o a un animalito.HPIM2204

Lo que sí digo, y esto sin cambiar de frecuencia, es  aquello de la estrellita y el grillo, que de alguna manera he contado en otras oportunidades de mi modesto escribir. Pero, por lo demás, no es cosa de buscarle rebuscadas explicaciones a lo que puede ser común en el ambiente campirano en un niño que contempla el firmamento y sus estrellas. Y no son deseables los apagones, pero durante ellos, el hombre urbano bien podría contemplar el cielo y remembrar sus nostalgias del paraíso perdido.

El caso es que serían los seis o siete años cuando aquella noche vi las estrellas, en particular alguna de ellas que me llamó…la atención, pero al mismo tiempo escuchaba un grillo cantador. En mi mente infantil, no disocié al grillito por aquí, a la estrellita por allá, aun cuando creo le daba su lugar a cada una de las criaturas mencionadas.HPIM2201

Porque en un momento, creí que grillito y estrella cantaban y brillaban (tintileaban) al unísono. O más bien dicho, la estrellita en su intermitente tintilear, expresaba, al grillito, en su intermitente canturrear.

Será cosa de aprender a leer, en nuestro caso el homo sapiens civilizado, releer, a la naturaleza. Los científicos nos dicen ahora que no hay ser aislado en este Universo mundo. Ni átomos, ni estrellas, ni grillos. Nuestra edad es la misma para todos, unos 13,300 millones de años, poco más o menos; somos una familia (la Creación) y ella pertenecemos y nuestro destino es compartido.

También se dirá que la raza humana, la única, con sus admirables matices,  tiende a su unidad; pero si no se une realmente, se destruye y esto no es HPIM2199juego, ni mucho menos retórico.

En eso del bailar, lo digo con franqueza, no soy modelo, ni me considero serlo en nada. Los internados de antes, en eso y en algo más copaban, pero además condicionan los propios temperamentos. No es desdeñable, sin embargo, que de todas maneras lleva uno la música por dentro, porque eso le fue dado y no hay castraciones ideológicas que lo quiten.

Recuerdo bien que yo seguía, a Chon, músico pueblerino, en algunas de sus “tocadas”, en sus fiestas, y bien que se desempeñaba con el trombón. Y era cosa de ver y oír aquellos jarabes, del uso campirano entonces, como aquella vez en San Antonio Carupo, donde la chusma infantil se entremezclaba entre los adultos para vibrar al ritmo zapateado.

Y no era ni es  desdeñable aquella costumbre, en fiestas pueblerinas, de acompañar a la banda de música tradicional, aun cuando a veces sea un “privilegio” de alumbrados, o sea cuando a  uno se le han pasado las cucharadas, zapateando y al son que le toquen baila.HPIM2198

Son de recordar expresiones recientes, en otras latitudes, cómo todo un pueblo despidió a su líder (Mandela) con cantos y baile. Aquí, nosotros, disponemos según se cree de cientos y cientos de danzas. Somos, pues, un pueblo de artistas. Vale una especulación: ¿Sería el mismo México si hubiésemos recibido con danzas a los Papas, no sólo con discursos, y sintonizando con ellos en el mensaje que ahora se dice, es de alegría?.

El cambio de frecuencia me permite decir lo que llegó a decirse, en aquellos tiempos un poco turbulentos, a nivel  de pueblito, que un día llegó por los cerros de Ziquítaro un padre, posiblemente misionero, procedente posiblemente de Zamora, cabecera de la diócesis. No era raro que las misiones tanto de religiosas como de sacerdotes, fueran complementarias de acciones rutinarias dentro del esquema usual en estos menesteres de fe. Lo que me impresionó fue el hecho del caminar del misionero, quien según se decía, se regresó también, a campo traviesa, a pie, rumbo al lugar de donde había venido.HPIM2196

Eso debió impresionarme, porque muchos años después, luego que me llevaron de la plancha de operaciones a la cama de reposo, y ante la preocupada concurrencia de médicos y directivos del internado, se me ocurrió decir que sería misionero. Lo chistoso del caso, es que pretendía llevarme a la enfermera de compañera, a mi empresa misional, je je. El caso quirúrgico debió ser delicado, porque supe que un año después un compañero del internado, no sobrevivió a la apendicitis aguda. No me HPIM2195tocaba, si no, de seguro ni lo mencionaría ahora.

