Texto de la homilía del Papa Francisco, en la Vigilia Pascual 014

(Tomado de Religión Digital: http://www.periodistadigital.com/religion/vaticano/2014/04/19/francisco-es-necesario-retornar-a-galilea-para-ver-a-jesus-y-convertirnos-en-testigos-de-su-resurreccion-religion-iglesia-vaticano-vigilia-pascual.shtml )

 

Texto de la homilía de Francisco en la Vigilia Pascual

El Evangelio de la resurrección de Jesucristo comienza con el ir de las mujeres hacia el sepulcro, temprano en la mañana del día después del sábado. Se dirigen a la tumba, para honrar el cuerpo del Señor, pero la encuentran abierta y vacía. Un ángel poderoso les dice: «Vosotras no temáis» (Mt 28,5), y les manda llevar la noticia a los discípulos: «Ha resucitado de entre los muertos y va por delante de vosotros a Galilea» (v. 7). Las mujeres se marcharon a toda prisa y, durante el camino, Jesús les salió al encuentro y les dijo: «No temáis: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán» (v. 10).
Después de la muerte del Maestro, los discípulos se habían dispersado; su fe se deshizo, todo parecía que había terminado, derrumbadas las certezas, muertas las esperanzas. Pero entonces, aquel anuncio de las mujeres, aunque increíble, se presentó como un rayo de luz en la oscuridad. La noticia se difundió: Jesús ha resucitado, como había dicho… Y también el mandato de ir a Galilea; las mujeres lo habían oído por dos veces, primero del ángel, después de Jesús mismo: «Que vayan a Galilea; allí me verán».
Galilea es el lugar de la primera llamada, donde todo empezó. Volver allí, volver al lugar de la primera llamada. Jesús pasó por la orilla del lago, mientras los pescadores estaban arreglando las redes. Los llamó, y ellos lo dejaron todo y lo siguieron (cf. Mt 4,18-22). Volver a Galilea quiere decir releer todo a partir de la cruz y de la victoria. Releer todo: la predicación, los milagros, la nueva comunidad, los entusiasmos y las defecciones, hasta la traición; releer todo a partir del final, que es un nuevo comienzo, de este acto supremo de amor. También para cada uno de nosotros hay una «Galilea» en el comienzo del camino con Jesús. «Ir a Galilea» tiene un significado bonito, significa para nosotros redescubrir nuestro bautismo como fuente viva, sacar energías nuevas de la raíz de nuestra fe y de nuestra experiencia cristiana. Volver a Galilea significa sobre todo volver allí, a ese punto incandescente en que la gracia de Dios me tocó al comienzo del camino. Con esta chispa puedo encender el fuego para el hoy, para cada día, y llevar calor y luz a mis hermanos y hermanas. Con esta chispa se enciende una alegría humilde, una alegría que no ofende el dolor y la desesperación, una alegría buena y serena.
En la vida del cristiano, después del bautismo, hay también una «Galilea» más existencial: la experiencia del encuentro personal con Jesucristo, que me ha llamado a seguirlo y participar en su misión. En este sentido, volver a Galilea significa custodiar en el corazón la memoria viva de esta llamada, cuando Jesús pasó por mi camino, me miró con misericordia, me pidió de seguirlo; recuperar la memoria de aquel momento en el que sus ojos se cruzaron con los míos, el momento en que me hizo sentir que me amaba.
Hoy, en esta noche, cada uno de nosotros puede preguntarse: ¿Cuál es mi Galilea? ¿Dónde está mi Galilea? ¿La recuerdo? ¿La he olvidado? He andado por caminos y senderos que me la han hecho olvidar. Señor, ayúdame: dime cuál es mi Galilea; sabes, yo quiero volver allí para encontrarte y dejarme abrazar por tu misericordia.
El evangelio de Pascua es claro: es necesario volver allí, para ver a Jesús resucitado, y convertirse en testigos de su resurrección. No es un volver atrás, no es una nostalgia. Es volver al primer amor, para recibir el fuego que Jesús ha encendido en el mundo, y llevarlo a todos, a todos los extremos de la tierra.
«Galilea de los gentiles» (Mt 4,15; Is 8,23): horizonte del Resucitado, horizonte de la Iglesia; deseo intenso de encuentro… ¡Pongámonos en camino!

La Piedad. El Sol amanece. Silviano Martínez Campos

Originally posted on LOS ALREDEDORES:

RENACE EL SOL. EL SOL RENACE
Desde este mi hábitat (25 años poco más o menos) y desde mi situación “privilegiada” (la piedrita), contemplo frecuentemente, en aguas o secas, este panorama, que podría parecer un poco deteriorado. Es una pena, pero para mí, igual como paisaje valioso, es lo seco, o lo mojado, cerros pelones o cerros verdosos, con piedras o con rendijas por el terreno reseco.

