La Musa. Silviano Martínez Campos

Paloma

Paloma (Photo credit: Wikipedia)

La Paloma (S.Iradier)

La Paloma (S.Iradier) (Photo credit: Wikipedia)

FANT.6- LA MUSA

LA MUSA

Silviano Martínez Campos

—Pase usted, señora, cuánto gusto, ésta es su casa. Tiempo
hacía, tal vez meses, no me visitaba. De seguro había notado algún
desaire. Pero, a pesar de mi pobreza, le aseguro, la cortesía me impide
rechazarla y póstrome de nuevo a sus aladas plantas.

—Mira muchacho, q’eso no te queda: tu párrafo primero está
falseado. Cuarenta y cinco palabras he contado y de ellas 5 y 40 son
vacías. Tratas de dar miel a la antigüita, pero te sale hiel a la
moderna. Si acaso mi pobreza sea muy cierta. Pobreza de lenguaje: ocho
hiatos, lugar común en número de cinco, disonancia final y poca
simetría. Como que sale verso sin esfuerzo.

—A esas exigencias no me gana: hiatos al por mayor le he
detectado y bien que sean de moda reprimendas gramaticales en altos
niveles poderosos, pero eso no autoriza exigir melodía cuando usted
sólo indicó el ritmo.

—Allí está la cuestión o sea el detalle. El ritmo lo palpaste a
maravilla, desde el canto infantil aquél que sabes y luego tu tañer
del tololoche con un palo y cordeles fabricado. Pero faltó la melodía,
¿recuerdas?, y tuve qué ponerla yo, tu musa, 35 años después o más o
menos, con ayuda del músico Rossini.

Gioachino Antonio Rossini (1792-1868), composer

Gioachino Antonio Rossini (1792-1868), composer (Photo credit: Wikipedia)

—El ritmo lo enseñó don Chon, cuando tocaba en fiestas
pueblerinas, escalas refrescantes del trombón y en los jarabes los
compases del bajo improvisaba. Pero también doña Benita, cuando de joven
era cantadora. Las alegres canciones que entonaba mientras hacía
tortillas, las medía con el rítmico son de la palmada. A mano estamos,
mi musita linda, tú también me fallaste con el tiempo: veintitrés años
ha, si lo recuerdo, que pasó el Kohoutec por estos cielos. Entonces me
decías del Thecel Phares (Mane también), como anuncio, en la cola del
fúlgido cometa, que ni se vio, por cierto, pero la fantasía indicaba lo
contrario.

—Puede tengas razón, bien lo recuerdo. El argumento se basaba
en esto: es tal la confusión en el planeta, que un cometa agorero nos
visita. Aparecen los signos en su cauda, las naciones lo miran
temerosas. De los cuatro rincones de la Tierra comienzan los informes
cautelosos, sin que hubiera “Internets” ni celulares, “vipers” ni
redes ni correos satelitales.

—Los científicos arguyen sus razones, astrónomos escrutan los
espacios, se juntan comisiones de estudiosos y concluyen de pronto con
premura que ningún observatorio del planeta llegó a registrar los signos
tales que a todos auguraban los tres ayes: tus días, tus días, tus
días , están contados.

Un fenómeno tal, obvio es decirlo, no dejó satisfechos a los
hombres, con las razones de los hombres sabios. Otros sabios también se
dedicaron, por encargos precisos de la ONU, a estudiar por su cuenta
los sucesos y echando mano de las ciencias varias, sobre todo las
ciencias humanistas, concluyeron por fin muy cautelosos, que de signos
aquellos, Thecel Phares (Mane también) sólo alucinación había ocurrido.

La guerra de Vietnam era una causa, dos guerras mundiales otra
d’ellas, tensiones por doquier acumuladas, habían sobrecargado la
memoria de violencias sin fin y eso, claro, que ni Ruandas, Yugoslavias o
Chechenias aparecían por tanto en el planeta.

Entonces los gobiernos presurosos en la ONU por fin se
concentraron y jefes de gobierno y los de Estado, una junta por fin
recomendaron. Días de debate fueron y tensiones. Pero todos llegaban al
consenso: una sola familia componemos y ante signo ominoso del cometa,
no nos queda otra más, nos federamos.

Un gobierno mundial por consecuencia, había nacido ya tras el
cometa, que según las noticias de la gente, tuvo su aparición el día
primero, brilló por Navidad y un día 28, el de lo Santos Inocentes,
manifestó esplendor, para dejar la Tierra en primeros de febrero.

—Cuánta razón te asiste, musa mía, la música faltó, qué duda
cabe. Una novela quise hacer y darle al ritmo, versátil melodía
llamativa. Mas te faltó decir que eran treinta años el plazo que se
daban las naciones y eliminar las armas destructoras, derribar de sus
bases los misiles y luego convertirlos en tractores.

El cuento contemplaba, por supuesto, organizar la ciencia y la
cultura, salud, educación, la siembra y la cosecha: almacenar graneros
previsores, reorientar la técnica hacia el hombre. Hurgar más las
entrañas de la Tierra. Y todo en libertad de pueblos y naciones, en
era universal inaugurada.