Es de dudarse si en la adolescencia los afanes misioneros no serán sino el deseo de aventura por países exóticos, antes que debidos afanes evangélicos.

 Ahora pienso que hay muchas maneras de ser misioneros, aún laicos. El caso es que abundan: misioneros que expresen algo, en pequeño, o en grande, en favor de la vida, amenazada por nosotros mismos. En todo caso, serán siempre biofílicos los designios de la Vida.HPIM2194

http://eltaller.us.es/index.php/FANT.13-_A2K_O_EL_ERROR_DEL_MILENIO

Cambio radicalmente de frecuencia para relatar lo que considero una experiencia subjetiva (y espero no sea redundancia entre los dos términos), la cual podrá interpretarse como se pueda o como se quiera, según enfoques, pero que la presento solamente como un acontecimiento síquico, en sus líneas generales  no borrado de la mente, a través del tiempo.

Soy consciente de que esto es un atrevimiento, pero va como lo sentí, lo viví, lo experimenté. En todo caso, no me siento, en torno a ello, ni único, ni exclusivo y caigo en la cuenta que, a pesar de todo, cada uno de nosotros, y todo lo existente, es un enigma siempre abordable, y desde la perspectiva HPIM2192creyente, un misterio de la vida.

Es un asunto para consignarse en libro, me expresó  alguna vez una persona autorizada; una especie de incursión en el inconsciente colectivo, acaso, le escuché a otra; y sé ahora, que en determinados asuntos, no se le pueden poner condiciones a Quien decide ofrecer un regalo…compartido. Al fin y al cabo, “nadie se vuelve loco por recibir un mensaje de  paz”.

Son, en todo caso, meras opiniones subjetivas en el fondo y,  en la forma, expresiones literarias si acaso, sin que de ninguna manera, y en ambas modalidades, me atribuya en ello competencia ni académica, ni autoridad en ninguna clase de investidura.

El no haberse borrado en lo fundamental, aquellas experiencias a través de las décadas, 39, 40 años, y al ser apreciado su contenido como algo bueno y por lo tanto con indicios de verdadero, es por lo que considero, he considerado, abordarlo por escrito (exclusivamente por escrito) de diversas maneras.

Admitiendo, como admito ser diletante, en las diversas cuestiones que abordo, y sin que tenga para mi ningún sentido referirme a circunstancias objetivas que hayan rodeado mi entorno de entonces, reconozco mis limitaciones de expresión y, al mismo tiempo, considero que todo aquello podrá decir algo a mis posibles lectores. Nada más. HPIM2191http://silviano.wordpress.com/2011/04/29/suenos-guajiros-rusticos-vi-silviano-martinez-campos/

Y si bien las experiencias comenzaron en el 74 y se prolongaron el 75, relato aquí el que considero episodio central de mis vivencias. Sueños Guajiros, pues, dicho a la manera festiva, reduciendo todo a lo que, a fin de cuentas, podría ser un episodio más de lo que miríadas de personas han aportado para la buena marcha de las cosas, en lo pequeño y en lo grande.

Ni qué decir que como ciudadano me inclino porque nuestro entorno social se oriente, en todos los niveles, por la justicia y la unificación humana. Y como católico, que el mensaje del Señor Jesús sea una aportación vigorosa en todas partes, para que se reoriente nuestra vida comunitaria igual en justicia y en la paz constructiva que salvaguarde la vida, tan amenazada hoy  por hoy, en todas sus expresiones.

