Salvador Vega Casillas

Salvador Vega Casillas.

vía Salvador Vega Casillas.

Las multitudes en las calles: ¿cómo interpretarlo?. Leonardo Boff

Las multitudes en las calles: ¿cómo interpretarlo?. Leonardo Boff.

vía Las multitudes en las calles: ¿cómo interpretarlo?. Leonardo Boff.

Las multitudes en las calles: ¿cómo interpretarlo?. Leonardo Boff

Las Pléyades desde los Roques de García.

Las Pléyades desde los Roques de García. (Photo credit: http://www.josemiguelmartinez.es)

Las multitudes en las calles: ¿cómo interpretarlo?


2013-07-30

Un espíritu de insurrección de masas humanas se extiende por el
mundo, ocupando el único espacio que les queda: las calles y plazas. El
movimiento apenas está comenzando, primero en el norte de África, luego
en España con los “indignados”, en Inglaterra y Estados Unidos con los
“ocupas”, y en Brasil con la juventud y otros movimientos sociales.
Nadie se refiere a las banderas clásicas del socialismo, de la
izquierda, de algún partido liberador o de la revolución. Todas estas
propuestas o están agotadas o no ofrecen la atractivo suficiente para
mover a las masas. Actualmente interesan los temas relacionados con la
vida cotidiana de los ciudadanos: el trabajo participativo, la
democracia para todos, los derechos humanos, personales y sociales, la
presencia activa de las mujeres, la transparencia pública, el claro
rechazo a todo tipo de corrupción, un nuevo mundo posible y necesario.
Nadie se siente representado por los poderes instituidos que generan un
mundo político palaciego de espaldas al pueblo o manipulando
directamente a los ciudadanos.

Interpretar este fenómeno supone un reto para cualquier analista. No
basta la razón pura, tiene que ser una razón holística que incorpore
otras formas de inteligencia, datos no racionales, emocionales y
arquetípicos y acontecimientos propios del proceso histórico e incluso
de la cosmogénesis. Sólo así tendremos una forma más o menos completa de
hacer justicia a la singularidad del fenómeno.

Para empezar, hay que reconocer que es el primer gran evento resultado
de una nueva fase de la comunicación humana completamente abierta, una
democracia en grado cero que se expresa a través de las redes sociales.
Todo ciudadano puede salir del anonimato, tomar la palabra, encontrar
sus interlocutores, organizar grupos y reuniones, alzar una bandera y
salir a la calle. De repente, se forman redes de redes que mueven a
miles de personas más allá de los límites del espacio y del tiempo. Este
fenómeno debe ser analizado cuidadosamente, porque puede representar un
salto civilizatorio que marcará un nuevo rumbo a la historia, no sólo
de un país, sino de toda la humanidad.

Las
manifestaciones de Brasil provocaron manifestaciones de solidaridad
en decenas y decenas de otras ciudades del mundo, especialmente en
Europa. De repente, Brasil ya no es sólo de los brasileños. Es una parte
de la humanidad que se identifica a sí misma como especie, en una misma
Casa Común constituida por las causas colectivas y universales.

¿Por qué estos movimientos masivos han estallado en Brasil ahora? Hay
muchas razones. Me detengo solamente en una y volveré a las demás en
otra ocasión.

Mi
sentimiento del mundo me dice que, en primer lugar, se trata un
efecto de saturación: el pueblo está harto del tipo de política que es
practicado en Brasil, incluso por las cúpulas del PT (hago notar la
excepción de las
políticas municipales, que aún conservan el antiguo fervor popular). El
pueblo se ha beneficiado de los programas de bolsa familia, luz para
todos, mi casa mi vida, del crédito consignado… y ha entrado en la
sociedad de consumo. ¿Y ahora qué? Bien dijo el poeta cubano Ricardo
Retamar: “el ser humano tiene dos hambres: hambre de pan, que es
saciable, y hambre de belleza, que es insaciable”. Por belleza se
entiende la educación, la cultura, el reconocimiento de la dignidad
humana y de los derechos personales y sociales, una atención sanitaria
de
calidad y un transporte básico menos inhumano.

Esta segunda hambre no ha sido atendida adecuadamente por el poder
público, sea el PT u otros partidos. Los que han saciado su hambre,
quieren ver atendidas otras hambres, y no en último lugar el hambre de
cultura y de participación. Aumenta la conciencia de las profundas
desigualdades sociales, que es el gran estigma de la sociedad brasileña.
Este fenómeno se hace más y más intolerable en la medida en que crece la
conciencia de ciudadanía y de democracia real. La democracia, en
sociedades profundamente desiguales como la nuestra, es puramente formal,
practicada sólo en el acto de votar (que en el fondo viene a ser el poder de
elegir a su “dictador” cada cuatro años, porque el candidato, una vez
elegido, da la espalda al pueblo y practica la política palaciega de los
partidos). Una política que aparece como una farsa colectiva y esa farsa está
siendo desenmascarada. Las masas quieren estar presentes en las
decisiones de los grandes proyectos que les afectan y para los que no se
les consulta en absoluto. Y no hablemos de los indígenas cuyas tierras
son secuestradas para el agronegocio o las industrias hidroeléctricas.

Este hecho de la multitud en las calles me recuerda la obra de Chico
Buarque de Hollanda y Paulo Pontes escrita en 1975: “La gota de agua”.
Se ha llegado a la gota que desborda el vaso. Los autores de alguna
manera intuyeron el fenómeno actual al decir en el prefacio del libro:
“La clave es que la vida brasileña pueda ser devuelta, en el escenario,
al público brasileño… Nuestra tragedia es una tragedia de la vida
brasileña”. Ahora esta tragedia es denunciada por las masas que gritan
en las calles. El Brasil que tenemos no es para nosotros, no nos
incluyen en el pacto social que garantiza siempre la parte del león para
las élites. Quieren un Brasil brasileño en el que el pueblo cuenta y quiere
contribuir a la reconstrucción del país sobre otras bases, formas más
democráticas, participativas, más éticas y menos malvadas de relación
social.

Este grito no puede dejar de ser escuchado, comprendido y seguido. La política puede ser otra en el futuro.

Writing With Praise

Live to Write - Write to Live

PRAISEIf Living with Praise is hard, writing with praise is even harder. This is counter-intuitive to be sure – and a sure sign that we all need more praise in our lives generally, and in our writing lives in particular.

Writing with Praise is also something I do every Tuesday Night at Salon, the brain-child of author and book shaman Suzanne D. Kingsbury, the founder of Wild Words, and a creative force who fosters positive energy and great writing.

Salon is a place for writers to assemble in creativity, leaving our solitude and day jobs to write together and with abandon. Suzanne gives us a prompt, which we can follow – or not – and then we write for an hour. No matter whether I’m stuck in my novel or writing well, attending Salon is always a blast of creative energy that boosts me to new, unexpected twists…

View original post 380 more words

An Interview with Edgar

Gold Can Stay

IMG_0091Please click here to read a telling interview with my son Edgar, who was diagnosed with ADHD last fall, on ADDitude.comtoday.

As parents we constantly second-, third-, and fourth-guess every decision we make.  Edgar’s words are as poignant as they are telling, and I am grateful he has found them and has the means to articulate them.

Thanks for reading!

View original post

Street art on Bryant

Fat Willy’s Rib Shack

Matt on Not-WordPress

Ribs, brisket, and an amazing brownie.

View original post