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Camino por estos terrenos, y conste que me permito recorrerlos con el permiso del “Dueño” originario, a veces solo, en veces acompañado de mis perritas, algunas de las cuales de seguro ya están en el “cielo” de los animales, pero me queda La Peque, proletaria sin prole, pero muy buena compañera.

De seguro este panorama no es el mismo de los últimos cinco lustros, pero menos de las últimas siete décadas, desde que comencé a asomarme al mundo y por consiguiente, a La…

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A sexta-feira santa da Terra e sua ressurreição. Leonardo Boff

A sexta-feira santa da Terra e sua ressurreição

19/04/2014

O relatório do IPCC de 13 abril do corrente ano confirma efetivamente que o aquecimento da Terra é inegável e que em grande parte se deve à atividade humana, especialmente do processo industrialista das grandes corporações que emitem altos níveis de gases de efeito estufa ou das grandes queimadas como aquelas ocorridas em vários lugares no Brasil.

Tal verificação preocupante nos remete à idéia da sexta-feira santa e da páscoa. A páscoa é uma festa comum a judeus e a cristãos e encerra uma metáfora da atual situação da Terra. Etimologicamente, páscoa significa passagem da escravidão para a liberdade e da morte para a vida. E nisso reside a metáfora: o Planeta como um todo está passando por uma tenebrosa sexta-feira santa. Estamos dentro de um processo acelerado de perdas: de ar, de solos, de água, de florestas, de gelos, de oceanos, de biodiversidade e de sustentabilidade do própro sistema-Terra. Sofremos estarrecidos com os terremotos agora no norte do Chile, na Nicarágua e no México e com os tsunamis já contabilizados. Não são expressão do caos da Terra? Quando as perdas dos bens naturais vão parar? Ou para onde nos poderão levar? Podemos esperar como na Páscoa que após a sexta-feira santa de paixão e morte, irrompa a ressurreição?

Precisamos de uma olhar retrospectivo sobre a história da Terra para lançarmos alguma esperança sobre a crise atual. Antes de mais nada, cumpre reconhecer que terremotos e devastações pertencem à geologia do Planeta. Existe uma “taxa de extinção de fundo” que ocorre no processo normal da evolução. Espécies perduram por milhões e milhões de anos e depois desparecem. É como um indivíduo que nasce, vive por algum tempo e depois morre. A extinção é o destino dos indivíduos e das espécies, também da nossa. E a fé cristão não muda esta lógica. Dá-lhe apenas um sentido.

Mas além deste processo natural, existem as extinções em massa. A Terra, segundo geólogos, teria passado por 15 grandes extinções desta natureza. Duas foram especialmente graves. A primeira ocorrida há 245 milhões de anos por ocasião da ruptura de Pangéia, aquele continente único que se fragmentou dando origem aos atuais continentes. O evento foi tão devastador que teria dizimado entre 75-95% das espécies de vida então existentes especialmente marinhas. Por debaixo dos continentes continuam ativas as placas tectônicas, se chocando umas com as outras, se sobrepondo ou se afastando, movimento chamado de deriva continental, responsável pelos terremotos.

A segunda ocorreu há 65 milhões de anos, causada por alterações climáticas, subida do nivel do mar e aquecimento, eventos provocados por um asteróide de 9,6 km caido na América Central. Provocou incêndios infernais, maremotos, gases venenosos e longo obscurecimento do sol: um verdadeiro “armagedon” ecológico. Os dinossauros que por 133 milhões de anos dominavam, soberanos, sobre a Terra, desapareceram totalmente bem como 50% das espécies vivas. A Terra precisou de dez milhões de anos para se refazer totalmente. Mas permitiu uma tal biodiversidade como jamais antes na evolução. O nosso ancestral, pequenino mamífero, que vivia na copa das árvores, se alimentando de flores, tremendo de medo dos dinossauros, pôde descer à terra e fazer seu percurso que culminou no que somos hoje.

Cientistas (Ward, Ehrlich, Lovelock Swimme, Myers e outros) sustentam que está em curso um outra grande dizimação, a sexta, que se iniciou há uns 2,5 milhões de anos quando extensas geleiras começaram a cobrir parte do Planeta, alterando os climas e os níveis do mar. Ela se acelerou enormemente com o surgimento de um verdadeiro meteoro rasante que é o ser humano através de sua sistemática intervenção no sistema-Terra, particularmente nos últimos séculos. Alguns cientistas chegam até a dizer que inauguramos uma nova era geológica, ao antropoceno. Quer dizer, a força destrutiva maior atualmente é a espécie humana, capaz de provocar o apocalipse da humanidade com armas químicas, biológicas e nucleares e com os desarranjos climáticos.