Va pues mi relato (relato, dije, no crónica):

Era un día de octubre, media mañana. Bajé la escalera de mi pequeño departamento, en un cuarto piso y en uno de los recovecos vi un paquetito de Sal. Lo digo, para ubicarme. Había suspendido mis clases que daba sobre una materia quizás de título rimbombante como geopolítica de la información (agencias noticiosas y organizaciones relativas al periodismo en niveles no nacionales) y mis alumnos eran, sobre todo, muchachas, lindas por cierto.El cerrito (de la Santa Cruz) y las nubes

Había dejado las clases por una especie de obnubilación que pude entender vagamente como enfermedad y los médicos tal vez sin vaguedades, la calificaban así.

Caminé por la calle de Edison, rumbo al centro de aquella desde entonces gigantesca ciudad de México. Poco antes de la alameda central vi los cristalitos del piso, activados en su reluciente esplendor, por el sol mañanero. Mi subjetividad transtornada los interpretó como estrellitas, estrellas reales de esas del firmamento, y luego como una proyección hacia lindas muchachas.

Aturdido como andaba, llegué a la Alameda central, la crucé por el lado frontal del Palacio de Bellas Artes, crucé la avenida Eje Lázaro Cárdenas, o Niño Perdido, sobre lo cual no me ha interesado precisar cuál era el nombre de entonces.

Tomé, en mi caminata, la avenida Madero, que comienza según creo recordar con La Torre Latinoamericana y sigue el templo de San Francisco. No recuerdo haber pasado al templo, el cual era de mi predilección  porque admiraba su interior, sobre todo aquellos grandes cuadros con motivos franciscanos. El templo, pues, dedicado a San Francisco, no me atrevería a decir santo de mi devoción porque en aquellos tiempos no me consideraba muy devoto, pero sí santo de mi admiración, entonces y ahora.

Continué mi caminata rumbo a Bolívar, obvio, por la banqueta, puesto que la calle no se abrió al peatón sino décadas después.

Poco antes de aquella calle mencionada, me sentí transformado en un ser bellísimo, cuerpo reluciente con los colores del oro, tornasol el cuerpo, tachonada la frente con diminutas joyas a través de las cuales y de la diadema que coronaba la cabeza, recibía mensajes luminiscentes de lo alto, o de lo profundo.

Creí no perder el juicio, porque no me atreví a cruzar la calle antes de que se pusiera la luz verde del semáforo. El de la voz me había “dicho”, respeto sus reglamentos.

Todo atolondrado giré hacia la izquierda y luego también a la izquierda por la calle de Tacuba, creo que así se llama. Y frente a la casa perfumada (una aromática perfumería) mirando al Norte, sobre aquellas edificaciones, llegué a creer que el mensaje también era para quienes destruyen la Tierra.

Seguí rumbo a la Alameda, me senté en una banca que miraba hacia un conjunto colonial de dos templos, plazoleta de por medio y, en el centro de la edificación, plazoleta de  por medio, uno como museo, o palacio artesanal, del cual provenían bellas piezas del folclore mexicano, algunas tal vez con temas de la revolución mexicana. En el momento en que escuchaba la música de mi tierra, de mi México, me invadía una tranquilidad, una paz indecible, con dejos de suave melancolía.

Me levanté de la banca, me dirigí hacia el Poniente y en las cercanías del templo de San Hipólito, pero todavía en la Alameda, me encontré a un colega zamorano, periodista muy activo entonces, de trato amable siempre conmigo, que interpreto como una característica de su talante y una simpatía innata en él, por el paisanaje. Me preguntó en torno de un accidente ocurrido tal vez el día anterior, en una de las estaciones del Metro. No se me ocurrió ni entonces ni después, averiguar en la prensa los pormenores de tal accidente, así es de que no logré contestarle con precisión, y no llegué a detectar si él detectó mi perturbación.

Allí había terminado mi vivencia, regresé a casa y de lo demás de ese día, de plano nada recuerdo. http://eltaller.us.es/index.php/FANT.3-_ENCUENTROS_CERCANOS

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