El Woody Allen romano: obsesiones relajadas, por Norma Vázquez Alanís. Aniversarios y homenajes en el ámbito cultural, por José Antonio Aspiros Villagómez

Cover of "Fellini's Roma"

Cover of Fellini’s Roma

English: Woody Allen in concert in New York City.

English: Woody Allen in concert in New York City. (Photo credit: Wikipedia)

(Proporcionados por Salvador Flores LLamas)

Constelación Andrómeda

 

El Woody Allen romano: obsesiones relajadas

 

Por Norma L. Vázquez Alanís

 

Jocosa e inteligente crítica de los convencionalismos sociales y el establishment hace el septuagenario cineasta y escritor estadounidense Woody Allen en el filme ‘De Roma con amor’, correspondiente a su etapa europea, en el que sus obsesiones: la infidelidad, la fragilidad del amor, el temor a la vejez y a la muerte, se manifiestan más relajadas, pero no por ello con menos observaciones filosóficas y acotaciones sobre el arte y la fama.

 

Con su especial enfoque tragicómico al retratar al ser humano, Allen presenta en esta película cuatro historias, tres de ellas de amor -muy a su estilo reflexivo, pero lleno de espíritu lúdico-, cuyo único enlace es que transcurren en la ciudad eterna, Roma, y casi de entrada, el cineasta neoyorkino presenta un primerísimo plano de la emblemática Fuente de Trevi, que inevitablemente remite al cinéfilo a aquella escena memorable en que una erótica Anita Ekberg se contonea mojándose bajo los chorros de agua de ese símbolo de la capital italiana, en una de las obras maestras de Federico Fellini: ‘La dolce vita’ (1960).

 

Al situar el desarrollo de la acción en la urbe cuna del neorrealismo (Vittorio De Sica, Roberto Rosellini, Luchino Visconti, Michelangelo Anonioni, Giuseppe De Santis y Fellini, entre otros), Allen se permite -y también a los espectadores- evocar a aquella Sofía Loren de los 60 que mostraba sin recato su natural voluptuosidad (luego vinieron el refinamiento y la elegancia con Carlo Ponti), recreada -guardando las proporciones- en el personaje de Penélope Cruz, cuya sensualidad vulgar y desparpajo provocan resquemor en la sociedad burguesa italiana, tan conservadora y puritana en pleno siglo XXI.

 

Y teniendo a Roma como protagonista de su película, Allen no podía dejar de lado a los paparazzi, esos incansables cazadores de imágenes indiscretas y exclusivas, que precisamente Fellini creó para la posteridad en uno de sus personajes de ‘La dolce vita’: el desaliñado fotógrafo Paparazzo (interpretado por Walter Santesso), acosador sin piedad de los famosos, incapaces de escapar a su cámara y compañero del periodista encarnado por Marcello Mastroianni. Desde entonces se utiliza el término “paparazzi” para los fotógrafos de la prensa llamada “del corazón”.

 

Así, en uno de los segmentos, el veterano cineasta pone de manifiesto la mediocridad -y el poder- de los medios de comunicación masiva, especialmente la televisión, las insulsas preguntas de los periodistas y conductores a las celebridades -la mayoría de las veces llevadas a la fama por ellos mismos-, así como la manera en que distorsionan sus declaraciones al presentar un absurdo circo mediático que se crea en torno al empleado anodino que personifica Roberto Benigni, a quien no dejan en paz ni para ir al baño, pero que cuando ya no es objeto de persecución de los paparazzi y los entrevistadores, extraña la fama y pierde la razón.

 

En ‘De Roma con amor’, Allen hace una fusión entre uno de sus recursos habituales, que maneja con maestría, y un clásico de la literatura italiana para niños: ‘Las aventuras de Pinocho’ (1882) de Carlo Collodi, en el episodio en que el actor Alec Baldwin se convierte en la “conciencia” de su joven alter ego interpretado por Jesse Eisenberg, para evitar que cometa un error cayendo en los brazos de una actriz neurótica y vacía -a la que da vida Ellen Page- quien es la mejor amiga de su novia; aquí el cineasta recuerda al Pepe Grillo que intentaba llevar a Pinocho por el camino correcto. Además, los conceptos que maneja Baldwin son cien por ciento woodyallenescos.

 

Aunque en la historia de los provincianos recién casados que llegan a la capital italiana en busca de un mejor futuro se vislumbra un tributo a Fellini (‘El Jeque Blanco’,1952), Milly, la esposa, actuada por Alessandra Mastronari, recuerda a aquella inocente y candorosa Mia Farrow como Cecilia, el personaje central de ‘La Rosa Púrpura de El Cairo’ (1985) -del propio Allen-, pero más mundana, pues le excita tener sexo con un delincuente desconocido, ya que se frustra su encuentro amoroso con su actor favorito, al que conoce fortuitamente cuando se pierde en Roma buscando una peluquería.

 

En el clímax de su irreverencia, Allen, en su papel de Jerry, un promotor de espectáculos recién jubilado que viaja a Roma con su esposa Phyllis (Judy Davis) a conocer al prometido de su hija, concibe una surrealista puesta en escena de dos grandes óperas clásicas para aprovechar la fantástica voz de su futuro consuegro, interpretado por Fabio Armiliato, quien solo puede cantar en la ducha.