Peter Ward, grande especialista em geofísica (O fim da evolução, 1977, p.268) refere que esta extinção em massa se nota claramente no Brasil no qual nos últimos 35 anos estão sendo exterminadas definitivamente quatro espécies por dia. E termina advertindo:”um gigantesco desastre ecológico nos aguarda”. Qem dos brasileiros sabe disso?

Os maiores danos para a vida se derivam dos terremotos e maremotos que destroem tudo pela frente e dizimam milhares de pessoas. E aqui humildemente temos que aceitar a Terra assim como é: ora mãe generosa, ora madrasta cruel. Ela segue mecanismos cegos de suas forças geológicas. Ela nos ignora, por isso os tsunamis e cataclismos são aterradoras. Mas nos repassa informações. Nossa missão como seres inteligentes é descodificá-las para evitar danos ou usá-las em nosso benefício. Os animais captam tais informações e antes de um tsunami fogem para lugares altos. Talvez nós outrora, sabíamos captá-las e nos defendíamos. Hoje perdemos esta capacidade. Mas para suprir nossa insuficiência, temos a ciência. Ela pode descodificar as informações que previamente a Terra nos repassa e nos sugerir estratégias de autodefesa.

Como humanos, somos aquela porção da Terra que chegou a ser cionsciente e inteligente. Mas estamos ainda na fase juvenil, com pouco acúmulo. Estamos ingressando na fase adulta, aprendendo melhor como manejar as energias da Terra. Então através de nossa ciência podremos diminuir os efeitos letais dos mecanismos internos da Terra. Vamos ainda crescer, aprender e amadurecer. Mas teremos tempo e sabedoria suficientes?

O fato é que a Terra pende da cruz. Temos que tirá-la de lá e ressuscitá-la. Só então tem sentido nos desejar: Feliz Páscoa.

NB:Esse artigo é a atualização de um semelhante publicado aqui em 2011 mas que guarda ainda atualidade.

Del festival de danza en La Piedad, 014

DEL FESTIVAL DE DANZA EN LA PIEDAD

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En la presentación de clausura, participaron conjuntos de Yurécuaro y del Centro de Bachillerato Tecnológico Industrial y de Servicios, CBTIS 84

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¿Podemos todavía sonreir en medio del miedo y la consternación de nuestros días?. Leonardo Boff

¿Podemos todavía sonreír en medio del miedo y la consternación de nuestros días?

2014-04-20

En mi ya larga trayectoria teológica, desde el principio, en los años 60 del siglo pasado, han sido siempre centrales dos temas que representan singularidades propias del cristianismo: la concepción societaria de Dios (Trinidad) y la idea de la resurrección en la muerte. Si dejásemos fuera estos dos temas, no cambiaría casi nada en el cristianismo tradicional. Éste predica fundamentalmente el monoteísmo (un solo Dios) como si fuésemos judíos o musulmanes. Y en lugar de la resurrección prefirió el tema platónico de la inmortalidad del alma. Es una pérdida lamentable, porque dejamos de profesar algo especial, diría casi exclusivo del cristianismo, cargado de jovialidad, de esperanza y de un sentido innovador del futuro.

Dios no es la soledad del uno, terror de los filósofos y de los teólogos. Es la comunión de tres Únicos, que por ser únicos no son números sino un movimiento dinámico de relaciones entre diversos igualmente eternos e infinitos, relaciones tan íntimas y entrelazadas que impide que haya tres dioses, sino un solo Dios-amor-comunión-inter-retro-comunicación. El nuestro es un monoteísmo trinitario y no atrinitario o pre-trinitario. En esto nos distinguimos de los judíos y de los musulmanes y de otras tradiciones monoteístas.

Decir que Dios es relación y comunión de amor infinito y que de Él se derivan todas las cosas es permitirnos entender lo que la física cuántica viene afirmando desde hace ya casi un siglo: todo en el universo es relación, entrelazamiento de todos con todos, formando una red intrincadísima de conexiones que forman el único y mismo universo. Él es, efectivamente, a imagen y semejanza del Creador, fuente de interrelaciones infinitas entre diversos, que vienen bajo la representación de Padre, Hijo y Espíritu Santo. Esta concepción quita el fundamento a todo y cualquier centralismo, monarquismo, autoritarismo y patriarcalismo, que encontraba en un único Dios y único Señor su justificación, como algunos teólogos críticos ya observaron. El Dios societario, proporciona, sin embargo, el soporte metafísico a todo tipo de socialidad, de participación y de democracia.

