El otro Papa, el otro Boff de Sergio Ferrari

Leonardo Boff

SERGIO FERRARI é um jornalista argentio que vive na Suiça e que trabalha preferentemente junto a organismos de colaboração internacional. É reconhecidamente competente e sempre manteve uma proximidade grande com a Igreja, com o ecumenismo e com os movimentos cristãos ligados à libertação e às transformações sociais. Publico aqui seu artigo que apareceu no Site Otromundoesposible en tu entorno, porque mostra um olhar de fora sobre a Jornada Mundial da Juventude no Rio e sobre a irradiação que teve a figura do novo Papa Francisco: Lboff

 

La Teología de la Liberación y el nuevo pontífice. 

 

En torno a la visita del Papa Francisco a Brasil en los últimos días de julio el teólogo brasileño de la liberación y de la ecología Leonardo Boff no escatimó sus elogios hacia el nuevo Obispo de Roma. A quien considera un hombre “libre de espíritu”; le emparenta en ciertas virtudes al…

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¿Un concilio de toda la cristiandad?. Leonardo Boff

¿Un concilio de toda la cristiandad?. Leonardo Boff.

vía ¿Un concilio de toda la cristiandad?. Leonardo Boff.

¿Un concilio de toda la cristiandad?. Leonardo Boff

Português:

Português: (Photo credit: Wikipedia)

¿Un Concilio de toda la cristiandad?

2013-08-09

Hemos celebrado los 50 años de la muerte del Papa Juan XXIII
(1881-1963), seguramente el Papa más importante del siglo XX. A él se
debe la renovación de la Iglesia católica que intentó definir su lugar
dentro del mundo moderno. El 25 de enero de 1959, sin avisar a nadie,
declaró ante los cardenales estupefactos reunidos en la abadía
benedictina de San Pablo Extramuros que iba a convocar un concilio
ecuménico. Había hecho por su cuenta un juicio crítico sobre la
situación del mundo y de la Iglesia y había percibido que estábamos ante
una nueva fase histórica: la del mundo moderno, con su ciencia, su
técnica, sus libertades y derechos. La Iglesia tenía que ubicarse
positivamente dentro de esta realidad que surgía. La actitud que había
hasta entonces era de desconfianza y condena. El Papa entendía que este
comportamiento llevaba a la Iglesia al aislamiento y a un estancamiento
que le hacía daño.

Repitió el viejo dicho: vox temporis vox Dei (“la voz del tiempo
es la voz de Dios”). Esto no significa, dijo, “que todo en el mundo tal
como está sea la voz de Dios. Significa que todo porta un mensaje de
Dios, bueno para que lo sigamos, malo para que lo cambiemos”.

En efecto, el Concilio Vaticano II se realizó en Roma (1962-1965), el
Papa lo abrió, pero murió antes de su finalización (1963). Su espíritu,
sin embargo, marcó todo el evento, con consecuencias hasta nuestros
días.

Dos fueron sus lemas principales: aggiornamento y concilio pastoral. Aggiornamento
es decir sí a lo nuevo, sí a la actualización de la Iglesia en su
lenguaje, en su estructura y en su forma de presentarse al mundo.
Concilio pastoral quería expresar una relación de apertura con la gente y
con el mundo, de diálogo, de aceptación y de fraternidad. Así que nada
de condena al modernismo y a la “Nouvelle Théologie” como se había hecho
furiosamente antes. En lugar de doctrinas, diálogo, aprendizaje mutuo e
intercambio.

Tal vez esta afirmación de Juan XXIII resuma todo su espíritu: “La vida
del cristiano no es una colección de antigüedades. No se trata de
visitar un museo o una academia del pasado. Esto, sin duda puede ser
útil —como lo es la visita a los monumentos antiguos— pero no es
suficiente. Se vive para progresar, si bien sacando provecho de las
prácticas y de las experiencias del pasado, para ir siempre más lejos en
el camino que Nuestro Señor nos va mostrando”.

De hecho, el Concilio puso a la Iglesia en el mundo moderno,
participando de sus avatares y sus logros. La Iglesia en América Latina
pronto se dio cuenta de que no solo existía el mundo moderno, sino el
submundo del cual poco se había hablado en el Concilio. En Medellín
(1969) y en Puebla (1979) se vio que la misión de la Iglesia en este
submundo hecho de pobreza y opresión debía ser de promoción de la
justicia social y de liberación.

Han pasado ya 50 años desde el Concilio. El mundo y el submundo
cambiaron mucho. Han surgido nuevos desafíos: la globalización
económico-financiera y la consecuente conciencia planetaria, la
disolución del imperio soviético, las nuevas formas de comunicación
social (internet, redes sociales y otras) que han unificado el mundo, la
erosión de la biodiversidad, la percepción de los límites de la Tierra y
la posibilidad de exterminio de la especie humana y con ella del
proyecto planetario humano.

Con las categorías del Concilio Vaticano II no podemos atender esta
nueva realidad amenazante. Todo apunta a la necesidad de un nuevo
Concilio ecuménico. Ahora no se trata de convocar solamente a los
obispos de la Iglesia Católica. Ante los peligros que tenemos que
enfrentar, todo el Cristianismo, con sus Iglesias, está siendo
desafiado. Precisamos tomar en serio la alianza que el gran biólogo E.
Wilson proponía entre las Iglesias y las religiones y la tecnociencia,
si es que queremos salvar la vida del planeta. (cf. La creación, Salvemos la vida en la Tierra,
2006). ¿Cómo pueden contribuir estas fuerzas religiosas a que todavía
tengamos futuro? La supervivencia de la vida en la Tierra es el supuesto
de todo. Sin ella, se desvanecen todos los proyectos y todo pierde
sentido. Los cristianos deberán olvidar sus diferencias y polémicas y
unirse para esta misión salvadora.

El Papa Francisco tiene la capacidad de convocar a la totalidad de las
expresiones cristianas, a los hombres y a las mujeres, asesorados por
personas de reconocido saber, incluso no religiosas, para identificar el
tipo de colaboración que podemos ofrecer en la línea de una nueva
conciencia de respeto, de veneración, de cuidado de todos los
ecosistemas, de compasión, de solidaridad, de sobriedad compartida y de
responsabilidad sin restricciones, pues todos somos interdependientes.

Con su forma de ser y de pensar el Papa Francisco despierta en todos
nosotros la razón cordial, sensible y espiritual. Unida a la razón
intelectual, protegeremos y cuidaremos, cuidaremos y amaremos esta única
Casa Común que el universo y Dios nos han legado. Sólo así
garantizaremos nuestra continuidad sobre la Tierra.

Página de Boff en Koinonía