—Vergüenza debe darte confesarlo, ni siquiera el esquema
terminaste. Pero la realidad te adelantó y los jefes de Estado y de
gobierno, ciento cincuenta o más comienzan a reunirse, en Naciones
Unidas con motivo de su cincuenta aniversario.

Veremos si ellos ponen como meta, organizar el Foro y, en
treinta años, ponerle el parchecito al agujero de la capa de ozono
desgarrada; terminar con las guerras de locura, prevenir a su tiempo los
temblores; formar las Internet humanitarias; inventar artefactos
bienhechores; regar por todos lados la semilla del trigo, del maíz, del
arroz y los frijoles, para saciar el hambre de millones.

—Una cosa omitiste, muchachita, a no ser que me falle la
memoria. Que el Kohoutec ya había pasado por la Tierra, dos mil años
antes, al comienzo de esta historia.

—No juegues con el tiempo y con los signos, ya bastante
penuria te atosiga. Dedícate mejor, si bien te place, a escribir sobre
flores y jardines, con el estiércol que dejan las noticias de sismos,
homicidios y masacres y ponte el saco que diseñan quienes lobos son al
dar consejos a la luz de las estrellas en llanos cultivados entre
montes, fervientes defensores de utopismos pregonados por locos
fantasiosos tocados por las musas de los vientos.

—Si musa de los vientos te acreditas, sopla donde tú quieras,
eres libre; pero dame tan sólo, te lo pido, el ritmo terciario o
cuaternario y me pongo después sombrero ajeno, te saludo con él y yo te
canto, la canción infantil de “La Paloma”. Pero ya adolescente,
crecidita, podré cantarte un canto de mi pueblo y podré repetirte
muchas veces, que tu cara es muy linda, “Eres Bonita”, que tu cara es
muy bella, muchachita.

—Si a esas vamos yo también te canto, la primera canción que
se me ocurra, porque todas me sirven para amarte; aunque podría ser la
que tú escojas, te pido aceptes esas dos estrofas, de la bella
canción : “Adolorido”.

—Desde luego que sí, con asegunes, si ese canto y esa letra tú
la extiendes a los seres que sufren y se angustian por los mil
estertores del milenio. Sólo así comprendemos el sentido de voces y
lamentos y plegarias que ofrendamos a diario los humanos, en casas,
templos, catedrales o en las calles.

—No pides imposibles, lo aseguro; santo y seña te doy pa’ que
me escuches. “Si a tu ventana llega una paloma, cuéntalo por seguro que
es mi persona; si a tu ventana llega un burro flaco, trátalo con cariño,
que es tu retrato”, como decía en sus cantos tu mamita. Si en la banda
de Ichán o de Ocumicho, Numarán, Santa Fe, Cruces de Rojas, La Cañada,
escuchas esos ritmos pegajosos, no olvides que en el bajo está la clave.
Ta, Ta Ta; Ta Ta Ta; Ta Ta Ta; Ta Ta Ta; Ta Ta Ta; Ta Ta Ta; Ta Ta Ta;
Ta Ta Ta: Sol La Si Do.

Intenta comprender –¡si un niño entiende!— la clave te la da
naturaleza, el solfeo repetido de las aves, sonsonete cansado de los
grillos, el compás sosegado de las ramas y el ritmo que te dan las
estaciones.

Pero si quieres música tremenda, que linda en las fronteras del
misterio, entonces de la dan las tempestades, los gritos repentinos de
los rayos, lamentos que resurgen de la Tierra, en huracanes, sismos,
terremotos.

—Parece que capté, no mucho, ¿sabes?, pero empiezo a entender
la tonadilla del canto aquel que te brindó Francisco. Pero también
aquella, que en noches de Luna cándidos chiquillos entonaban y te
devuelvo, con ligera versión modificada: “Una Paloma Blanca,/ que del
cielo bajó,/ con sus alas doradas y en el pico una flor. De la flor a la
lima,/ de la lima al limón/vale más mi muchacha/ que los rayos del
sol.”

—Te dejo este paquete de tarea, por hoy es todo y hasta
luego. Preparo mis maletas pa’ la ONU, a ver si alguien recibe mis
susurros en temas importantes del dinero. Temas de enfermedad y del
desarme, hambres, pestes y pandemias; cambios de clima y capas de
ozono, mirar al sol en busca de energía. Si acaso quieran pueblos y
naciones bailar al son que toco, pero que todos canten por sí mismos la
letra de su propia melodía: costumbres y culturas, tradiciones, tejidas a
lo largo de su historia.

(Publicado en GUIA, Semanario Regional Independiente, Zamora, Mich.
México, Las Ventanas, Pág. 5-B, 28/X/1995. Y en ETCETERA, semanario, La
Piedad, Mich. 16/X/1975)

Reproducido en Mi Ziquítaro, Silviano’s Web 2

GNU Copyright (c) 2007 Silviano Martínez Campos. Se autoriza la copia, la distribución y la modificación de este documento bajo los términos de la licencia de documentación libre GNU, versión 1.2 o cualquier otra que posteriormente publique la Fundación del Software Libre (Free Software Fundation); sin secciones invariables (Unvariant Sections), textos de portada (Front-Cover Texts), ni textos de contraportada (Back-Cover Texts).Se incluye una copia en inglés de esta licencia en el artículo Text of the GNU Free Documentation License.

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