Pero como los predicadores por lo general no se refieren a la Trinidad, sino solo a Dios (solitario y único) se pierde una fuente de crítica, de creatividad y de transformaciones sociales en la línea de la democracia y de la participación abierta y sin fin.

Algo semejante ocurre con el tema de la resurrección. Esta constituye el núcleo central del cristianismo, su point d’honneur. Lo que volvió a reunir a la comunidad de los apóstoles después de la ejecución de Jesús de Nazaret en la cruz (todos estaban regresando, desesperanzados, a sus casas) fue el testimonio de las mujeres diciendo: “ese Jesús que fue muerto y sepultado vive y ha resucitado”. La resurrección no es una especie de reanimación de un cadáver como el de Lázaro que luego acabó muriendo como todos, sino la revelación del novissimus Adam en la feliz expresión de Pablo: la irrupción del Adán definitivo, del ser humano nuevo, como si el fin bueno de todo el proceso de la antropogénesis y de la cosmogénesis se hubiese anticipado. Por lo tanto, una revolución en la evolución.

El cristianismo de los primeros tiempos vivía de esta fe en la resurrección resumida por san Pablo al decir: “Si Cristo no resucitó nuestra predicación es vacía y vana nuestra fe” (1Cor 15,14). En tal caso sería mejor pensar: “comamos y bebamos porque mañana moriremos” (15,22). Pero si Jesús resucitó, todo cambia. Nosotros también vamos a resucitar, pues él es el primero entre muchos hermanos y hermanas, “las primicias de los que murieron” (1Cor 15,20). En otras palabras, y esto vale contra todos los que nos dicen que somos seres-para-la-muerte, nosotros morimos, sí, pero morimos para resucitar, para dar un salto hacia el término de la evolución y anticiparla en el aquí y el ahora de nuestra temporalidad.

No conozco ningún mensaje más esperanzador que este. Los cristianos deberían anunciarlo y vivirlo en todas partes. Pero lo dejan de lado y se quedan con el anuncio platónico de la inmortalidad del alma. Otros, como ya observaba irónicamente Nietzsche, son tristes y taciturnos como si no hubiese redención ni resurrección. El Papa Francisco dice que son “cristianos de cuaresma sin resurrección”, con “cara de funeral”, tan tristes que parece que van a su propio entierro.

Cuando alguien muere, llega para esa persona el fin del mundo. En ese momento, en la muerte, es cuando sucede la resurrección: inaugura el tiempo sin tiempo, la eternidad bienaventurada.

En una época como la nuestra, de desagregación general de las relaciones sociales y de amenazas de devastación de la vida en sus diferentes formas y hasta con peligro de desaparición de nuestra especie humana, vale la pena apostar por estas dos iluminaciones: Que Dios es comunión de tres que son relación de amor, y que la vida no está destinada a la muerte personal y colectiva sino a más vida todavía. Los cristianos apuntan hacia una anticipación de esta apuesta: el Crucificado que fue Transfigurado. Guarda las señales de su paso doloroso entre nosotros, las marcas de la tortura y de la crucifixión, pero, ahora transfigurado, las potencialidades de lo humano escondidas en él se realizaron plenamente. Por eso lo anunciamos como el ser nuevo entre nosotros.

La Pascua no quiere celebrar otra cosa que está feliz realidad que nos concede sonreír y mirar el futuro sin miedo ni pesimismo

♫ US3 – Cantaloop (Flip Fantasia)

♫ US3 – Cantaloop (Flip Fantasia).

vía ♫ US3 – Cantaloop (Flip Fantasia).

Podemos sorrir ainda em meio ao espanto e ao medo?

Originally posted on Leonardo Boff:

Na minha já longa trajetória teológica dois temas me foram desde o início sempre centrais, a partir dos anos 60 do século passado porque representam singularidades próprias do cristianismo: a concepção societária de Deus (Trindade) e a idéia da ressurreição na morte. Se deixássemos fora estes dois temas, não mudaria quase nada no cristianismo tradicional. Ele prega fundamentalmente o monoteismo (um só Deus) como se fôssemos judeus ou muçulmanos. No lugar da ressurreição preferiu o tema platônico da imortalidade da alma. É uma lastimável perda porque deixamos de professar algo singular, diria, quase exclusivo do cristianismo, carregado de jovialidade, de esperança e de um sentido inovador do futuro.

Deus não é a solidão do uno, terror dos filósofos e dos teólogos. Ele é a comunhão dos três Únicos que, por serem únicos, não são números mas um movimento dinâmico de relações entre diversos igualmente eternos e infinitos, relações tão íntimas…

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