 

En una sociedad que más parece una feria de vanidades, el ingenio del empresario neoyorkino traslada a un escenario fastuoso el habitáculo en el que el tenor puede demostrar su genialidad, pues está seguro que siempre habrá un público ingenuamente extasiado dispuesto a aplaudir cualquier novedad llamativa.

 

A sus 76 años, con más de 40 largometrajes en su haber como director y un buen puñado de premios, Allen se sostiene como uno de los últimos cineastas de la vieja escuela, que nada tiene que ver con la industria cinematográfica global ocupada solamente en producir filmes llenos de efectos especiales, pero sin argumento, o segundas, terceras y cuartas partes de películas de vampiros, superhéroes y Rambos, aunque también haciendo nuevas versiones de los clásicos.

 

¿Qué haríamos los cinéfilos de corazón sin Woody Allen?

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Textos en libertad

 

Aniversarios y homenajes en el ámbito cultural

 

Por José Antonio Aspiros Villagómez

 

 

Para mi amiga Ana Lilia Arias en el vigésimo aniversario de la Asociación Mexicana de Profesionales de la Edición, AC, que ella fundó y dirige.

 

 

Aun cuando falta hacer públicas las partidas destinadas para ello en el presupuesto de 2014, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) organizará en dicho año varios actos en los centenarios natales de los escritores José Revueltas, Efraín Huerta y Octavio Paz, si bien habrá trato preferente para uno de ellos, lo mismo en esos homenajes que en la reedición de algunas obras de los tres por parte del Fondo de Cultura Económica (FCE).

 

El Conaculta cumplió 25 años el 7 de diciembre -nació en la primera semana del sexenio salinista en relevo de la Subsecretaría de Cultura de la SEP- y su primer presidente fue Víctor Flores Olea, mientras que el actual, Rafael Tovar y de Teresa, ocupó el cargo también entre 1992 y 2000. Sari Bermúdez, Sergio Vela y Consuelo Sáizar fueron presidentes en los gobiernos panistas.

 

Según sus documentos, este órgano desconcentrado de la Secretaría de Educación Pública tiene la tarea de “coordinar todas las unidades administrativas e instituciones públicas cuya labor es promover y difundir la cultura y las artes”.

 

Y así seguirá porque su visión se limita a “convertirse en la institución de mayor relevancia nacional en los sectores cultural y artístico”, mientras que de haber ganado las elecciones presidenciales de 2012 otro candidato (a quien deseamos el debido restablecimiento), se hubiera convertido en la Secretaría de Cultura, encabezada por la ganadora del Premio Cervantes 2013, Elena Poniatowska.

 

De acuerdo con la Secretaría de Hacienda, en 2014 habrá más dinero del erario para la cultura: 18 mil 347 millones de pesos, que representan una mejora del 3.4% sobre la partida para este año.

 

Un porcentaje que podría quedar nulificado por la inflación y, además, según la diputada panista Margarita Saldaña, presidenta de la Comisión de Cultura de la Cámara baja, serán menores las asignaciones para INBA, Imcine, Radio Educación, la Cineteca Nacional y Canal 22, porque la mejora aprobada fue para las partidas etiquetadas, entre ellas las del llamado Ramo 23 para proyectos de infraestructura cultural en todo el país.

 

El presupuesto del área se destina a organismos y programas del sector público tales como institutos (Antropología, Bellas Artes, Cinematografía), centros, museos, escuelas de formación artística, publicaciones, librerías, bibliotecas, fonoteca, festivales, sitios y monumentos patrimoniales, investigación, restauración, becas, fondos, medios de difusión electrónicos y hasta el centro de cultura digital de la tan polémica y costosa Estela de Luz.

 

En estos presupuestos nunca han sido tomados en cuenta los correctores de estilo, quienes después de los autores tienen la principal función cultural dentro de la cadena de producción editorial. Y tampoco el Museo del Escritor, creado por el novelista René Avilés Fabila y que actualmente carece de sede, por lo que el material está guardado.

 

Y aun cuando se administra de manera independiente del Conaculta, es importante mencionar que también en 2014 el FCE celebrará sus 80 años de existencia y además rendirá homenaje a ese veterano del mundo editorial que es Martí Soler Viñas -de origen catalán y condecorado en 2006 con el Águila Azteca- , quien también llegará a las ocho décadas de vida.

 

Por cierto, Soler -cuyo nombre lleva el premio que se entrega durante el Día Internacional de la Corrección de Estilo a la mejor anécdota de esa actividad en México- tiene a su cargo desde marzo pasado la coordinación de las actividades editoriales del Fondo, relativas a los aniversarios de los tres escritores citados y el del propio FCE.

 

El centenario natal de Octavio Paz será 31 de marzo, el de Efraín Huerta el 18 de junio y el de José Revueltas el 20 de noviembre, mientras que el 3 de septiembre serán celebrados los 80 años del Fondo.

 

Al margen.- El 21 de diciembre se cumplirán 60 años de la muerte de Fernando Ramírez de Aguilar, el periodista oaxaqueño, reportero de El Universal, que se hizo famoso con el seudónimo de Jacobo Dalevuelta. Una tarjeta suya de presentación, firmada el 15 de septiembre de 1921, fue encontrada en 2011 en la urna con los restos de Miguel Hidalgo y otros protagonistas de la guerra de Independencia, que estaban siendo analizados para autentificarlos.

 

 

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